El 6 de enero del 2018, dos de los grandes inversores de Apple publicaron una carta abierta pidiendo que Apple y otras empresas de alta tecnología se esfuercen todavía más para proteger a sus “pequeños” usuarios. Citando estudios que demuestran el grave impacto que los teléfonos inteligentes tienen sobre el bienestar físico y mental de los niños, los inversores (Sistema de jubilaciones para maestros del estado de California y los socios JANA LLC), abrieron un gran debate al pedir a las compañías tecnológicas que desarrollen en sus productos más control para los más pequeños.

¿Qué es tan terrible respecto a los niños y los teléfonos inteligentes? Aquí traigo algunos resultados de las últimas investigaciones sobre el impacto de los celulares y otras tecnologías sobre los niños, así como sugerencias respecto a lo que se puede hacer para proteger a los niños del abuso de los teléfonos inteligentes.

Atrofian el desarrollo cerebral de los bebés

El daño de los teléfonos inteligentes y otras pantallas es particularmente agudo en los bebés, cuyos cerebros se encuentran en desarrollo. Los psicólogos consideran que los primeros tres años de vida del niño son un “período crítico” para el desarrollo cerebral, porque la forma en que crece el cerebro durante esos años se convierte en la base permanente sobre la que se apoya todo el futuro aprendizaje. Recibir información y huellas del mundo real que los rodea ayuda a los bebés a formar conexiones neuronales que hacen que sus cerebros sean fuertes y sanos. Los estímulos de las pantallas, incluyendo a tablets y teléfonos inteligentes, se interponen al desarrollo normal del cerebro, abrumando con estímulos sus mentes en desarrollo.

El daño de pasar demasiado tiempo frente a las pantallas puede ser permanente. “La capacidad de focalizarse, concentrarse, prestar atención sentir las actitudes de otras personas y comunicarse con ellas, de construir un vocabulario extenso… Todas estas capacidades resultan dañadas”, advierte el Dr. Aric Sigman, miembro de la Sociedad de Psicología Británica y de la Sociedad Real de Medicina de Inglaterra.

La habilidad de interactuar con otras personas, de empatizar y leer los sentimientos de los demás, todo tiene su base en la primera infancia. Pasar el tiempo interactuando con pantallas en vez de hacerlo con seres humanos puede alterar permanentemente la estructura cerebral de nuestros hijos y llevar a que les resulten mucho más difíciles tareas tales como establecer amistades y entender el mundo que los rodea.

Daño al cerebro de los adolescentes

Si bien los niños mayores no experimentan la misma intensidad de desarrollo cerebral como los bebés, los cerebros de los niños y de los adolescentes continúan desarrollándose y pueden verse dañados por un uso excesivo de los teléfonos inteligentes.

El problema es que los cerebros de los adolescentes se adaptan fácilmente. La experiencia de usar un teléfono inteligente y cambiar rápidamente de una actividad a otra, tal como escribir mensajes de texto y usar los medios sociales, se asocia con niveles más bajos de materia cerebral en la corteza del cíngulo anterior, la región del cerebro responsable por el procesamiento emocional y la toma de decisiones. Menos materia cerebral en esta área se asocia con mayores porcentajes de depresión y adicción.

Otra zona del cerebro que también resulta dañada por el uso de los teléfonos inteligentes es la corteza prefrontal, necesaria para interpretar las emociones y enfocarse en las tareas. Esta parte del cerebro no se desarrolla por completo hasta mediados de los veinte años, y el uso excesivo de teléfonos inteligentes puede interponerse en el camino. Paul Atchley, profesor de psicología en la Universidad de Kansas explica: “Durante la adolescencia es importante entrenar a la corteza prefrontal para que no se distraiga con facilidad. Lo que vemos en nuestro trabajo es que los jóvenes están constantemente distraídos y también son menos sensibles a las emociones de los demás”.

