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¿Por qué no a mí?

¿Por qué no a mí?

Sí, yo también he esperado mucho para poder sostener en mis brazos un hijo propio, pero eso definitivamente no ha sido la voluntad de Dios

por Jaya Lowy

Había una vez un niño de ocho años de edad que estaba luchando contra el cáncer. Después de un agotador día de tratamiento, su madre, cansada y devastada por lo que estaba siendo sometido su pequeño hijo, se dirigió hacia él y le pidió perdón. Ella dijo, "Lamento mucho por lo que estas pasando, desearía mucho que no tuvieras que pasar por esto. Le rezo a Dios todo el tiempo, pero a veces lo único que puedo hacer es preguntarle, "¿Por qué a mí?".

Y su pequeño hijo, con su gran sabiduría, la miró y le respondió, "Y Dios parte las nubes, te mira y dice, ¿Por qué no a ti?"

Como mujer casada que soy, y que todavía no ha sido bendecida con hijos propios, cuando veo la palabra "infertilidad", le doy un segundo vistazo. Muchos de los artículos que he leído acerca de mujeres que están en tratamiento contra la infertilidad, no ofrecen mucha esperanza ni ánimo, ni tampoco se enfocan en como ser feliz con lo que uno tiene. Entre líneas en los artículos, frecuentemente escucho la actitud de "¿Por qué a mí?" y yo siento unas ganas de responderle "¿Por qué no a mí?". Dios tiene un plan definitivo para cuando llegue el momento en que pueda tener hijos, así mismo también tenía un plan para cuando yo nací, quienes fueron mis padres y con quien me casé. ¿Quién soy yo para desafiar a Dios y preguntarle "¿Por qué a mí?"?.

Sí, yo también he esperado mucho para poder sostener en mis brazos un hijo propio, pero eso definitivamente no ha sido la voluntad de Dios, así que por mientras sostendré los hijos de mis amigas. Sí, yo también he visto a mi cuñado y a mi cuñada, que se casaron dos semanas antes que yo, tener su segundo hijo, y a mi hermana y mi cuñado, que se casaron 6 meses después que yo, tener su primer hijo. De hecho, yo soy la única de mis hermanos casados (y somos siete) que no ha tenido hijos desde el día del matrimonio. Todas mis amigas tienen por lo menos un hijo, la mayoría tienen dos y mi mejor amiga está embarazada de su cuarto.

¿Cómo puedo manejar toda esta situación? El dolor es innegable, pero ¿cómo puedo mantenerme en contexto y mantener una perspectiva positiva?

¿Cómo me ayudaría a mí evitar tener celos de las mujeres que están embarazadas o que tienen hijos chicos?

La primera cosa que podemos hacer, es agradecer a Dios por todo lo que nuestras amigas y familiares si tienen. El que Dios les haya dado hijos a ellos no afecta de ninguna forma su habilidad de darme hijos a mí, entonces ¿por qué debería yo envidiar los hermosos hijos que tienen ellas? ¿Cómo me ayudaría a mí evitar tener celos de las mujeres que están embarazadas o que tienen hijos chicos? Más allá de que he limitado seriamente mi círculo social, relacionándome solamente con mujeres de la edad de mi madre, también he destruido muchas relaciones que me he demorado años en poder construir y he perdido muchas otras más.

La segunda cosa que podemos hacer es recordar que nosotras no hemos hecho nada para ponernos en esta situación. Esta es la voluntad de Dios y no hay necesidad de culparme a mi misma (ni a nadie), ni tampoco tenerme lástima. Al tenerme lástima, solo voy a causar que otros me tengan lástima. Nada se va a resolver ni tampoco nada se va a ganar.

Luego podemos ir y agradecerle a Dios por Todo lo que nos ha dado. Estoy felizmente casada con un hombre increíble y comprensivo. Tengo un buen trabajo y disfruto levantarme todas las mañanas para ir a trabajar. Tengo una familia a la cual soy muy cercana y amigos que valoro mucho. Hay tantas cosas que podría hacer con mi vida hasta el momento que Dios decida que puedo tener hijos. Tengo hermosos sobrinos y sobrinas, con los cuales me encanta hablar, pasar tiempo con ellos y comprarles cosas.

Cuando yo era una adolescente, leí un libro excelente llamado Full Circle, escrito bajo un pseudónimo, por una mujer religiosa que detallaba su experiencia con la infertilidad. Como hija única y sobreviviente del Holocausto, su único sueño era tener tantos hijos posibles como para poder reemplazar los hermanos de su madre que fueron brutalmente asesinados en la guerra.

Después de ser feliz y popular, ella empezó rápidamente a entristecer a medida que pasaban los años y tenía que luchar contra la infertilidad. Ella empezó a distanciarse de su familia, de sus amigos, de sus vecinos y de cualquiera en el que viera representada la maternidad. Ella empezó a escuchar indirectas en todas las preguntas de las personas, por más simples que fueran, siempre estaba segura que estaban de alguna manera haciendo referencia al hecho de que ella no tenía hijos.

Ella tuvo mucha suerte al tener un esposo tan comprensivo, que suave y delicadamente le resalto que ella no sólo se estaba torturando a si misma, sino también a él y a todas las personas que se encontraban a su alrededor. Él le dio ánimo, y juntos decidieron ir donde un Rabino y le preguntaron cómo manejar la situación, y también le pidieron una bendición para que pudieran tener hijos. Este Rabino les dio un consejo: ella debía encontrar alguna forma de involucrarse en ayudar a otras personas con sus hijos, y a través de eso, con la ayuda de Dios, ella merecería tener sus propios hijos.

