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Huracán Sandy

Huracán Sandy

Por qué la “llave de la lluvia” sigue en manos de Dios.

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El día de hoy fue un gran recordatorio.

Aquí en Nueva York tanto como en la mayoría del noreste de los Estados Unidos el huracán Sandy, con toda su furia, canceló nuestras escuelas, cerró nuestros puentes, túneles y sistemas de transporte, cerró el mercado de acciones y perturbó nuestras vidas en innumerables formas que nunca imaginamos posibles.

Si nos hubieran preguntado a muchos de nosotros qué íbamos a hacer hoy “quedarse en casa” hubiera sido una respuesta inconcebible. Después de todo teníamos tantos planes que simplemente no podían alterarse. Y sin embargo, repentinamente, aprendimos la verdad del dicho “el hombre propone y Dios dispone”.

Hay un extraordinario pasaje en el Talmud que nos da una comprensión única de las leyes de la naturaleza. La ciencia nos ha convencido de que las leyes de la naturaleza son inmutables, constantes y altamente predecibles. Podemos saber con certeza exactamente cuándo saldrá el sol y cuándo se pondrá en cada porción del globo, no solamente para hoy y para mañana sino para años por venir. Dios quería que nosotros pudiésemos regular nuestras vidas y nos dotó con el intelecto para hacer los cómputos necesarios para calcular la mayoría de las leyes que gobiernan nuestra realidad.

Pero hay tres cosas que Dios escogió mantener escondidas de nosotros. Estas estaban destinadas a seguir siendo los grandes misterios de la humanidad.

"Rabí Iojanan enseñó, hay tres llaves en las manos de Dios que no son confiadas a un agente. Ellas son: la llave de la lluvia, la llave de la concepción, y la llave de la resucitación de los muertos".

Dios quería que el mundo tuviera algunos recordatorios de los límites de nuestro propio poder.

¿Por qué es que podemos partir el átomo y viajar a la luna pero aún el meteorólogo se equivoca con casi la misma frecuencia que el resultado del lanzamiento de una moneda? Porque Dios quería que el mundo tuviera algunos recordatorios de los límites de nuestro propio poder.

Tres veces al día en nuestros rezos alabamos a Dios reconociendo que Él es el "responsable por la vida", "resucita a los muertos" y "hace el viento soplar y la lluvia caer". Por más que intentemos controlar estos eventos, nuestros esfuerzos son eclipsados por la voluntad Divina que invariablemente toma la decisión final.

Es una verdad que debemos recordar cuando queremos tener un hijo y recurrimos a doctores de fertilidad. Su conocimiento es vital – pero está lejos de ser determinante. Es Dios quien decidió mantener el eterno control sobre la llave de la concepción.

Es un hecho que los médicos han sido encomendados con la misión de sanar. Pero si sus esfuerzos tendrán éxito y el paciente vivirá o morirá es la segunda llave retenida por Dios.

Y extraordinariamente, la lluvia – el regalo de los cielos que es necesario para la supervivencia humana pero que puede volverse mortal cuando es concedida en medida excesiva – es la tercera llave que Dios escogió mantener para constante supervisión personal en vez de convertirla en una predecible ley de la naturaleza.

Mientras estamos en casa, inesperadamente, debido al huracán Sandy, deberíamos reflexionar sobre el mensaje Divino de una tormenta que tiene el poder de hacernos cambiar planes que pensamos que eran inalterables.

¿Adónde Vas?

Hay un cuento judío clásico sobre un rabino en Rusia, quien visitaba una sinagoga cerca de la plaza del pueblo cada mañana. No pasaba un día en el que él rompiera su rutina. Un policía antisemita que odiaba al rabino desesperadamente buscaba una razón para justificar aprisionarlo.

Una mañana, mientras el rabino se acercaba a la plaza del pueblo, el policía se acercó a él y le preguntó, "Señor, ¿puedo saber adónde va?".

El rabino respondió, "No lo sé".

El policía se agarró de esto y dijo, "Anciano, usted me está mintiendo. Yo sé que usted va a la sinagoga de allí. Lo he visto cada día. Voy a arrestarlo por mentirle a un miembro de la fuerza policial".

El policía llevó al rabino a la estación de policía más cercana y lo puso en una de las celdas. Mientras estaba cerrando la puerta, el policía dijo con orgullo, "Ahora usted, anciano tonto, aprenderá a no mentirme nunca más".

El rabino respondió, "Hijo mío, no tengo idea de por qué tú dices que yo te mentí. Te dije que no sabía adonde iba. Y de verdad no lo sabía – yo pensaba que iba a la sinagoga, pero, como puedes ver, resultó que iba a la cárcel".

Es más que una historia; es una parábola de nuestras vidas. Creemos que sabemos hacia donde vamos, pero en realidad, nunca podemos estar seguros. Y cada tanto necesitamos ser recordados: Dios maneja el mundo. Dios decide si nuestro calendario de citas se mantendrá. Dios tiene el poder de transformar nuestras vidas repentinamente.

Y quizás, luego de percibir cuán perjudiciales pueden ser las tormentas, también seremos capaces de apreciar en mayor medida cuán agradecidos debemos estar con Dios cuando la naturaleza regresa a sus leyes regulares que normalmente nos garantizan tanta bendición.

Publicado: 31/10/2012


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