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La carta de despedida de Charles Krauthammer

La carta de despedida de Charles Krauthammer

Los milagros Divinos ocurren a pesar de las predicciones de los médicos. Mi caso es un ejemplo.

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La noticia fue desgarradora.

Charles Krauthammer reveló la semana pasada en una emotivo artículo que los médicos le dijeron que no le quedan más que unas pocas semanas de vida. A pesar de estar paralizado debido a un extraño accidente que sufrió cuando era pequeño, Krauthammer se graduó en la Escuela de Medicina de Harvard y logró ser reconocido en el campo de la psiquiatría. Luego se convirtió en un columnista y ganó el Premio Pulitzer. Sus artículos son brillantes y como uno de los principales intelectuales de nuestra época él defiende constantemente el caso moral de Israel quizás mejor que cualquier otro periodista.

Hace apenas un mes, el Washington Post reportó que Krauthammer afirmó que se había recuperado de una operación para quitarle un tumor canceroso que le efectuaron en agosto del año pasado y que no tenía más cáncer. Todo eso cambió la semana pasada. En una carta profundamente emotiva a sus lectores y amigos, Krauthammer escribió: “Sin embargo, los últimos estudios demostraron que el cáncer regresó y se está esparciendo rápida y agresivamente. Mis médicos estiman que me quedan unas pocas semanas de vida. Este es el veredicto final. Mi lucha ha terminado”.

Esto no es nada menos que una tragedia.

Sin embargo, desde una perspectiva judía existe otra respuesta que debe expresarse, tanto en relación con el veredicto de los médicos respecto a la muerte inminente de Krauthammer como a las innumerables ocasiones en que aquellos que practican la medicina han asumido el rol adicional de profetas.

Hace mucho tiempo las fuentes talmúdicas cuestionaron el derecho de los seres humanos a practicar la medicina en tanto que puede considerarse interferir con la voluntad Divina que decretó la enfermedad. La fuente bíblica que permite la práctica de la medicina es clara. La Torá nos da el mandato de curar: “Hará que se cure” (Éxodo 21:19). Dios nos dio el don así como la responsabilidad de ser Sus socios en la preservación de la vida.

Pero hay una advertencia. Los médicos pueden diagnosticar pero no pueden decretar la desesperación; tienen el mandato de curar pero nunca pueden predecir cuánto tiempo el paciente va a vivir como consecuencia de su condición.

Debemos remarcar que la Biblia nos dice que pronosticar la muerte inminente incluso está más allá de la capacidad de un verdadero profeta. En el Libro de Isaías leemos:

En esos días se enfermó Jizkiahu (Ezequías) y estaba a punto de morir. Vino a él el profeta Isaías, hijo de Amoz, y le dijo: “Así dice Dios: Pon tu casa en orden, porque morirás y no te recuperarás”. Entonces Jizkiahu volvió su rostro contra la pared y oró a Dios, y dijo: “Recuerda ahora, te lo ruego Dios, cómo he andado ante Ti con lealtad y con absoluta devoción y he hecho lo que es bueno ante Tus ojos”. Y Jizkiahu lloró amargamente. Antes de que Isaías partiera de la corte media, vino a él la palabra de Dios: “Regresa y dile a Jizkiahu: “Así dice Dios, el Dios de tu padre David: He escuchado tu plegaria y he visto tus lágrimas. Te curaré. (Reyes II 20:1-5; Isaías 38:1-5)

El profeta le dijo al rey que no se recuperaría. Pero se curó y vivió otros 15 años. Jizkiahu tenía una enfermedad mortal, sin embargo la plegaria le permitió superarla. Como dijo Rav Jonathan Sacks: “De esto el Talmud aprende: ‘Incluso si pende sobre tu cuello una espada afilada, no debes desistir de la plegaria’. Rezamos pidiendo tener un buen destino, pero no nos reconciliamos con el fatalismo”.

El Talmud sólo le permite curar, pero no le permite decretar que alguien no tiene ninguna esperanza.

Mi padre, de bendita memoria, me contó que un miembro de su congregación lloró amargamente cuando el médico le dijo que le quedaban apenas unos pocos meses de vida. Su desesperanza era indescriptible, su depresión insoportable. Mi padre le explicó que ese médico, con todo su conocimiento de medicina, había entrado a un área que le estaba prohibida. El Talmud sólo le permite curar, pero no le permite decretar que no hay esperanzas. De hecho, esta persona vivió otros diez años, nueve años más que su médico, quien falleció inesperadamente antes que su paciente.

Charles Krauthammer puede fallecer muy pronto. Pero es concebible que Dios decida que debido a todo el bien que sigue haciendo Él desea que siga aquí más tiempo. Dios puede superar cualquier profecía médica.

Personalmente, esto resuena con fuerza, como muchos de ustedes ya saben. Hace siete años, en un examen anual de rutina, mi médico me dijo que debía llamar a mi esposa para que ambos oyéramos al mismo tiempo lo que nos tenía que decir. En síntesis, resultó que yo tenía una enfermedad fatal para la cual no hay cura. Luego del diagnóstico, por lo general, no quedan más que seis meses de vida.

Ya han pasado siete años y acabo de escribir este artículo, continúo enseñando y dando charlas y le agradezco a Dios por cada momento de vida que Él tiene la gentileza de otorgarme. Sí, los milagros Divinos tienen lugar a pesar de las predicciones médicas. Y esto es algo que todos necesitan recordar constantemente.

18/6/2018

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