Hay muchas investigaciones sobre los daños del uso de teléfonos inteligentes y los beneficios de dejarlos de lado. Aquí hay un resumen de los descubrimientos claves, enlaces para leer más información (en inglés) y algunas sugerencias concretas respecto a cómo limitar el daño.

1. Los teléfonos inteligentes nos vuelven más tontos.

Los teléfonos inteligentes están cambiando la forma en que pensamos y entontecen nuestras capacidades intelectuales de forma atemorizante.

En un estudio del año 2017 de la Universidad de California en San Diego, se dividió al azar a 520 estudiantes en tres grupos y les dijeron que les iban a realizar una serie de test para medir su capacidad cognitiva. A un grupo le dijeron que dejaran sus teléfonos inteligentes en el lobby antes de entrar al aula donde harían el test. Al segundo grupo se les permitió llevar sus teléfonos inteligentes, pero les pidieron mantenerlos en sus bolsos o bolsillos. El tercer grupo colocó los teléfonos inteligentes sobre los escritorios mientras hacían el test.

Los estudiantes que dejaron sus teléfonos inteligentes en el lobby tuvieron un rendimiento significativamente superior al de los estudiantes que entraron con sus teléfonos.

Los resultados del test fueron sorprendentes: los estudiantes que dejaron sus teléfonos inteligentes en el lobby tuvieron un rendimiento significativamente superior al de los estudiantes que entraron al aula con sus teléfonos. Los estudiantes que colocaron los teléfonos sobre el escritorio tuvieron el rendimiento más bajo, a pesar de que posteriormente esos estudiantes aseguraron que no habían pensado en sus teléfonos durante el test. Al parecer, la mera cercanía a sus teléfonos inteligentes disminuyó las capacidades mentales de los estudiantes.

Otros estudios descubrieron los mismos resultados: Los estudiantes obtienen mejor rendimiento en las pruebas cuando no pueden ver sus teléfonos inteligentes. Incluso cuando los teléfonos inteligentes están apagados, su misma presencia afecta la capacidad y el desempeño de los estudiantes. Un estudio del 2017 de la Universidad de Arkansas incluso descubrió que el hecho de dejar sus teléfonos inteligentes al hacer un test era correlativo con el hecho de que los estudiantes obtuvieran un punto más en sus pruebas en comparación con aquellos estudiantes que llevaban los teléfonos inteligentes al lugar del test.

En los adultos puede ser más difícil medir cómo los teléfonos nos vuelven más tontos. Una encuesta británica del 2015 demostró que los adultos se concentran menos en tareas difíciles y las efectúan de forma más descuidada cuando oyen que sus teléfonos inteligentes reciben notificaciones, incluso si no se detienen para revisar los teléfonos. Un estudio del 2010 de la Universidad McGill en Montreal descubrió que los conductores que rutinariamente utilizan sus teléfonos inteligentes u otras aplicaciones de navegación cuando conducen en vez de confiar en su propia lectura de mapas o en su memoria, muestran menor actividad cerebral e incluso tienen menos materia gris en la región del hipocampo de sus cerebros, un área que es importante para la memoria.

https://www.nature.com/articles/ncomms14652

Los teléfonos también nos vuelven más tontos al distraernos. Saber que tenemos mensajes en el teléfono reduce nuestra capacidad de enfocarnos en el trabajo. El psicólogo Daniel Levitin estima que “estar en una situación en la que tratas de concentrarte en una tarea cuando hay un e-mail esperando en tu casilla de ingreso sin que lo hayas leído, puede reducir tu IQ efectivo en 10 puntos”.

Sugerencias: Considera dejar tu teléfono inteligente en casa mientras trabajas o vas a la escuela cuando desees aprovechar al máximo tu capacidad mental. Si dejar el teléfono en casa no parece factible, trata de mantenerlo fuera de tu vista, en un guardarropa, en el auto o en un armario.

2. Los teléfonos inteligentes nos vuelven más tristes y más alienados.

El incremento en el uso de los teléfonos inteligentes lleva a que gran parte de nuestra vida tenga lugar “en línea”, interactuamos a través de textos y medios sociales en vez de mantener un contacto humano cara a cara. Los estudios revelan que esto nos vuelve más tristes y más alienados.

Entre el año 2000 y el 2015, la cantidad de adolescentes que reportaron reunirse con sus amigos casi a diario cayó en más de un 40%. En gran medida este descenso ocurrió en los últimos años, cuando los teléfonos inteligentes se volvieron más comunes (un hallazgo clave en el discutido artículo del Atlantic Monthly: “¿Acaso los teléfonos inteligentes destruyeron una generación?”). Más de la mitad de los adolescentes intercambian mensajes de texto con sus amigos cada día, a menudo innecesariamente. Un tercio de los adolescentes envían más de 100 mensajes por día. Esto no se traduce en una comunicación más profunda: sólo un tercio de los adolescentes dicen que hablan con sus amigos en persona de forma regular.

