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Camino #12: Crece enseñando

Camino #12: Crece enseñando

No dejes que tu idea sea sólo una noción confusa en tu mente. Transmítesela a otros y transfórmala en una realidad.

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La mayoría de las personas no se consideran a sí mismas 'maestros'. “¡¿Yo, un maestro?!”. Vemos el acto de enseñar como una profesión que requiere un entrenamiento formal y una certificación. Además, pensamos que debe existir una "habilidad natural" que hace que alguien sea un buen maestro.

El Camino #12 es pilpul hatalmidim, que significa literalmente 'discusiones con los estudiantes'. Para alcanzar sabiduría para la vida, “enseñar” debe ser básicamente una forma de vida. ¿Por qué? Porque si no puedes enseñar una idea, entonces significa que tú mismo no la entiendes realmente.

Recuerdas cuando estabas en la escuela y el maestro de matemáticas preguntaba: "¿Quién sabe esta ecuación?". Tú levantabas la mano y él decía: "Adelante, ¡enséñala a tus compañeros!". Entonces tú comenzabas a murmurar: "Bueno, umm..." Creías que la sabías, pero cuando intentaste explicarla te diste cuenta de lo contrario.

Tener que explicar la idea a otros te fuerza a clarificarla para ti mismo. Te obliga a examinar todo de forma más minuciosa: los detalles, la progresión lógica, etc. Y te hace estar motivado con la idea. Como dicen nuestros sabios: “Aprendí mucho de mis maestros. Aprendí aún más de mis colegas. Pero más que de todos, aprendí de mis alumnos”.

Mientras no compartas una idea, ésta no será tuya; será sólo una noción confusa en tu mente. Transmitir una idea a los demás la convierte en algo real. Habrás transformado el potencial en algo real. Al enseñar a otros te estarás enseñando a ti mismo.

La obligación de enseñar

Enseñar es también una profunda obligación moral. ¿Por qué? Imagínate que alguien conoce la cura para el cáncer y no quiere compartirla con nadie. Él está feliz con dejar que todos sufran. ¿Cómo lo llamaríamos? ¡Asesino!

Ahora debes saber que la peor enfermedad la más destructiva, la más dolorosa y la más contagiosa de todas es la ignorancia. La ignorancia pervierte a la gente y los lleva a tener vidas contraproducentes. La ignorancia conduce a una vida de sufrimiento, causa que la gente arruine a sus propios hijos, tenga conflictos con sus parejas y sufra en un trabajo sin sentido toda la vida. Todo esto es provocado por la ignorancia.

Si entiendes algo sobre la vida y no lo compartes, eres un desconsiderado. Hay algo en ti que dice: "No me importan los demás. Soy un lobo solitario". Vivir en un vacío no es humano. ¿Lo ves?

Por ejemplo, si conoces el secreto de la felicidad, ¡compártelo! Si ves a una persona caminando deprimida, casi muerta, ¡dale un poco de alegría! De lo contrario, siempre cargarás en tu conciencia con el conocimiento de “lo que podrías haber hecho”.

Cuando reduces la ignorancia en el mundo incluso un poco le estás dando un increíble regalo a la humanidad. Algunas enfermedades sólo pueden ser tratadas por doctores especialistas, pero la ignorancia puede ser tratada por cualquier persona que se tome la sabiduría en serio.

Ayuda a curar el problema mundial de la ignorancia. Enseña sabiduría.

La necesidad de comunicar

Todos disfrutamos cuando ayudamos a cambiar la vida de los demás. El noventa y nueve por ciento del mundo ya sean periodistas, psicólogos, dentistas, etc. están motivados (aunque sea un poco) con ayudar a los demás. Es un impulso natural humano. Y mientras más personas influenciemos positivamente, mejor nos sentiremos con nosotros mismos.

¿Sabes cómo se juega al béisbol, verdad? Si vez a alguien agarrando el bate al revés, ¿qué haces? Ves cómo esta persona batea mal una vez, y luego otra. Entonces te acercas y le dices: "Perdóname, no te estoy criticando, pero si tomas el bate del otro lado podrás batear mejor. ¿Por qué no lo intentas y ves si funciona?". ¡Le enseñas lo que sabes porque te duele observar a alguien perdiendo el tiempo, incluso si está en el equipo contrario!

