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Semillas

Semillas

Cuando mis hijos plantaron árboles de etrog, no sabíamos que descubriríamos el milagro —y la precariedad— de la vida.

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Unos días después de Sucot cuatro de nuestros hijos decidieron partir sus etroguim y plantar las semillas. Mi hija explicó que si plantaba 20 semillas y las 20 se convertían en árboles ella tendría un huerto de etroguim para cuando tuviera 30 años.

Naftali, su hermano mayor, explicó que si ella plantaba 20 semillas quizás tres o cuatro crecerían y luego solamente una o dos llegarían a ser árboles.

Poco sabían ellos que cultivar árboles de etrog no solamente es difícil, ¡es casi imposible! Menos de un 5% de las semillas germinan y menos del 10% de esas semillas se convierten en árboles.

Pasamos esa tarde cortando cuidadosamente a través de la gruesa cáscara de los etroguim para encontrar una multitud de semillas y las pusimos cuidadosamente en cuatro vasos llenos de tierra, uno por cada niño involucrado en este experimento científico.

“¿Qué necesitan estas semillas para crecer?” pregunté.

“Tierra, sol y lluvia”, respondió mi hijo mayor.

Mi hijo de 5 años, Efraim, agregó “Dios”, y explicó que si no le pedimos a Hashem que nos ayude, las semillas nunca crecerán.

Devorah respondió exactamente como yo esperaba de ella, “Las semillas necesitan amor. Debemos decirles cuán maravillosas son y cuán emocionados estamos de que crezcan”.

Los niños se burlaron de su respuesta hasta que ella corrió hacia mí llorando. Pero a la mañana siguiente, entré a la cocina y encontré a los cuatro niños diciéndoles palabras de afecto a los vasos de tierra con las semillas.

Los días se transformaron en semanas y meses, y nada creció. Efraim siguió rezando, Naftali me preguntaba a diario si había recordado regarlas, y de vez en cuando Devorah le decía a sus semillas que ella esperaba que se convirtieran en plantas hermosas.

Durante este tiempo me enteré que yo estaba embarazada.

Ya sea el primer embarazo o el décimo, el minuto en que la prueba es positiva sientes un profundo enamoramiento. Te sientes enamorada del potencial de lo que será dentro de nueve meses, esperando con gran anticipación el momento en que finalmente conocerás a tu hijo.

Después de cinco hermosos hijos, me sentía bastante confiada de que este embarazo sería como todos los demás. Es cierto, yo era mayor, pero tenía confianza de que la experiencia vencería a la edad.

Hice mi primera cita cuando tenía alrededor de siete semanas de embarazo y estaba satisfecha de que todos mis exámenes de sangre indicaron que las cosas estaban progresando maravillosamente.

Entonces fui a mi ultrasonido. La técnica no tuvo que decirme que algo estaba mal. Yo supe inmediatamente. El embrión estaba formado pero no habían latidos. Una ominosa señal a las siete semanas de embarazo.

Ella recomendó regresar en una semana para repetir el ultrasonido y si no se identificaba un latido, programar un D y C.

Esa semana seguí el consejo de Efraim sobre las semillas de etrog. Le recé a Dios. No recé necesariamente para que el embrión desarrollara un latido. Sino que recé para confiar en Dios, sin importar lo que Él tuviera planeado para nosotros.

A menudo pensamos que sabemos qué es lo mejor para nosotros, cuando en realidad no tenemos ni idea. Y un aborto temprano en la séptima semana es mucho más fácil de manejar comparado con tener un bebé que nace sin vida después de nueve meses de embarazo.

Durante esa larga semana de espera intenté mantenerme en calma, conmigo misma, con mis hijos y mi esposo. Me aseguraba continuamente que Dios me amaba y que Él solamente hacía lo que es mejor para nosotros. Él es omnisciente y todopoderoso. Si nosotros solamente confiásemos en Él como un niño pequeño confía en sus padres, nuestras vidas serían mucho más fáciles.

Cuando terminó la semana de espera para mi siguiente ultrasonido, fui a regar los vasos con las semillas de etrog antes de salir para la cita. No podía creer lo que vieron mis ojos. Tres de los vasos se veían como se habían visto durante los últimos tres meses, llenos de tierra y nada mas. Pero el cuarto vaso, el de Efraim, tenía cuatro pequeños brotes emergiendo de la tierra, llenos de vida y potencial.

La semana de espera me había acercado más a Dios, ahora entendía que sin importar cuál fuera el resultado, sería para bien. Milagrosamente el resultado reveló un hermoso y fuerte latido. Parece que el árbol de etrog no es la única forma de vida que se desarrollará este año.

20/10/2013

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