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Camino #14: Instrucciones escritas para la vida

Camino #14: Instrucciones escritas para la vida

La Torá no es un texto arcaico del mundo antiguo. Es la esencia del judaísmo, que a su vez es la esencia de nosotros mismos.

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El pueblo judío tiene tanto una serie de "instrucciones escritas para la vida", llamadas Torá Escrita, como una serie de "instrucciones orales para la vida", llamadas Torá Oral o Talmud.

El Camino #14 es be-mikra, el estudio de las instrucciones escritas. La Torá escrita consta de tres partes, y contiene un total de 24 libros:

  • Torá - Los Cinco Libros de Moshé, que fueron revelados al pueblo judío por Dios en el monte Sinai.

  • Los Profetas - Dios habló con varios profetas (Isaías, Jeremías, Ezequiel, etc.) - quienes transmitieron mensajes que fortalecían el compromiso del pueblo judío con la Torá.

  • Los Escritos – Los Escritos (Proverbios, Salmos, el libro de Ester, etc.) enfatizan el mensaje de Dios en forma poética.

La Torá es el libro más vendido de todos los tiempos y ha causado un enorme impacto en la sociedad occidental. Todo el mundo debería estudiar la Torá al menos una vez en la vida.

Ama a tu prójimo como a ti mismo”, lo dijo primero la Torá. La famosa visión profética de la paz de Isaías adorna las Naciones Unidas. Y hay muchos otros ejemplos de cómo ha influido la Torá escrita en la sociedad occidental.

No necesitas aceptar la existencia de Dios para aprender los conceptos básicos. Ya sea en las relaciones interpersonales, en el conocimiento de uno mismo, en las relaciones sociales, o en las preocupaciones medioambientales, la Torá es la mejor guía disponible en el mercado.

En un nivel más profundo, la tradición judía dice que la Torá es algo así como los "planos de la creación". Todo lo que existe en la vida puede ser encontrado en la Torá… si haces las preguntas correctas y si posees las herramientas adecuadas.

Comunicación intergaláctica

Imagina que recibieras un mensaje del espacio exterior. Quizás no entenderías completamente su significado, pero igualmente estarías fascinado. Estudiarías cada palabra y tratarías de descifrarla.

La Torá es la palabra de Dios, que fue comunicada al pueblo judío en el Monte Sinai. Si alguna parte de la Torá no parece hacer sentido, no las pases por alto como si fuese irrelevante. Sigue preguntando, buscando, profundizando.

Estudia con profundidad lo que te está diciendo cada frase de la Torá. Todas las historias y mandamientos son en realidad mensajes filosóficos que están esperando ser revelados por mentes intelectualmente activas. El diluvio, la torre de Babel, la apertura del mar, todos estos hechos contienen una profunda sabiduría para la vida. Incluso las fechas, nombres, números, eventos y linajes están allí para enseñarnos algo. El mensaje está generalmente entrelíneas. Y cuando el mensaje parece ser obvio, hay mucho más debajo de la superficie.

Veamos un ejemplo. En el capítulo 18 del libro de Génesis, Abraham está en el medio de una conversación con Dios. Entonces, pasan tres extraños y Abraham corre inmediatamente a servirles. En este punto, el lector atento debería preguntarse: ¿Por qué Abraham dejaría de conversar con Dios solamente para servir a 3 extraños? No hace sentido. ¡Incluso un ateo admitiría que hablar con Dios es una experiencia superior!

De acá podemos aprender una profunda lección espiritual: Incluso más importante que hablar con Dios, es ser como Dios.

¿Qué significa “ser como Él”?

Dios creó el mundo para que tengamos placer. Todo lo que Él puso aquí deliciosos frutos, nuestras manos, el amor son manifestaciones de Su bondad. Este mundo es un gran hotel de hospitalidad. Por lo tanto, cuando tú tomas el rol de anfitrión, de servir a tu prójimo, estás siendo como Dios. Abraham era rico y famoso, pero a pesar de eso, servía a extraños. Él había comprendido la lección.

Lee la Torá de forma inteligente. La Torá es la fuerza motriz detrás de los logros del pueblo judío, y es tan válida hoy en día como lo era 3.500 años atrás. No descartes su validez sin hacer primero un esfuerzo por estudiarla. Respeta la Torá. Es un tesoro escondido, un mensaje especial que viene directamente de Dios.

El original

Si quieres entender la Torá escrita, debes aprender hebreo. No hay forma de entender correctamente la Torá por medio de una traducción.

Por ejemplo, la Torá utiliza diez nombres diferentes para referirse a Dios. Cada uno de estos “nombres” hace referencia a un aspecto único de la esencia de Dios: omnisciente, omnipotente, existencia primigenia, piadoso, etc. Pero en español, todos estos nombres son traducidos igual, con lo cual se pierde toda la profundidad contenida.

