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Las Manos de Mama

Las Manos de Mama

Cada arruga contenía una historia

por Brochi Rossen

Yo siempre supe que mi abuela era especial. Mama, como la llamábamos de cariño, era una persona única. Su cara brillaba con una calidez que era casi de otro mundo.

Mama era una gemela, nacida en Emden, Alemania en 1904 en una cálida familia europea, ella era la onceava de 12 niños. De niña, se decía que Mama era valiente y llena de vida. Ella nos contaba muchas historias de las travesuras que le hacia a sus hermanos y hermanas mayores, todas de buen gusto. Mama se casó con mi abuelo y juntos hicieron frente a los horrores de la Alemania Nazi, arreglándose para sobrevivir como muchos otros, únicamente por milagros.

Mama estaba llena de la fuerza, la dignidad y el coraje que provienen de triunfar sobre la adversidad. Ella era intrépida y audaz. Una vez, cuando un ladrón la siguió hacia su apartamento en Manhattan tirándola al suelo y demandando dinero, ella se levantó inmediatamente, le dio algo de dinero, le ofreció algo de tomar y lo condujo hacia fuera.

A pesar de los muchos desafíos que Mama soportó, su alegría de vivir brilló a lo largo de su vida. Su cartera siempre estaba llena de dulces para distribuir a los niños y siempre podías encontrar una cálida sonrisa en su cara. Mama vivió hasta los 101 años y sus ojos titilaron con el brillo y la energía de un niño.

Incluso de niña yo podía sentir que Mama era una mujer de gran carácter y fortaleza, pero lo que más me llamaba la atención sobre Mama eran sus manos. Cuando yo era pequeña, tomaba las manos de Mama y me maravillaba con los muchos pliegues y arrugas. A menudo me preguntaba cómo las manos de mi abuela llegaron a tener tantas arrugas. Esas arrugadas manos brillaban; eran tibias y suaves y abrazaban a mi mano con amor.

A medida que crecí y llegué a saber más sobre la vida de Mama, comencé a entender más acerca de cada pliegue en sus manos. Descubrí que cada arruga contenía una historia, cada pliegue una lección. Estaban los pliegues que contaban sobre amasar la jalá y encender con amor las santas velas de Shabat cada viernes por la noche.

Había arrugas que hablaban del milagro de finalmente acariciar a sus propios bebés después de 15 años de matrimonio.

Estaban también los pliegues que testificaban acerca del desgarrador arresto de mi abuela a manos de los Nazis y su experiencia en el infame campo de concentración de Gurs en Francia.

Estaban las arrugas que contaban acerca de muchas cartas de amor que Mama escribió a su esposo mientras él estaba encarcelado en un campo de trabajo forzado en la Francia ocupada por los Nazis, preciadas cartas que aún tenemos en nuestro poder.

Los pliegues que se formaron de revolver con amor enormes ollas de comida para huérfanos judíos en los hogares para niños administrados por los franceses. Y los pliegues que guardaron el dolor de consolar y abrazar a esos pequeños niños privados de padres en la Francia ocupada por los Nazis.

Estaban las arrugas que hablaban del milagro de finalmente abrazar y acariciar a sus propios bebés, por los que mi abuela esperó tanto, después de 15 años de matrimonio. Por supuesto que habían arrugas que contaban acerca del miedo y del coraje de proteger y esconder a sus preciosos bebés del acecho de los malvados Nazis. Finalmente, los pliegues también hablaban de abrazar a cada uno de sus amados nietos y bisnietos.

Cada uno de los muchos pliegues en las manos de Mama guardaba una historia profunda. Algunos hablaban de amor y risa, otros de dolor, lucha, dolor, supervivencia y esperanza. Las manos de Mama tenían un suave resplandor, eran arrugadas y hermosas. Ellas brillaban con una luz que proviene del trabajo duro, perseverancia y fe inquebrantable.

La última vez que tomé las preciadas manos de Mama fue justo antes de que ella diera su último respiro a los 101 años de edad. Las manos de Mama todavía brillaban y aún puedo sentir la calidez que transmitían. Aquellas manos, con sus muchas arrugas, cada una relatando una historia diferente, transmitían más que tan sólo calidez. Aquellas manos tomando las mías transmitían la eterna llama de fe de la santa alma de mi abuela a las generaciones futuras.

Publicado: 4/9/2011


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