Es más difícil hacerse amigos

Debido a los cambios que los teléfonos inteligentes provocan a la capacidad cerebral de empatizar con otras personas, no es sorprendente que el uso de los teléfonos inteligentes a menudo se asocie con la dificultad para hacerse amigos.

Para muchos adolescentes, el teléfono inteligente puede ser una muleta en situaciones sociales difíciles. “Cuando estás con otras personas que no conoces bien y no tienes de qué hablar, se sacan los teléfonos porque es una situación incómoda”, le explicó a un investigador un alumno de escuela secundaria de Connecticut.

Sin embargo, esta “nueva norma” en la cual los teléfonos inteligentes constituyen una parte tan importante de las interacciones sociales, es peligrosa, advierte Brian Primack, director del Centro de Investigación de Medios Sociales, Tecnología y Salud de la Universidad de Pittsburgh. “Hay muchas investigaciones que conectan el aislamiento con la depresión y el tiempo dedicado a socializar con una mejoría del estado de ánimo y del bienestar general”. El Dr. Primack explica: “Si los teléfonos inteligentes se interponen entre el adolescente y su capacidad de mantener y disfrutar la interacción cara a cara, tal como sugieren algunos estudios, entonces este es un gran problema”.

Los teléfonos inteligentes y la depresión infantil

De hecho, el uso intensivo del teléfono inteligente se asocia con mayores porcentajes de estrés y depresión en los niños. Un estudio conducido por el Centro de Medios de Comunicación y Salud infantil de la Universidad de Alberta, descubrió que durante los últimos tres a cinco años, cuando el uso de los teléfonos inteligentes se incrementó rápidamente, el 90% de los maestros reportan que el número de estudiantes con dificultades sociales también se ha incrementado.

Muchos maestros culpan de esto al uso de los teléfonos inteligentes. Los niños antes salían durante el receso para almorzar, efectuaban actividades físicas y socializaban. “Hoy, demasiados se quedan sentados para jugar con sus dispositivos personales”; dijo un maestro de secundaria.

Entre el año 2010 y el 2016 el número de adolescentes que experimentaron depresiones profundas creció en un 60%, de acuerdo con el Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos. Durante el mismo período también se incrementaron significativamente los suicidios entre niños de 10 a 19 años. “Se trata de grandes incrementos, posiblemente sin precedentes”, explica la Prof. Jean Twenge de la Universidad de San Diego. Ella descubrió que desde el 2010 los adolescentes que pasan más tiempo usando sus teléfonos inteligentes y otras tecnologías son más propensos a reportar sufrir de problemas de salud mental que los adolescentes que pasan menos tiempo con sus dispositivos.

La profesora Twenge estudió a más de medio millón de adolescentes en distintos lugares de los Estados Unidos. Sus hallazgos dibujan un preocupante retrato de una generación tanto adicta como dañada por el uso de los teléfonos inteligentes. Los niños que pasan tres o más horas diarias con los teléfonos inteligentes u otros dispositivos tienen tres veces más posibilidades de sufrir por lo menos un síntoma relativo al suicidio (tal como sentirse desesperanzado o pensar en el suicidio), a diferencia de los niños que limitan el uso de los teléfonos inteligentes y otros dispositivos a dos horas o menos por día. Entre los niños que usan sus dispositivos cinco o más horas diarias, casi la mitad reportó experimentar por lo menos un resultado relacionado con el suicidio.

La profesora Twenge descubrió que incluso el uso moderado del teléfono inteligente y de otras altas tecnologías puede dañar la salud mental de nuestros hijos. Los niños que usan medios sociales a diario tienen un 13% más probabilidades de sufrir de altos niveles de síntomas depresivos que aquellos que no lo hacen. En su investigación, los adolescentes que dejan de lado su teléfono inteligente durante parte del tiempo o pasan tiempo interactuando cara a cara, parecen ser más sanos emocionalmente.

Cómo quebrar la adicción a los teléfonos inteligentes

A pesar de los inconvenientes del uso excesivo de los teléfonos inteligentes, limitar el tiempo de uso puede ser difícil. De hecho, muchos psicólogos consideran que el uso de los teléfonos inteligentes es una adicción.

