• 17 de Mayo, 2012 / 25 Iyar 5772
  • En Israel: Bejukotai

Es importante saber cómo entregar. Y es igual de importante saber cómo recibir.

por Emuna Braverman

Cuando mi esposo halaga mi apariencia, hago muecas. Cuando halaga mis acciones, respondo displicentemente. A veces cuando me alaba, incluso respondo agresivamente o con hostilidad, "Bueno, la cena debería saber rico. ¡Tú sabes cuantas horas estuve comprando y cocinando!".

Lo que rara vez hago es responder gentilmente. Lo que rara vez hago es lo que mi esposo sugiere, "Tan sólo di gracias".

Se ha escrito mucho sobre la dificultad que tienen las mujeres para aceptar cumplidos. No quiero repetir ese tema. Lo que quiero sugerir es que aceptar un cumplido – particularmente con una sonrisa y gratitud – puede ser tan amable para quien lo dijo como el cumplido es supuestamente amable para ti.

Puede ser hiriente y desconsiderado - o al menos confuso - para alguien que está intentando ser amable con nosotros cuando somos displicentes con sus palabras. (Y por supuesto, en una de esas clásicas paradojas neuróticas, si no se dan cuenta y no nos dicen un cumplido, entonces, ¡nos enojamos con ellos!).

No es bueno para nuestras relaciones que seamos descorteses en la recepción de cumplidos, ya sea que vienen de un lugar de modestia falsa o verdadera.

Para aprender a aceptar cumplidos, debemos dar un paso atrás. Todo comienza con cómo presentamos las cosas. En una de las cartas de Julia Child a su amiga, Avis DeVoto, ella sugiere que "…la joven anfitriona nunca debería decir nada acerca de lo que sirve, en la forma de "Oh, no sé como cocinar, y esto puede estar horroroso", o, "Pobre de mí", o "Esto resultó…" etc., etc. Es espantoso tener que tranquilizar a la anfitriona con que todo está delicioso, esté o no lo esté".

No aceptar un cumplido es degradante y decadente para quien lo dio.

Quizás tus invitados o los miembros de tu familia deberían agradecerte sin importar el sabor, pero tú no quieres forzarlos a eso. Tú no quieres poner a nadie en una posición incómoda. Puede haber un conflicto en nuestra actitud hacia los cumplidos, despreciando los que son ofrecidos sinceramente y luego buscando los que no lo son.

Debemos intentar sacar nuestro ego del asunto. Ya sea inseguridad u otra cosa, no aceptar un cumplido es degradante y decadente para quien lo dio. ¿Son irrelevantes sus palabras? ¿No consideramos su opinión seriamente? ¿Es nuestra visión la única que cuenta?

¿O estamos tan metidos en nuestro mundo interno que no nos damos cuenta de cómo nuestra reacción afecta a las personas a nuestro alrededor? Puede ser irónico pero es verdad. Es desconsiderado ser descortés al recibir un halago. (¿Qué tal eso como remordimiento?)

Es una completa redefinición enfocarse en el que dice el cumplido y no en nosotros. En vez de encender esas viejas cintas que dan vuelta en nuestras cabezas cuando recibimos un cumplido (todas esas variaciones de "no te lo mereces"), debemos enfocarnos en la otra persona. ¿Cómo podemos hacerlos sentir bien? ¿Cómo podemos demostrar que apreciamos sus amables palabras?

Definitivamente todo comienza con decir gracias. Y si simplemente podemos lograr eso – especialmente con una sonrisa, entonces podemos alabarnos por el logro.

Pero podemos ir un paso más allá… "Gracias por darte cuenta; he estado trabajando duro para perder peso". "Muchas gracias; acabo de comprar esta tenida y no estaba segura de si realmente me quedaba bien". "Eso es tan amable de tu parte; es difícil ser objetiva sobre nuestros propios hijos". "Caramba, tú realmente tienes un paladar sofisticado; me olvidé que le puse esa especia".

Es importante saber cómo entregar. Pero es igual de importante saber cómo recibir. Ambas son oportunidades para la bondad. Y todo comienza solamente con decir gracias.

Publicado: 30/1/2012

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Sobre el Autor

Emuna Braverman

Emuna Braverman tiene un título de derecho de la Universidad de Toronto y una Maestría en Psicología de la Universidad Pepperdine. Ella vive con su marido y sus nueve hijos en Los Ángeles donde ambos trabajan para Aish HaTorá. Cuando no está escribiendo para la Internet o cuidando de su familia, Emuna enseña clases de judaísmo, organiza grupos de cocina casher gourmet y recibe a muchos invitados para shabat.

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