Enseñar es una manera de crear un lazo eterno con otra persona. ¿Recuerdas cuando tu tío te enseñó a silbar? Debes saber que esa satisfacción es mucho mayor cuando compartes un poco de sabiduría sobre la vida con otra persona.

No te menosprecies. Tú tienes la capacidad de provocar un gran cambio en la vida de los demás. No tienes que ser necesariamente un doctor o un trabajador social para esto. Con un poco de sabiduría puedes ayudar a la humanidad.

Piensa en experiencias de vida que te hayan cambiado. Probablemente hay algo que te hizo madurar, o que te ha ayudado a enfrentar los problemas de mejor manera, a ser más independiente, o a ser más tolerante. Si esa experiencia quedó grabada en tu memoria, entonces vale la pena compartirla con los demás.

Creando el deseo

Imagina que hay un niño que está enfermo con una extraña enfermedad. Si fuera alguien conocido, probablemente dirías: "Oh, que terrible. ¡Es una lástima!".

Si fuera tu primo, tomarías un poco de responsabilidad en el asunto, como por ejemplo, buscando información relevante en Internet.

Pero si fuera tu propio hijo, harías todo lo que estuviera en tus manos.

Conozco una pareja joven, él es un hombre de negocios y ella es doctora. Ellos descubrieron que sus dos hijos pequeños tenían la Enfermedad de Gaucher, una condición debilitante de por vida que incluso puede llegar a ser fatal. Entonces, ¿qué hicieron ellos? Juntos fundaron una organización que se dedica a buscar una cura para la enfermedad de Gaucher. Ella se dedica a la investigación médica y él al levantamiento de fondos.

No había ninguna garantía de que tendrían éxito. Pero dado que se trataba de sus propios hijos, no tenían más alternativa que intentarlo. Luego de seis años, desarrollaron una enzima sintética que era capaz de tratar efectivamente la condición, y sus hijos se transformaron en las primeras personas del mundo en tener un pronóstico esperanzador.

Entonces, ¿cómo nos motivamos a ayudar?

Debe importarte.

Cuando nos importe lo suficiente, haremos el esfuerzo.

No aburras a tu audiencia

“Ooooaaahh (bostezo), qué aburrimiento... aquí viene de nuevo con otro monólogo”.

Cuando enseñes, no recites un manifiesto. Lo que estás enseñando debe ser relevante. Enseñar significa llegar a alguien, hacer que aprecie lo que tú sientes que es importante.

Quizás quieras comenzar con un chiste o con una historia que atraiga la atención de la audiencia.

Motiva a tus estudiantes a hacer preguntas que revelen la esencia del mensaje. Cuando alguien hace una pregunta, es una señal de que está en “modalidad de aprender”. Pero cuando están meramente escuchando una charla, sus mentes pueden divagar, ¡y no volver hasta que sea hora de ir a casa!

Nunca pierdas de vista a tu audiencia. Debes “sentir” cómo están reaccionando a tu mensaje. La gente por lo general está dispuesta a escuchar lo que sea, siempre y cuando esto sea dicho de una forma en que ellos puedan apreciarlo y entenderlo.

Clarifica tu objetivo

Sé claro y conciso. Explica en términos simples lo que quieres comunicar. Si no puedes resumir tu mensaje en una o dos líneas, significa que no está lo suficientemente claro en tu mente. Y sin lugar a dudas, tu público acabará confundido.

Imagina que tienes 12 años y que tu hermano pequeño está desordenando tu cuarto. "¡Más te vale que no desordenes mi cuarto o voy a tener que romperte la cara!". ¿Es la amenaza de violencia lo que quieres comunicar? ¡No! Lo que realmente quieres es que él sepa que es una falta de educación el desordenar el cuarto de otra persona y que si lo hace sufrirá las consecuencias. Ese es el punto, ¿verdad?

Entonces, ¿cómo le comunicas eso? La pregunta no es cómo vas a irritarlo, desafiarlo, enfrentarlo y hacer que sea tu enemigo. La pregunta es cómo llegar a él. Tómate el tiempo para descubrirlo.

Refina el mensaje: “Querido hermano, tal como a ti no te gusta tener tu cuarto desordenado, yo tampoco quiero que el mío esté desordenado”. ¡Así es mucho mejor! Le has enseñado un principio muy importante para vivir: "Ama a tu prójimo como a ti mismo".

