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El secreto de Einstein para la felicidad

El secreto de Einstein para la felicidad

La fascinante historia de la breve nota que se vendió por 1,56 millones de dólares.

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La semana pasada en una subasta en Jerusalem, un comprador anónimo adquirió por 1,56 millones de dólares una breve nota escrita por Albert Einstein, un récord para la venta de un documento en Israel. La historia detrás de esta nota respecto a la perspectiva de Einstein sobre la forma de lograr la verdadera felicidad, es fascinante.

Era el año 1922, luego de que Einstein culminara su primer trabajo sobre la teoría de campo unificado y se acababa de enterar que había ganado el Premio Nobel de física de 1921. En vez de ir a Estocolmo para la acostumbrada ceremonia de entrega de los premios, Einstein se sintió obligado a cumplir con la obligación que ya había asumido de dar charlas en Japón, donde se albergó en el famoso Hotel Imperial de Tokio. Durante su visita, un emisario fue a su habitación a entregarle un paquete y Einstein, sintiéndose avergonzado por no tener dinero japonés para darle una propina, decidió a cambio escribirle una nota en una hoja con el membrete del hotel. Einstein le pidió al hombre que lo aceptara en vez de dinero y le dijo: “Guárdelo, quizás algún día valga algo”. Einstein agregó que eso debía servirle como un buen consejo para el resto de su vida.

Einstein escogió escribir una línea respecto al secreto de la felicidad:

“Una vida calma y modesta trae más felicidad que la búsqueda del éxito que implica un permanente descontento”.

Al parecer, quien vendió la semana pasada la nota del Hotel Imperial es un nieto del hermano de aquél emisario, que vive en Alemania. Un portavoz de la casa de subastas, Meni Jadad, dijo al The New York Times que habían pensado que la nota se vendería por una suma entre 5000 y 8000 dólares. Cuando se anunció la venta, la sala estalló en aplausos.

Por supuesto que el valor de la nota se debe a su singular autor. Pero seríamos culpables de caer en una grave falta de respeto hacia la mente de un gigante intelectual si no otorgamos también un profundo valor al sentimiento, así como a la fuente de esta importantísima instrucción para la vida. Tampoco debemos ignorar el obvio eco que el consejo de Einstein tiene dentro del pensamiento judío y las enseñanzas talmúdicas; ideas que claramente pueden haber resonado en él, de forma consciente o inconsciente, a través de su propia herencia.

Dicen que la felicidad es un asunto muy serio. En Pirkei Avot encontramos la enseñanza de Rabán Gamliel: “Quien incrementa sus bienes, incrementa sus preocupaciones” (Avot 2:7). Asimismo Ben Zoma dijo: “¿Quién es la persona feliz? La que está satisfecha con su porción” (Avot 4:1). Una búsqueda incansable del éxito enraizada en un estilo de vida inmodesto, garantiza los resultados contrarios a este objetivo. Einstein lo dijo de una forma, los Sabios lo expresaron de otra manera. Quizás el mejor resumen del pensamiento judío es comprender que el éxito es obtener aquello que se desea, pero la felicidad es querer lo que se obtiene.

Todos conocemos demasiado bien el vicioso ciclo de vida. Sobre todo, queremos ser felices. Nuestra cultura constantemente nos dice que la manera de llegar a ser felices es tener más dinero. Entonces podremos comprar más cosas, que nos darán más placer. Cuando no es así, nos dicen que en realidad necesitamos más dinero para comprar cosas mejores y más grandes, y por eso tenemos que trabajar más y tener más estrés, porque entonces realmente seremos felices. Y mientras vemos cada vez menos a nuestra familia y acumulamos más y más bienes, terminamos descubriendo que no fue sólo Rabán Gamliel quién lo entendió, sino que también Benjamín Franklin llegó a la conclusión de que “el que multiplica sus riquezas multiplica sus lágrimas”.

En la tradición judía se acostumbra a decir que en la vida tenemos tres grandes amigos que cuando fallecemos nos abandonan exactamente en el orden inverso que los tratamos. Apenas nuestra alma deja al cuerpo, también toda nuestra riqueza desaparece. Los parientes son un poco más leales. Ellos nos acompañan hasta el cementerio, nuestro lugar de descanso final. También ellos nos dejan para seguir adelante con sus vidas. Solamente nuestro nombre, los buenos actos que hicimos para los demás y la influencia que pudimos haber tenido sobre ellos sigue latiendo y nos ofrece una porción de inmortalidad.

Por lo tanto es extraño que pasemos la mayor parte de nuestras vidas corriendo detrás del dinero, pasando mucho menos tiempo del que deberíamos con nuestra familia y dedicando tan pocos esfuerzos a lograr aquellas cosas por las cuales seremos recordados…

Quizás lograr una fortuna no es tan grandioso como se piensa. Tal vez podemos identificarnos con las profundas palabras del autor contemporáneo Emile Henry Gauvreay: “Yo era parte de esa extraña raza de personas que fueron descriptas adecuadamente como aquellos que se pasan la vida haciendo cosas que detestan para ganar dinero que no desean, para poder comprar cosas que no necesitan, para impresionar a personas que les desagradan”.

Hablando de forma relativa, el dinero y los bienes en verdad no son tan valiosos o tan importantes como “una vida calma y modesta”; una vida no juzgada en función de las posesiones acumuladas sino por el respetable legado ganado. Este entendimiento, esta capacidad de percibir la felicidad en una perspectiva adecuada, es una ilustración de una teoría de la relatividad compartida tanto por la Torá como por Albert Einstein. Y vale mucho más que muchos millones de dólares. 

26/10/2017

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