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¿Por qué decidí criar a mis hijos con Dios?

¿Por qué decidí criar a mis hijos con Dios?

El regalo más preciado que puedo darle a mis hijos.

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El ensayo de Deborah Mitchell en CNN iReport, en el cual explica por qué ella cree que sus hijos están mejor sin Dios, ciertamente tocó un punto sensible. Hasta el momento ha recibido más de 841.000 visitas y 9.745 comentarios. Su artículo me hizo pensar en por qué yo estoy tan en desacuerdo con ella. Educar a mis hijos con una consciencia de Dios es el regalo más preciado que podría darles.

Aquí están mis siete razones principales de por qué decidí criar a mis hijos con Dios.

1. Dios nos hace ser morales. Nunca olvidaré cuando estaba sentada en uno de mis primeros seminarios de novata en la Universidad de Pensilvania, y me quedé por un momento al margen mientras la clase discutía sobre el fantasioso adulterio en Anna Karenina. Estaba impresionada por la gran cantidad de compañeros que se compadecían del corrupto personaje, el príncipe Stiva.

Finalmente reuní el coraje y dije que pensaba que el romance era incorrecto. La persona frente a mi respondió: "Puedes decir que no es algo que tú harías, pero no puedes decir que está mal. Si está mal o no es algo totalmente subjetivo".

El silencio llenó la pequeña y alfombrada habitación. Yo contuve la respiración por un momento antes de responder: "Yo creo que hay una verdad objetiva. Y lo que este personaje hizo fue absoluta e inequívocamente incorrecto".

Mi respuesta claramente no fue popular, aunque sí vi a unas cuantas personas considerándola en la sala. Pero fue la primera vez en que yo estuve profundamente agradecida por mi educación judía y por la clara brújula moral que le da Dios a mi vida. Sin Dios, la bondad misma se vuelve subjetiva. Dios es la fuente Infinita que trasciende el tiempo, desde donde la bondad recibe su cualidad absoluta e invariable. Yo quiero a Dios en las vidas de mis hijos para que ellos también sepan que hay una forma absolutamente correcta e incorrecta de hablar, de conducirse en las relaciones y de vivir.

2. Dios nos da esperanza. Creer en Dios nos hace más optimistas. Dios nos da esperanza sobre el futuro. Yo les enseño a mis hijos que Dios no sólo puede hacer que el mañana sea mejor, sino que en cualquier momento Él puede revertir un día difícil para bien. Dios hace que todo sea repentinamente posible ya que no hay nada que esté más allá de Su poder. Les digo a mis hijos que dado que Dios está involucrado, ellos pueden lograr cualquier cosa que se propongan. Dios nos da esperanza de que podemos reparar lo roto en el mundo. Él nos enseña a rezar por paz, unidad y bondad. Yo hablo con mis hijos sobre cuán importante es realmente que no pierdan nunca la esperanza en sí mismos y en el futuro. Dios quiere nuestro optimismo; Él nos dice que no solamente aspiremos a llegar a las estrellas, sino que creamos que hoy mismo podemos disfrutar un poco de la luz.

3. Dios nos da consuelo. Mi abuelo solía decirnos cuando éramos pequeños: "No confíes en otras personas. El Único en quien siempre puedes confiar, quien nunca romperá una promesa o desaparecerá, es Dios". Yo solía odiar cuando él me decía eso porque sonaba tan deprimente. Pero era verdad. Los seres humanos son finitos. A veces rompen sus promesas, incluso cuando quieren cumplirlas. Mueren sin nuestro consentimiento y a veces están demasiado atascados en sus sentimientos como para ofrecer consuelo a otros.

Pero Dios nunca rompe una promesa. Nunca desaparece sin advertencia. Nos escucha cuando nadie más puede oír lo que estamos diciendo y nos abraza cuando nadie más puede entender la profundidad de nuestra tristeza. Él está allí cuando estamos celebrando y también cuando estamos desechos. Nunca está demasiado ocupado o demasiado distraído, y anhela escuchar de nosotros.