Los textos son convenientes, pero no son un sustituto para una conversación real. La profesora Sherry Turkle, autora de: Alone Together: Why We Expect More from Technology and Less from Ourselves, documenta la naturaleza destructiva de la comunicación electrónica y llama a la manera en que interactuamos con los teléfonos inteligentes “estar solos”, incluso cuando supuestamente nos comunicamos con otras personas.

La Profesora Turkle explica: “La conversación cara a cara se desarrolla lentamente. Nos enseña a tener paciencia. Cuando nos comunicamos con nuestros dispositivos digitales, aprendemos hábitos diferentes… Comenzamos a esperar respuestas más rápidas. Para lograrlo, formulamos preguntas más simples. Disminuimos el nivel de nuestra comunicación, incluso sobre los temas más importantes”.

La comunicación electrónica también nos permite elegir con qué ideas nos relacionamos, aislándonos del amplio mercado de ideas y limitando nuestra perspectiva a habitaciones que filtran lo que nos llega.

Incluso cuando pasamos tiempo cara a cara con otras personas, la mera presencia de un teléfono inteligente puede molestar y disminuir nuestra conversación. En un gran estudio del 2014 liderado por el Prof. Shalini Misra de la Universidad Tecnológica de Virginia, se le pidió a cien parejas mantener una conversación en un café de Washington. Aquellas parejas que conversaron ante la presencia de un teléfono inteligente (incluso cuando los teléfonos simplemente estaban apoyados sobre la mesa) reportaron menores niveles de empatía en sus conversaciones y una mayor sensación de alienación. Los resultados fueron particularmente sorprendentes cuando las parejas eran de amigos cercanos y no sólo de conocidos, quienes estuvieron mucho menos satisfechos con las conversaciones que fueron menos significativas ante la presencia de un teléfono inteligente.

Los teléfonos inteligentes también se asocian con sentimientos de soledad y depresión.

Los teléfonos inteligentes también se asocian con sentimientos de soledad y depresión. Los adolescentes que visitan a diario redes sociales pero ven a sus amigos con menor frecuencia están más de acuerdo con el sentimiento: “Muchas veces me siento solo” y “A menudo desearía tener más buenos amigos”. Las tasas de soledad se incrementaron abruptamente a comienzos de la década del 2010, y desde entonces no han disminuido. Entre los estudiantes del octavo año, utilizar los medios sociales a menudo se asocia con un incremento del 27% de depresión. Entre los adolescentes, pasar tres horas diarias o más con artefactos electrónicos tales como los teléfonos incrementa en un 35% las posibilidades de suicidio que en adolescentes que usan los medios sociales con menor frecuencia.

La correlación entre los medios sociales y la depresión se aplica también a los adultos. Una encuesta británica del 2016 descubrió que el 20% de los participantes afirmaban que interactuar con sus amigos a través de los medios sociales o artefactos electrónicos provocaba que luego se sintieran deprimidos.

Por otro lado, encontrar tiempo para dedicarse a actividades no electrónicas se asocia con mayores niveles de felicidad y sentimientos de conexión. Los adolescentes que dedican tiempo a hacer deportes, asistir a servicios religiosos o hacer otras actividades no electrónicas, tales como tareas escolares, tienen niveles mucho menores de depresión que sus pares obsesionados por la electrónica.

Sugerencias: Fija momentos en los que tu teléfono esté apagado y fuera de la vista. Cuando te encuentres con amigos para almorzar o tomar un café, considera declarar tu mesa una zona prohibida para teléfonos durante una hora o algo así. Establece tiempos en los cuales en tu familia no habrá teléfonos a la vista. Asegúrate de programar muchas actividades sin teléfono para ti y para tu familia, cuando puedan descansar, recargarse y conectarse sin distracciones.

3. El impacto negativo sobre tu salud.

Uno de los mejores actos que puedes hacer ahora mismo por tu salud es limitar el uso de tu teléfono inteligente.

Una de las víctimas del uso del teléfono inteligente es el sueño. Más del 60% de personas entre 18 y 29 años aseguran que duermen con sus teléfonos inteligentes en la cama. Oír los bips y pings de los mensajes constantes durante toda la noche tiene un efecto perjudicial sobre el sueño. La cantidad de adolescentes que no duermen lo suficiente creció rápidamente junto con el incremento en el uso de teléfonos inteligentes: en el 2015 había un 57% más de adolescentes con dificultades para dormir que en 1991.

Incluso si no llevamos los teléfonos inteligentes a la cama, leer de un teléfono inteligente o de otras pantallas de noche afecta negativamente el reloj interno de nuestro cuerpo: las luces LED de las pantallas electrónicas reducen nuestra melatonina, y hacen que nos cueste más dormir cuando pasamos la noche mirando una pantalla.

