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La Fábula de Lance Armstrong

La Fábula de Lance Armstrong

Finalmente la falsedad se autodestruye.

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La confesión de Lance Armstrong es un shock para nuestro sistema de valores. El siete veces campeón del prestigioso "Tour de France", y uno de los atletas más admirados de su era, ha estado todo el tiempo utilizando drogas ilegales para mejorar el rendimiento en el más sofisticado plan de doping en la historia del deporte, y al mismo tiempo, ha estado proclamando indignadamente su honestidad e integridad.

¿Cómo puede un ser humano hacer tal cosa? No es tanto el doping – que ya es algo suficientemente malo – lo que nos hirió; fueron las constantes, apasionadas declaraciones de agravada inocencia que nos traicionaron y nos hicieron quedar como tontos.

Fue una forma de violencia moral cometida en contra millones de personas que confiaron en él. Aunque él no nos atacó con armas y balas, fue no obstante traumático, porque éste fue un asalto espiritual a nuestra habilidad de confiar en otros seres humanos. Él le dio un nuevo significado al concepto de hipocresía, y así insultó nuestro sentido innato de verdad e integridad.

Una sociedad no puede existir sin este sentido de confianza en el otro, sin ciertos estándares de verdad. Ninguna cantidad de legislación puede ayudar contra tal arremetida. Noten bien las palabras de los Sabios que dicen que uno de los tres pilares sobre los cuales el mundo se sostiene es el pilar del emet, la verdad (Avot 1:18).

Una violación como esta nos obliga a preguntarnos: ¿Quiénes somos realmente? ¿Somos inherentemente malvados, o somos ángeles? La tradición judía dice que somos una amalgama de ambos. Podemos escalar tan alto como los cielos o podemos hundirnos más abajo que las bestias. Podemos escoger la vida y la satisfacción para nosotros y para otros, o podemos escoger la miseria y la muerte virtual para nosotros y para aquellos a nuestro alrededor. Esto es a lo que se refiere la Torá en Deuteronomio 30:19 cuando nos dice que Dios pone ante nosotros tanto la vida como la muerte, y nos insta a "escoger la vida".

Hay ciertos elementos básicos de la vida humana que violamos solamente para nuestro propio perjuicio – no como un castigo por las fechorías, sino porque son las bases sobre las cuales se sostiene el universo. Así como un edificio alto con una base defectuosa eventualmente cederá ante su propio peso, así también la vida – o una sociedad o una nación – construida en base a bases morales defectuosas, finalmente se desintegrará. La verdad y la integridad son los elementos básicos sin los cuales la vida colapsa. La falsedad trae consigo las semillas de su propia e inevitable destrucción. Sin la base, la desintegración es inevitable. Esto explica porqué la palabra en hebreo de tres letras para verdad, emet, es mencionada casi 150 veces en la Biblia, y porqué esta palabra está inscrita en el sello de Dios (Talmud, Shabat 55a). Las deshonradas vidas de tantas personas en la vida pública – que alcanzaron su clímax ahora con la auto-infringida humillación de Armstrong – son historias de cautela sobre vivir sin la base de la verdad.

Anatomía de una Mentira

La caída de Armstrong es una fábula en términos de moralidad, un caso de estudio en la anatomía de una mentira. Todas las mentiras comienzan como bebés. En este caso, uno puede especular que quizás la primera vez que utilizó drogas fue porque se había recuperado recientemente de su terrible enfermedad y necesitaba un poco de ayuda. El tema es que las drogas hicieron su magia, así que lo hizo otra vez – y otra vez y otra vez. La mentira bebé creció, maduró y se convirtió en falsedades más osadas involucrando a muchas otras personas. Luego él tuvo que encubrir su mentira, lo cual, dada su inteligencia y su limpia reputación, fue tan fácil de hacer que él siguió haciéndolo y reinventándose. Finalmente él seguramente comenzó a creer que su falsedad y duplicidad eran la verdad, y que aquellos que desafiaban sus mentiras con verdad eran unos mentirosos. Él incluso demandó en la corte y ganó casos en contra de aquellos que desafiaron su honestidad.

Mentirle a otros es una cosa; la lección de Armstrong es que mentirse a uno mismo es mucho más fácil y mucho más insidioso. En las relaciones interpersonales, en amistades, en matrimonios, en el comercio, en la vida social, las mentiras bebés tienden a madurar y envolver al mentiroso en sus propias redes. Es por esto que la Torá en Éxodo 23:14 no dice simplemente, "No mientas", dice en vez, Midvar sheker tirjak – "Aléjate de la mentira", advirtiéndonos no solamente de no violar este pecado, sino de mantenernos alejados de él como lo haríamos de la pestilencia – ya sea en contra de otros o de uno mismo.

¿Puede Armstrong ser perdonado y redimido? El Talmud afirma: "Quien comete una transgresión y es avergonzado por eso, todos sus pecados son perdonados" (Berajot 12b). Esto es porque admitir los pecados es una de las cosas más difíciles para una persona. Él confesó en público ante millones de espectadores – lo cual es apropiado, habiéndole mentido a millones de fanáticos a lo largo de los años. Nada se interpone ante el verdadero arrepentimiento, y solamente el tiempo dirá si su arrepentimiento es genuino. Uno espera que esto no sea un truco, como algunos están sugiriendo, para reducir sus sanciones para competir nuevamente. Dada su pasada actuación – y "actuación" es la palabra precisa – uno puede ser un poquito escéptico, especialmente dado que su confesión vino solamente después de que hubo arrolladora evidencia en su contra…

El caso de Armstrong enfatiza las palabras de los Sabios: “sheker ein la raglaim” – "la falsedad no tiene pies [para sostenerse]". Noten que la palabra en hebreo para falsedad, sheker, tiene una shin, una kuf y una reish. En la escritura ashkenazí normativa, cada una de estas letras tiene solamente un pie, y por ende no puede pararse sola. Pero en la palabra para verdad, emet, cada una de sus tres letras alef, mem, taf, tiene dos sólidos pies. Dios es el Dios de la verdad, Emet, la Torá es Torat Emet, una Torá de Verdad, y ni la Torá ni Dios pueden soportar desviaciones de la verdad. Aunque la falsedad parece prosperar por un tiempo, eso es solamente temporal. Finalmente se autodestruye, porque por definición es anti-Dios, y por lo tanto, no tiene pies para sostenerse.

Publicado: 23/1/2013


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