Airbnb, el popular sitio web que alquila casas de vacaciones, anunció que planea quitar sus anuncios de la “Franja Occidental ocupada”, en otras palabras, de los territorios que Israel capturó de Jordania en 1967. Aparentemente, la empresa decidió que las fronteras de Israel previas a 1967 son los límites de la región a la que pueden llegar los turistas. Cualquier vivienda fuera de esos límites (tierra cuyo estatus final se encuentra bajo negociación entre Israel y la Autoridad Palestina), será eliminada.

Es una pena, porque Airbnb logró un seguimiento global bajo la promesa de libertad y de ayudar a la gente a ver la cara “real” de los sitios que visitan, evitando los hoteles y saboreando la vida local. Ahora no se mantiene fiel a sus propios clientes.

Yo usé Airbnb para alquilar un departamento en Jerusalem, y no estoy segura si podré volver a encontrar hoy otro lugar tan bueno para albergarme. La verdad es que el departamento en el que estuvo mi familia se encuentra en el centro de Jerusalem, y no estoy segura de qué lado de la frontera estaba en 1967. En la actual Jerusalem unificada, donde todo el mundo puede moverse libremente, es difícil saberlo. Recuerdo haber caminado por la zona con mi prima israelí y escucharla recordar cuán peligrosa era esa parte de la ciudad. Jordania controlaba la mitad oriental de Jerusalem, incluida la Ciudad Vieja, y no permitía que ningún judío viviera y ni siquiera visitara su territorio. Los francotiradores disparaban desde el lado jordano de la frontera hacia las zonas judías de Jerusalem, y mataban a civiles. Me estremecí cuando una amiga me explicó que su madre era huérfana desde pequeña: su familia vivía en la frontera de Jerusalem antes de 1967 y los francotiradores jordanos mataron a sus padres, quienes eran civiles.

¿Acaso Airbnb realmente quiere volver a eso?

Cuando estuve en mi casa Airbnb en Jerusalem, tuve vecinos judíos y árabes. Árabes y judíos caminan libremente por las calles, pero antes de 1967 los judíos tenían prohibido caminar por allí. Pude ir caminando desde el departamento hasta la Ciudad Vieja de Jerusalem, la cual está repleta con turistas de todo el mundo y es el hogar de judíos, musulmanes y cristianos. No era así antes de 1967, cuando Jordania no permitía a los judíos entrar a sus sitios sagrados como el Muro Occidental. Cuando judíos cuyas familias vivieron durante siglos en la Ciudad Vieja fueron obligados a salir y donde las sinagogas y los cementerios judíos fueron profanados y destruidos.

Particularmente es irritante que Airbnb decida prohibir publicaciones fuera de la frontera de Israel de 1967 porque el sitio publica miles de lugares de vacaciones en otras áreas disputadas y con terribles registros en lo que respecta a los derechos humanos.

En 1974 Turquía invadió Chipre, ocupó áreas en las que familias griegas habían vivido durante siglos y sigue ocupándolas hasta el día de hoy. Ciento cincuenta mil griegos fueron expulsados del norte de Chipre y fueron reemplazados por etnias turcas. Sin embargo, hoy Airbnb ofrece alquileres tales como “una bella casa de tres habitaciones con piscina” en Girne, Chipre, un área que se encuentra bajo el gobierno ilegal de Turquía.

En 1976, Marruecos anexó el Sahara occidental, una región que continúa luchando por su independencia y cuya soberanía fue reconocida por la ONU. Un informe del 2018 del Departamento de Estado de los Estados Unidos registra el uso de torturas en las áreas occidentales del Sahara por parte de las fuerzas marroquíes. Eso no evitó que Airbnb publique casas de vacaciones en el territorio en disputa, incluyendo un “búngalo triple de lujo” en la ciudad de Dakhla, ocupada por Marruecos en el Sahara occidental, la cual se menciona específicamente en el reporte del Departamento de Estado como un sitio de tensión y violación de los derechos humanos.

La decisión de Airbnb de quitar las publicaciones de Israel es trágica. Ella limita los horizontes de los turistas en vez de expandirlos y difunde la suposición falsa de que de alguna manera, de los 191 países que figuran en Airbnb, el estado judío es el único problemático y que merece censura. En un momento en el cual crece el antisemitismo en todo el mundo, este es un mensaje terrible.

Ahora que Airbnb no publicará más casas fuera de las fronteras de 1967, todos tendremos que ser más creativos y encontrar hoteles y casas en alquiler en otros sitios. Manifestemos nuestra postura asegurando que en nuestras próximas vacaciones en Israel pasemos parte del tiempo en una casa alquilada en Judea y Samaria.

Y sigamos el consejo de Michael Oren, miembro del parlamento israelí y viceministro de la oficina del Primer Ministro: “La política de Airbnb es la definición misma del antisemitismo. Nadie debería utilizar sus servicios”.