Peor aún, las traducciones de la Torá llevan a concepciones erróneas. Por ejemplo, si estás leyendo una traducción, de pronto te encontraras con la palabra “pecado”. Pecado, mal, castigo. Pero la palabra en hebreo “jet” no significa pecado. “Jet” aparece en la Torá en referencia a una flecha que erra su objetivo. No hay nada inherentemente “malo” con la flecha (o con el arquero). Simplemente se ha cometido un error por falta de foco, concentración o habilidad.

De aquí aprendemos que los seres humanos son esencialmente buenos. Nadie quiere pecar. Ocasionalmente cometemos un error, perdemos el foco, y no le apuntamos al blanco. Pero en esencia siempre queremos hacer el bien. Esta es una gran lección para la autoestima. ¡Simplemente debes ajustar la puntería y volver a intentarlo!

Con la traducción, el mensaje se pierde. De hecho, han nacido nuevas religiones basadas en traducciones erróneas. Para entenderlo correctamente, debes aprender hebreo.

Ideas preconcebidas

Una vez vi una revista que hablaba de un grupo de hippies que pasaban su día leyendo el libro bíblico llamado “Cantar de los Cantares”. Dicho libro está escrito en forma de poema, es una canción de amor entre un hombre y una mujer que simboliza la relación que hay entre Dios y la humanidad. El mensaje es tan profundo y hermoso que el pueblo judío llama a este libro “lo más santo de lo santo”.

Este grupo de hippies se juntaban y los hombres leían las líneas correspondientes a los hombres, y las mujeres leían las líneas correspondientes a las mujeres. La revista decía que ellos leían el “Cantar de los Cantares” y tenían una experiencia fantástica.

Luego, las mujeres proclamaron que finalmente habían encontrado una porción en la Torá que había sido escrita por una mujer, porque ningún hombre podría alguna vez entender los sentimientos de una mujer de forma tan profunda y expresarlos de forma tan potente. Ellas concluyeron que sólo un hermafrodita podría haber escrito la Torá. ¿Pero Dios? No, eso era inconcebible.

Desafortunadamente, los críticos bíblicos suelen partir desde una posición preconcebida, y cuando la Torá no calza con esos parámetros se ven forzados a sacar conclusiones inverosímiles. Ellos no consideran seriamente la idea de una Torá de origen Divino que haya sido entregada en una “revelación nacional”.

Sin embargo, nosotros sabemos por tradición que 3 millones de hombres, mujeres y niños se pararon a los pies del Monte Sinai y escucharon la Torá directamente de Dios. Y por los 3.300 años siguientes, ninguna otra religión ha proclamado algo como eso, simplemente porque un hecho como ese es imposible de inventar.

Naturaleza y milagros

Algunos críticos bíblicos tienen problemas para aceptar la idea de la intervención Divina. Para ellos, todo fenómeno bíblico debe ser explicado en términos de la naturaleza. Un libro llamado “Mundos en Colisión”, por ejemplo, explica la apertura del mar de la siguiente forma:

Un gran cometa se acercó a la tierra en el momento en que los egipcios estaban persiguiendo a los judíos. En ese preciso momento, el cometa estaba exactamente en la posición requerida para que el mar se partiese por medio de la acción de la fuerza de gravedad que éste producía, haciendo que quedase tierra seca entre dos murallas de agua. Los judíos entraron al mar, y obviamente los egipcios los siguieron. Los judíos alcanzaron a salir por el otro lado, y luego de esto, el cometa terminó de pasar, las aguas retornaron a su curso normal y los egipcios murieron ahogados.

¿Simple, verdad? No necesitas a Dios.

¿Cómo explica este libro el Maná que recolectaban los judíos cada mañana durante los 40 años que estuvieron en el desierto? Dice que después de que el cometa pasó, partículas de petróleo quedaron suspendidas en la parte alta de la atmósfera. Éstas eventualmente se quemaron y se mezclaron con el rocío. Luego el rocío se combinó con una microbacteria que digiere el petróleo y lo convierte en proteínas.

Y esto explica como cada mañana, por 40 años, la nación judía recogió maná, “rocío que contenía proteínas predigeridas por microbacterias”. Los viernes, había doble porción, pero él no explicó eso…

Estas explicaciones están perdiendo el punto principal. La Torá no es un libro de historia, de física o de cuentos, sino que es Torat Jaim, que significa literalmente 'instrucciones para la vida'. Cada palabra y cada frase contienen un mensaje sobre cómo maximizar el placer en la vida. Busca el mensaje profundo la sabiduría contenida y vas a obtener una gran recompensa.

El momento es ahora

La primera frase que se le enseña a un niño judío es Torá tzivá lanu Moshé, morashá keilat Yaakov, 'La Torá fue comandada a nosotros por medio de Moshé y es la herencia de cada judío'. La Torá fue entregada a todos. No es de dominio exclusivo de alguna casta sacerdotal. Es un documento vivo, que respira; es la sangre de nuestra nación. En todo momento debemos estar envueltos en su estudio y práctica. Como está escrito, “deberás meditar en ella día y noche” (Ieoshua 1:8).

