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Un riñón, tres vidas

Un riñón, tres vidas

La generosa donación de un riñón tiene consecuencias inesperadas.

por Rav Shlomo Landau

Para donar un riñón hay que ser una persona especial. Donar una parte de uno mismo, exponiéndose a un riesgo, implica un nivel de bondad distinto al que estamos acostumbrados. Sin embargo, la mayoría de los donantes de riñones con los que hablé insisten en que, si pudieran, lo volverían a hacer sin dudarlo.

Tamar es una de estas personas especiales. En nuestro pueblo, todos saben que Tamar siempre está dispuesta a ayudar a quien lo necesite. Ella anunció que estaba en proceso de ser aceptada para donar un riñón. Siendo médica, Tamar sabía que una persona sólo necesita un riñón, pero casi todos nosotros pensamos que no tener uno de repuesto es preocupante. Sin embargo, Tamar sentía gratitud por la oportunidad única de salvarle la vida a alguien (literalmente).

En una hermosa mañana otoñal, Tamar se sometió a la cirugía. Su riñón fue dado a una mujer que se aferraba con desesperación a la vida a pesar de sufrir una insuficiencia renal total. Por fortuna, el transplante fue un éxito y la joven madre recibió una nueva oportunidad en la vida.

Durante los meses siguientes Tamar tuvo menos energía. Eventualmente recuperó sus fuerzas y, en menos de seis meses, volvió a ser la que todos conocíamos.

Este es sólo el comienzo de la historia.

Pocos meses después, Tamar fue invitada a hablar en un evento de fin de semana, donde le pidieron que compartiera su experiencia de donar un riñón, con la esperanza de que inspirara también a otros a ampliar su generosidad. Uno de los participantes en el evento era un hombre de mediana edad llamado Jonatán. ¿Por qué había ido al encuentro? Su esposa lo había obligado a acompañarla. Sin embargo, cuando Tamar comenzó a hablar sobre su experiencia, Jonatán quedó fascinado y cautivado por su historia de generosidad.

Al volver a casa, Jonatán entró en el sitio de Internet de Renewal, la organización que facilitó la donación de Tamar. Él leyó los testimonios, exploró atentamente la página y se sintió aún más inspirado. Poco tiempo después, se puso en contacto con la organización para comenzar el proceso de selección y convertirse en un donante de riñón. Ese mismo año Jonatán se sometió a la cirugía y le donó su riñón a un joven que sufría insuficiencia renal. La donación de riñón de Tamar había salvado una segunda vida. Pero la saga aún no había terminado.

Seis meses después de su donación de riñón, Jonatán volvió al hospital para un control de rutina. Durante el examen, los médicos identificaron un crecimiento sospechoso en su tiroides, que luego fue diagnosticado como un cáncer en etapa temprana. Le quitaron de inmediato el tumor y Jonatán fue dado de alta con perfecta salud. Los médicos le dijeron que si no hubiera donado el riñón y necesitado un control postoperatorio, seguramente su tumor no hubiera sido descubierto hasta una etapa posterior, y el resultado podría haber sido muy diferente, que Dios no lo permita.

¡La donación de riñón de Tamar acababa de salvar una tercera vida!

Todos podemos elegir ser dadores. Cada uno a su manera, grande o pequeña. Y nunca sabemos cuál será el impacto final de nuestros actos de bondad.

22/2/2018

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