Esto se debe particularmente a la naturaleza del cerebro de los adolescentes que está en desarrollo. La corteza del cíngulo anterior, que mencionamos por su conexión con el desarrollo de la empatía, también es actúa en la toma de decisiones y las adicciones. “Sabemos que los adolescentes tienen poco desarrollado el control de los impulsos, la empatía y el juicio en comparación con los adultos”, explica la Dra. Frances Jensen, profesora de la Universidad de Pennsylvania y coautora de El cerebro adolescente. A medida que el cerebro infantil continúa desarrollándose, los adolescentes y los jóvenes son más propensos a las adicciones.

Los investigadores también descubrieron que las interacciones rápidas de las cuales disfrutan los adolescentes en sus teléfonos inteligentes inundan sus cerebros con neuroquímicos tales como dopamina, que inducen una sensación de euforia. También esto puede contribuir a la adicción, porque los niños aprenden a confiar en la gratificación que sienten al usar sus teléfonos. Una vez que se desarrolla una adicción, los adolescentes (y otros) pueden experimentar sentimientos de enojo, depresión, fatiga y distracción cuando no usan sus teléfonos.

Un centro de rehabilitación cerca de Seattle comenzó a ofrecer terapia para adictos a los teléfonos inteligentes y otras tecnologías, e incluso brindó tratamiento a niños de apenas 13 años. Hilarie Cash, la fundadora del centro, explicó que los teléfonos inteligentes y otros dispositivos móviles pueden ser tan estimulantes y consumir tanto que “superan todos los instintos naturales que los niños tienen por moverse, explorar e interactuar socialmente”.

Estrategias para el cambio

Limitar el uso de los teléfonos inteligentes y de otras tecnologías no es sencillo. De hecho, en un estudio reciente les dieron a los adolescentes una opción: ¿Preferirían quebrarse un hueso o quebrar sus teléfonos? No debería sorprender a los adolescentes ni a sus padres que un 46% dijeran que prefieren romperse un hueso antes de que se rompa su teléfono inteligente.

Sin embargo, el cambio es posible. Aquí hay tres sugerencias para comenzar el cambio, tanto para los adolescentes como para sus familias.

1. Fijar cada día un período de tiempo en el que estarán sin teléfonos. Este es el consejo de Adam Alter, profesor de la Universidad de Nueva York y autor de “Irresistible. ¿Quién nos ha convertido en yonquis tecnológicos?”. Si la idea de dejar de lado el teléfono parece tan amenazadora, trata de limitar su uso a ciertas horas cada día. El profesor Alter recomienda fijar un momento para estar sin teléfono, por ejemplo cada día de 5 a 8pm. Esta propuesta puede parecer menos intimidante que una moratoria telefónica más amplia.

2. Educa con el ejemplo. Es difícil decirles a tus hijos que limiten el uso de los teléfonos inteligentes cuando tú estás apegado a tus dispositivos. Trata de fijar un tiempo para que se reúna toda la familia, sin teléfonos. Este es el consejo de la psicóloga infantil Yalda Uhls: Especifica una cantidad de tiempo en el cual tu familia interactuará sin dispositivos a la vista. Esto puede generar mayor interacción cara a cara y la empatía emocional que falta en una comunicación basada en los teléfonos inteligentes.

3. Considera al Shabat como el antídoto contra demasiado uso de los teléfonos inteligentes. En mi familia también luchamos contra el abuso tecnológico. Shabat es un día semanal en el cual no tenemos que preocuparnos por teléfonos ni otros dispositivos. Cada semana, durante 25 horas estamos completamente liberados de teléfonos. Los resultados son sorprendentes: un día entero sin distracciones, cuando podemos focalizarnos en el otro y en nosotros mismos. Si bien puede parecer difícil pasar 25 horas sin un teléfono inteligente, hacerlo brinda un bienvenido descanso de la tiranía de la tecnología.