Desde que mis hijos eran muy pequeños les he enseñado a hablar con Dios acerca de todo en sus vidas. Ellos saben que rezar no significa que Dios va a decir que sí a sus peticiones. Pero hablar con Dios les da consuelo de la misma forma en que me da consuelo a mí. Saber que tengo un Padre que se preocupa de cada aspecto de mi vida y que siempre estará a mi lado es el refugio más puro y fuerte que conozco. Quiero que mis hijos sepan que Alguien los abrazará cuando estén lejos de casa. Quiero que sepan que incluso cuando sientan que nadie los entiende habrá Alguien que siempre los entenderá.

4. Dios nos enseña gratitud. Uno de los rezos más hermosos es el primer rezo que decimos cada mañana al levantarnos: "Ofrezco gracias ante Ti, Dios viviente y eterno, porque con piedad has restaurado mi alma; Tu confianza en mí es grandiosa". Me encanta cantar con mis hijos esta versión del rezo: "Gracias Hashem por mi neshamá (alma) y por darme otro día". Dios nos enseña a sentirnos agradecidos apenas abrimos los ojos y lo reconocemos a Él como la fuente de la vida misma. Y a lo largo del día, mis hijos aprenden a decir gracias a medida que hacen bendiciones antes y después de comer. Ellos dicen los rezos de la mañana que hablan de la belleza del mundo y de la gratitud que sentimos por cada aspecto de la creación.

A la hora de dormir, uno de nuestros rituales favoritos es pensar en tres cosas que pasaron durante el día por las que estamos agradecidos. Nunca olvidaré lo que dijo mi hijo una noche cuando tenía cuatro años: Gracias Dios por mi hogar.

5. Dios nos enseña grandeza. Les cuento a mis hijos la historia de Abraham, quien nació en una casa de ídolos y tuvo el coraje de encontrar a Dios por sí mismo. Les hablo de cómo Moshé guió a toda una nación fuera de Egipto a pesar de tener un problema en el habla y de pensar que no tenía la personalidad necesaria para ser un líder. Y les cuento la historia del Rey David, quien fue molestado y aislado de entre sus hermanos. Él no solamente se convirtió en un rey, sino que el también aprendió a transformar su dolor en poesía, escribiendo hermosos Salmos. Dios nos da estos ejemplos de las luchas de nuestros ancestros para enseñarnos que nosotros también podemos alcanzar la grandeza, a pesar de cualquier obstáculo que podamos encontrar en nuestras vidas.

6. Dios nos da perspectiva. Nuestros Sabios nos enseñan que este mundo es como un útero. Puede ser oscuro y estrecho. Somos dependientes y vulnerables en muchas formas. Y es el único mundo que conocemos. Pero un día "naceremos" a una realidad diferente, y partes de nuestra vida que no tenían sentido repentinamente se aclararán.

Dios nos da perspectiva en nuestras vidas. Él nos ayuda a alejarnos y a aceptar que a veces no obtendremos las respuestas en este mundo. Pero sabemos que esta realidad es solamente una partícula en el tiempo; es un pasillo que nos lleva a un mundo en el cual no habrán preguntas. Yo les enseño a mis hijos que la muerte no significa un final; indica una transición, como la que vive un bebé que nace en este mundo. Les enseño a mis hijos que la vida que vemos frente a nosotros es solamente el comienzo del infinito mundo de Dios.

7. Dios nos enseña responsabilidad. Yo les enseño a mis hijos que Dios los creó a cada uno con una misión especial que sólo ellos pueden cumplir. Hablamos de cómo podemos utilizar cada una de nuestras fortalezas y talentos para hacer de este mundo un lugar mejor. Dios nos dio a cada uno un potencial increíble y Él espera que nosotros lo utilicemos al máximo. No tenemos permitido darnos por vencidos.

Pero más importante que todo esto es que yo educo a mis hijos con Dios porque es una realidad. Él está presente en mi casa, en mi hogar, en mi corazón y en la luz de los ojos de mis hijos. Él está aquí, educando a mis hijos conmigo.

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Comentarios: 2

(2) Olga, November 7, 2015 4:32 AM

Que hermoso artículo!!!

Siento cada palabra como mía, veo a mis hijos y me siento dichosa!!! Pues les estoy enseñando a amar a Dios y decidí criarlos bajo su mirada... Eso si es amar en realidad a un hijo. Felicitaciones a quien lo escribió

(1) Anónimo, May 14, 2014 1:37 PM

¿Por qué decidí criar a mis hijos con Dios?

Excelente...!!!

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