Puede que tu educación académica haya terminado, y que hayas llegado a un punto en que eres tan buen “profesional” como necesitas ser. Pero el estudio de Torá comienza en una edad temprana y continúa a lo largo de toda la vida. A medida que tu madurez y tu conciencia de la realidad aumentan, tu entendimiento de conceptos que pensabas que comprendías también irá aumentando.

Todo judío debe repasar la porción semanal de la Torá tres veces durante la semana, y luego deben oírla nuevamente en la sinagoga en Shabat. Repasamos, hacemos preguntas, discutimos los temas. “¿Qué ves? ¿Qué es difícil? ¿Qué no entiendes?”.

Luego de estudiar una porción de la Torá, organízala para que esté al alcance de tu mano. Por ejemplo, los cinco libros de Moshé están divididos en 54 porciones semanales y 674 capítulos. Luego de estudiar un capítulo, haz una pausa y asígnale una palabra clave o frase al capítulo. Así tendrás un mecanismo de acceso a la sabiduría que estos contienen.

Algunas personas se excusan diciendo “soy muy viejo para comenzar a estudiar”. Pero el sabio talmúdico Rabí Akiva no aprendió ni siquiera el abecedario sino hasta que tenía 40 años. ¡Y este es el mismo Rabí Akiva que se convirtió en el más grande sabio de su generación y que llegó a tener 24 mil alumnos!

Algunas personas no quieren estudiar Torá porque piensan que nunca podrán convertirse en grandes eruditos, y por lo tanto “para qué comenzar”. Este es un pensamiento erróneo. Cada gota de estudio de Torá es preciada y eterna.

El árbol de la vida

Hay dos maneras de adquirir sabiduría: mediante la experiencia de vida, o por medio del estudio de Torá.

El judaísmo dice que es mejor obtener la sabiduría por medio del estudio de Torá. ¿Por qué? Porque a pesar de que puedes aprender de la experiencia, ésta tiene un efecto residual negativo. Es verdad, una mujer que experimenta una serie de relaciones amorosas fallidas terminará aprendiendo eventualmente cuáles son las cualidades de un buen marido. Pero si ella hubiese estudiado con anterioridad, se podría haber evitado muchos dolores de cabeza innecesarios.

Aprendemos esta lección del Jardín del Edén. Allí hay una historia que pareciera ser un verdadero cuento de hadas: hay dos árboles en el medio del jardín, y Dios le instruye a Adam que el árbol de la vida (que simboliza la obtención de la sabiduría por medio del estudio de Torá) fue hecho para comer, mientras que el árbol del conocimiento (que simboliza la obtención de sabiduría por medio de la experiencia) es mejor evitarlo. ¿Cuál fue el error de Adam? Él comió del árbol del conocimiento.

No tenemos la paciencia para llegar a conocernos a nosotros mismos y queremos aprender de la experiencia. Mucha gente dice: “Después de que gane mucho dinero, cuando mi negocio se auto sustente, entonces me tomaré el tiempo para estudiar Torá. Pero primero necesito experimentar un poco la vida”.

Tres divorcios más tarde…

No digas “cuando tenga tiempo voy a estudiar”, porque quizás nunca tendrás el tiempo. Hablando de forma realista, una vez que seas promovido a vicepresidente de la compañía, ¿crees que tendrás más tiempo libre o menos tiempo libre?

La Torá es un “árbol de vida” para quienes se apegan a él. Cuando estudiamos Torá, no estamos estudiando un texto abstracto y arcaico del mundo antiguo, sino que estamos descubriendo la esencia de nosotros mismos.

¿Por qué la Torá escrita es un Camino a la Sabiduría?

  • Lee la Torá de principio a fin. Si aún no has aprendido hebreo, compra una traducción autentica judía.

  • Estudia Torá. Descubre las instrucciones de Dios para la vida. No esperes a que tu vida esté casi acabada.

  • Entiende la Torá. Es el libro que cambió el mundo. Haz preguntas hasta que entiendas el mensaje en detalle.

  • Analiza todas las diferencias que encuentres y resuélvelas. No hay discrepancias “accidentales” en la Torá. Si buscas bien, encontrarás las respuestas.

  • Organiza el conocimiento. Éste es útil sólo cuando está a tu alcance. La Torá debiese ser tu enciclopedia, tu almanaque y tu índice para la vida.

  • Repasa la Torá para recordarla. No saldrías a la carretera sin un mapa. Asimismo, cuando vayas por la vida, no dejes la Torá atrás.

  • Integra la Torá a tu vida. Haz que las ideas que contiene sean parte de tu realidad. Rabí Akiva decía que un judío sin Torá es como un pez sin agua.

  • Renuévate. Refresca tu conocimiento de Torá a medida que tu vida avanza. No “honres a tus padres” a los 25 años de la misma manera que lo hacías a los 5 años.

  • Actualízate. El primer párrafo del Shemá tiene 48 palabras, que corresponden a los 48 caminos a la sabiduría. La sabiduría de la Torá es infinitamente vasta. Debes profundizar siempre un nivel más allá.

Artículo 14 de 50 en la serie Los 48 Caminos a la Sabiduría

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