El profesor Kevin Morgan, director de la Clínica de Investigación del Sueño en la Universidad británica de Loughborough, señala que el tiempo que se pasa de noche frente a las pantallas es cualitativamente diferente a otras actividades. “Mirar la pantalla te involucra en una actividad intelectual de una forma diferente a leer un libro. Te lleva a un estado de alerta que es lo último que uno desea antes de irse a la cama”.

Los teléfonos inteligentes también se asocian con un incremento en los problemas de cuello/espalda porque nos inclinamos sobre nuestros teléfonos, y con mayores niveles de obesidad porque dejamos de lado otras actividades para permanecer en casa mirando nuestros teléfonos inteligentes; e incluso hacen que sea más fácil desarrollar problemas alimentarios tales como anorexia y bulimia (a través de las aplicaciones para contar calorías).

Cuando se trata de conducir, muchas aplicaciones que alientan a los usuarios a enviar información o fotografías mientras manejan, llevaron a un incremento de accidentes, después de años de descenso. Sólo durante los primeros 6 meses del año 2016 murieron 17.770 personas en las carreteras de los Estados Unidos, la mayoría como consecuencia de conductores distraídos. En el 2016 en los Estados Unidos, un 52% de los conductores que sufrieron accidentes de tráfico estaban usando sus teléfonos.

Los teléfonos inteligentes también afectan nuestra salud mental. Un estudio del 2016 de la Universidad de Illinois demostró que usar mucho los teléfonos inteligentes se asocia con menores niveles de salud mental. En particular la ansiedad y la depresión se asocian con un uso extenso de los teléfonos inteligentes.

Por cada media hora de tiempo de pantalla que tienen los bebés y los niños de menos de tres años, ellos experimentan un incremento del 49% de retraso en el lenguaje.

Para los niños pequeños, los riesgos a la salud de los teléfonos inteligentes son enormes. Un estudio del 2017 de la Universidad de Toronto y del Hospital para Niños Enfermos reveló que por cada media hora de tiempo de pantalla que tienen los bebés y los niños de menos de tres años, ellos experimentan un incremento del 49% de retraso en el lenguaje. Crecer en un hogar en el que se usan demasiado los teléfonos inteligentes también puede retrasar el desarrollo emocional del niño. La Dra. Jenny Radesky, una médica de Boston, comenzó a preocuparse cuando notó un incremento en la cantidad de padres que estaban pegados a sus teléfonos en vez de interactuar con sus hijos. La Dra. Radesky explica que cuando los niños aprenden el lenguaje, “aprenden sus propias emociones, aprenden cómo regularlas. Ellos aprenden al observar cómo nosotros mantenemos una conversación, así aprenden cómo leer las expresiones faciales de las personas. Y si esto no ocurre, los niños pierden pasos importantes de su desarrollo”.

Sugerencias: Trata de apagar tu teléfono inteligente por lo menos una hora antes de irte a la cama. Al usar un teléfono inteligente, trata de sostenerlo al nivel de tus ojos o más arriba, para minimizar el dolor de cuello y de espalda y nunca uses un teléfono inteligente que debas sostener en la mano mientras manejas. Como siempre, la clave es la moderación; considera designar momentos del día en los que estarás sin teléfono.

¿Qué podemos hacer?

Casi la mitad de los usuarios de teléfonos inteligentes en el año 2015 aseguraron que no podían imaginar la vida sin sus teléfonos, y sin duda esa cifra se ha incrementado desde entonces. Cuando gran parte de nuestras actividades escolares, laborales y la vida social tiene lugar en línea, puede parecer imposible desconectarse por completo. Sin embargo, dado los peligros reales de los teléfonos inteligentes, es esencial encontrar momentos en los cuales desconectarse.

Limitar el uso de los teléfonos inteligentes es uno de los actos más importantes que puedes llevar a cabo para mejorar tu vida de inmediato.

A pesar de que yo cuido Shabat y me desconecto por completo durante 25 horas cada semana, para pasar un día completamente focalizada en otras personas sin ninguna distracción electrónica, llegué a entender que eso no es suficiente. Con mi esposo tenemos una regla: en nuestra casa no hay teléfonos celulares entre las 7 y las 9 de la noche. Comenzamos a reforzar esta regla con mayor rigidez, exigiendo que todos silencien sus teléfonos y los coloquen en una mesa apartada durante esas dos horas. Pero después de leer sobre los peligros de los teléfonos inteligentes, quiero dar un paso más. Comencé a apagar mi celular una hora antes de irme a la cama, a apagarlo mientras manejo, y a decirles a mis amigos que cuando nos encontramos me gustaría que decidamos que no haya presentes teléfonos. También estoy tratando de pasar tiempo con mis hijos sin que haya teléfonos a la vista.

Los beneficios de limitar los teléfonos inteligentes son enormes. Dejar nuestros teléfonos puede incrementar nuestra inteligencia, elevar nuestras calificaciones, mejorar nuestra salud mental y física y ayudarnos a ser más felices y a estar más conectados con los demás. Es uno de los actos más poderosos que puedes llevar a cabo para mejorar tu vida de inmediato.