La gente está comenzando a perder su fe en la bondad del resto. París, San Bernardino, ISIS en Siria e Irak, y los ataques terroristas que ocurren a diario en Israel, revelan un lado oscuro del alma humana. Nuevamente, quedamos boquiabiertos ante la capacidad humana de actuar con perversidad y maldad.

Ahí entra en escena la festividad de Januca.

La historia de Januca ocurrió hace 2.200 años bajo circunstancias totalmente diferentes, pero sorprendentemente, hay algunas similitudes. Los greco-sirios estaban más que dispuestos a torturar y/o asesinar a todo quien no se inclinara ante sus ídolos.

El Talmud dice que Januca no es la celebración de la victoria militar de los judíos por sobre los greco-sirios, sino que celebramos un pequeño milagro que fácilmente podría pasar desapercibido. Celebramos la pureza de un frasco de aceite y el sorprendente milagro que vino como resultado de su pureza.

La semana pasada en San Bernardino, Estados Unidos, en el medio del terror y de los asesinatos, ocurrió algo puro que hace eco no sólo del significado de Januca, sino también de la médula del espíritu humano mismo.

El miércoles pasado, la Sra. Denise Peraza estaba sentada junto al Sr. Shannon Johnson bromeando sobre cómo el reloj de la muralla de la oficina parecía estaba averiado, pues el tiempo estaba pasando demasiado lento. Cinco minutos después, ellos estaban gateando por debajo de los escritorios al mismo tiempo que intentaban cubrirse de las balas disparadas por terroristas islámicos. Shannon Johnson puso una silla frente a él, y luego escondió a Denise detrás él.

“Siempre recordaré su brazo izquierdo alrededor de mí, protegiéndome, sosteniéndome lo más cerca posible de él, detrás de aquella silla”, recuerda Denise. “Y en medio del caos, siempre recordaré cuando él dijo aquellas tres palabras: ‘Yo te cubro’”.

Shannon Johnson sacrificó su vida para escudar y proteger a su amiga Denise.

“Yo te cubro”.

La pureza y altruismo que hay detrás de estas palabras brillará resplandecientemente por siempre.

“Yo te cubro”. Esas fueron las palabras que llevaron consigo los primeros que acudieron a ayudar tras los atentados del 11 de septiembre del 2001, cuando ingresaron al interior de los edificios para salvar a trabajadores anónimos que desesperadamente intentaban escapar de allí. Son las mismas tres palabras que llevan consigo los soldados de las FDI cuando arriesgan sus vidas reiteradamente para proteger a los ciudadanos israelíes.

Hay una vela en la janukiá que se eleva por sobre el resto, y hay una razón para ello. Es para “servir” a las demás velas. En hebreo se llama shamash, el ‘sirviente’.

Por el resto de mi vida yo la llamaré la vela “Yo te cubro”. Su única razón de existir es entregarse a sí misma, mantener a las otras velas ardiendo, y nos recuerda la increíble pureza y bondad que hay en el espíritu humano.

Shannon Johnson vivió su vida como un shamash. Él representa a la vela “Yo te cubro”. Esta semana, mientras encendemos nuestras janukiot, hablemos de Shannon. Recordemos a las miles de personas que han encarnado estas tres simples palabras y nos han protegido y resguardado a lo largo de las generaciones, y encendamos el shamash que hay en cada uno de nosotros.

Saquemos a relucir nuestra luz interior, unamos nuestras velas “Yo te cubro” y eliminemos de una vez por todas la oscuridad.

Januca saméaj.