Considerando el dolor que sentía al mirar a los hijos de las otras personas, esto no era un consejo tan fácil de seguir. Eventualmente, se le ocurrió un plan. Ella ofreció su servicio a madres que necesitaban que alguien cuide de sus hijos mientras ellas iban al hospital a tener su próximo bebé.

La primera vez que estuvo a cargo de los hijos de otra mujer, sintió un intenso dolor; su dolor fue muy real. Mientras pasaba más tiempo con los hijos de otras mujeres, ese dolor disminuía cada vez más. Si bien no había descubierto que estaba embarazada hasta dos semanas después, si se había sentido contenta y relajada por primera vez en muchos años. Mientras que Dios no le había dado la bendición de disfrutar de sus propios hijos, ella se dio cuenta de que no había necesidad de restringirse en disfrutar los hijos de las otras personas.

Después de unos cuantos años, ella fue bendecida con otro hijo.

Tratar con la infertilidad le dio la opción de hundirse en su propia lástima y depresión, pero también le dio la oportunidad para poder levantarse de esa situación.

Si bien, nunca pensé que estaría en la misma situación que esa mujer, lloré cuando leí su historia. Tratar con la infertilidad le dio la opción de hundirse en su propia lástima y depresión, pero también le dio la oportunidad para poder levantarse de esa situación.

Eso significa, ver a nuestros familiares y amigos, y darnos cuenta que ellos no siempre van a tener las palabras correctas para decirnos, y que ellos no están tratando de hacernos sentir mal en ningún aspecto. Ellos desean que nuestros sueños se hagan realidad, casi tan fuerte como nosotros mismos lo deseamos. Cuando la tía de mi esposo me dijo, "Por favor Dios, pronto para ti", después de decirme que su hija acababa de tener su primera hija después de once meses de casados, me di cuenta que ella lo decía sinceramente, con muy buenas intenciones, y dijo, "Amen". Cuando ella me comparó con las Matriarcas Sara, Rivka y Rajel, y dijo que Dios solo estaba esperando por sus plegarias, aprecie mucho sus pensamientos y sentí como si las Matriarcas estuvieran acompañándome en esta parte del camino, y uniendo sus rezos junto con los míos.

Tenemos que entender que cuando un extraño nos pregunta si tenemos hijos, su intención no es herir nuestros sentimientos intencionalmente. Ellos están simplemente iniciando una conversación. Ellos podían haberle preguntado a alguien donde trabaja su esposo, sin saber que su esposo ha estado buscando trabajo por años sin haberlo conseguido. Ellos podían haberle preguntado a alguien, a que colegio van sus hijos, sin saber, que tres semanas atrás ellos perdieron un hijo. Un comentario que puede ser doloroso para mi, puede ser de consuelo para otra persona que está pasando por la misma situación. Las personas generalmente tratan de hacer lo mejor posible, no los culpemos por el hecho de no saber precisamente que nos haría sentir mejor.

Trata de ver el bien en la gente que te rodea, no solo por ellos si no por ti. Estarías feliz si te dieras cuenta que la gente que te rodea es buena y afectuosa, y que son solamente tus sentimientos subjetivos los que te hacen percibirlos como personas hostiles.

Una pareja, cariñosamente conocidos por muchos como el tío Roberto y la tía Ruth Krane, nunca fueron bendecidos con hijos propios. El tío Roberto vivió hasta la edad de 90 años, y la tía Ruth vivió hasta los 99, y estuvieron felizmente casados por aproximadamente 70 años. La mayoría de las parejas no pueden imaginarse vivir los próximos diez años sin tener un hijo propio; tener que pensar no tener hijos por 70 años podría volverlos locos.

Pero nadie nunca escuchó una palabra de queja ni del tío Roberto ni de la tía Ruth. Incluso que Dios ya había decretado que ellos no iban a ser bendecidos con hijos propios, ellos vivieron sus vidas con tanta gratitud y amabilidad, que hay cientos de personas, tanto adultos como niños, que los trataban como si fueran sus propios padres.

La única vez que alguien escucho a la tía Ruth discutir sobre su infertilidad, fue cuando ella dijo que Dios no le dio hijos propios para que así pudiera cuidar de los hijos de otros. En vez de pensar ¿Por qué a mí?, ella pensó, ¿Por qué no a mi? Ella y el tío Roberto llevaron este mensaje a su corazón y ayudaron a muchas personas, emocionalmente, espiritualmente, y hasta financieramente, llenaron sus días ayudando a otros. Cada bebé que nacía, recibía una manta tejida por la propia tía Ruth. Cada niño que visitaba su casa recibía una bolsa de galletas preparadas en casa por la tía Ruth. Antes de irnos a campamento, el tío Roberto nos daba $20 o $50 para poder gastar.

Mientras que los niños crecían, convirtiéndose en adultos, tío Roberto y tía Ruth atendían a todas sus celebraciones. Su casa estaba llena de álbumes con las fotos de los hijos de las otras personas. Al dar tan desinteresadamente por tantos años, ellos tenían más hijos de los que hubieran podido físicamente dar a luz, y en sus años de vejez, estos "hijos" eran los que se hacían cargo de ellos.

Toma tiempo e inviértelo en estar con niños, sean tus sobrinos, tus primos o los hijos de amigas. Demuéstrate a ti y a todos los que están a tu alrededor que puedes continuar amando niños hasta que Dios esté listo para bendecirte con los tuyos propios. Hazte amiga de una familia pobre y dales a sus hijos el amor, la alegría y el confort que te gustaría darles a tus propios hijos. Traerás felicidad a niños que están presentes en tu vida, y tendrás niños trayendo felicidad a tu vida.

Publicado: 28/4/2008


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