Deja de gritar, deja de pelear. Comienza a enseñar, comienza a conectarte con el otro.

Enseña, no prediques

"¡Yo no soy un predicador! ¿Quién soy yo para decirle a la gente qué hacer?".

Predicar es dar información con fuego y azufre, sin prestar atención a lo que la audiencia está sintiendo. Un predicador ordena: "Yo soy la autoridad... Yo te enderezaré... Acepta lo que yo digo... No preguntes... Apaga tu mente... Escúchame... ¡Obedéceme!".

Predicar es ser un semidiós y hacer que la gente se sobreexcite y se sienta sobrecogida, para poder influir en ellos por medio de una sacudida emocional. Eso no es enseñar. ¡Eso es lavarles el cerebro! Y esa no es de ninguna manera la forma judía de enseñar.

¿Qué es enseñar? Enseñar es transmitirle a un ser humano independiente la claridad de un concepto. Es hacer que los demás vean y entiendan tu mensaje en sus propios términos. Es permitirle al estudiante entrar en contacto con aquello que él ya conoce con anterioridad para poder redescubrirlo por sí mismo.

Un maestro apasionado puede ser muy inspirador, pero igualmente debe ser capaz de transmitir las ideas de una manera en la que las emociones no interfieran y distorsionen el mensaje. ¿Entiendes la diferencia?

Si enseñas pensando "los voy a enderezar", entonces nadie va a escucharte. Habla “con” la gente, y no “a” la gente. Y debes estar abierto a la retroalimentación: "Si estoy equivocado, por favor corríjanme". Dales espacio a tus estudiantes para que evalúen los argumentos y tomen sus propias decisiones. Ten confianza en que la verdad prevalecerá. De otra manera, los estarás forzando a que se traguen tus ideas.

Hazlo real

Repasa tu material hasta saberlo a la perfección. Antes de comunicar una idea, repasa los puntos importantes. Esto fortalece tu confianza, para que en el momento de enseñarlo, puedas enfocarte menos en el contenido y más en la presentación.

No puedes recitar notas muertas. Incluso si has enseñado el mismo material 100 veces, éste debe ser real para ti. Tiene que estimularte. De esta manera, algo mucho más sincero saldrá de ti. Como dicen nuestros sabios: "Lo que sale del corazón, entra al corazón".

Lo mejor es repasar en forma rutinaria, por lo menos una vez al año. ¡El Talmud dice que inclusive Dios repasó la Torá cuatro veces antes de transmitírsela a Moshé!

Inspira acción

Es posible estar expuesto a una idea, creer que la entiendes e igualmente estar perdiendo casi por completo la idea esencial. Es por eso que a veces la gente es inconsistente e incluso contradictoria en su actuar.

Enseñar no es sólo transmitir bytes de información; es causar un cambio de comportamiento. Piensa en cómo transmitir una idea, de forma tal que los demás no sólo la aprecien, sino que también la pongan en práctica. De otra forma, no habrás tenido éxito enseñando.

Las ideas impactan a la gente. Las ideas cambian la manera en que la gente piensa, y les otorga las herramientas para cambiar su forma de actuar.

Desarrolla un plan para enseñar buenas clases. Trabaja sobre los pasos para hacer que la gente realmente implemente lo que enseñas.

¿Por qué enseñar es un Camino a la Sabiduría?

  • La prueba de fuego para comprobar si has entendido apropiadamente una idea o no, es enseñársela a otra persona. Hasta que no puedas hacer esto, no la habrás comprendido realmente.

  • Todos queremos ser buenos. Compartir tu sabiduría te da el auto-respeto que viene con el acto de compartir.

  • Si tu propio hijo necesitara que le enseñes algo importante, te importaría lo suficiente como para enseñárselo.

  • Enseña cuando sea que puedas. Cuanto más practiques, mejor serás en ello.

  • Enseñarle a los demás de forma significativa es una expresión profunda de creatividad.

  • Los estudiantes te hacen ser honesto contigo mismo.

  • Si tienes un poco de sabiduría, hay una obligación moral de enseñarla.

  • Enseñar a los demás contribuye a mejorar el mundo.

Artículo 12 de 50 en la serie Los 48 Caminos a la Sabiduría

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Comentarios: 1

(1) Jorge, December 29, 2008 8:23 PM

crece enseñando

excelente tema, el cual nos hace reflexionar sobre como enseñamos.

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