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Camino #29: Sutiles trampas de la arrogancia

Camino #29: Sutiles trampas de la arrogancia

Distingue entre orgullo ("soy mejor que los demás") y placer ("soy afortunado").

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Imagínate que ganas la lotería. ¡No cabrías en ti de alegría! ¿Pero acaso atribuirías tu nueva fortuna a tu increíble inteligencia y habilidad? ¡Por supuesto que no! Por otro lado, si inventas un producto que te hace ganar un millón de dólares, es probable que empieces a creer que eres mejor que los demás.

Existe un sentimiento positivo —justificado, por cierto— que se genera al lograr algo. Pero los 48 caminos dicen: Cuando logramos algo, debemos distinguir entre orgullo y placer.

Orgullo significa: "Lo logré. Por lo tanto, soy mejor que los demás".

Placer significa: "Gracias a Dios se me dio esta oportunidad para disfrutar y lograr algo. No soy mejor, sólo soy afortunado".

El Camino #29 es Einó majzik tová leatzmó, que significa literalmente ‘no atribuirse méritos a uno mismo’. Reflexiona por algunos minutos y piensa en algo de lo cual estés realmente orgulloso. ¿Te hace sentir más agradecido o más arrogante?

Facultades naturales, dones naturales

La arrogancia surge comúnmente cuando se trata de habilidades naturales. La gente a menudo presume de su fuerza física, salud y belleza. ¡Pero eso es absurdo! A pesar de que una persona puede realmente mejorar estas cualidades con ejercicio y una buena dieta, en esencia son regalos innatos. Es casi racista sostener que una persona es inherentemente mejor que otra porque posee una nariz perfecta y pómulos bien formados.

Sin embargo, la gente suele presumir de tales cosas. ¿Te sucedió alguna vez que estabas en cama con un resfrío terrible y un visitante te dijo con orgullo "yo nunca me enfermo"? Si hubieras tenido fuerzas, ¡lo habrías tomado del cuello!

¿Y en el caso de la destreza intelectual? ¿Acaso un genio debería ser alabado por la buena suerte de tener un cerebro ágil?

En definitiva, todo lo que poseemos es un regalo de Dios. A los arrogantes les cuesta reconocer esta realidad. No quieren aceptar que Dios los ha ayudado, porque no están dispuestos a renunciar al orgullo que acompaña a sus logros.

La próxima vez que sientas orgullo por una habilidad natural, pregúntate: "¿Acaso hice algo para conseguirla?".

¿Posees destrezas atléticas? ¿Buena memoria? ¿Talento artístico? Disfrútalo, pero no sientas orgullo.

El orgullo de lograr algo

¿Tuviste alguna vez un amigo que repentinamente se volvió rico o alcanzó el éxito profesional y ahora apenas te dirige la palabra?

Es común que nos volvamos arrogantes por las cosas que logramos mediante nuestro esfuerzo, porque es entonces cuando una persona realmente siente que "lo logró".

La manera de cuidarte ante esta clase de orgullo consiste en sentirte agradecido por las ideas que tuviste y con las personas que te ayudaron a alcanzar tu meta. Nunca lograríamos nada si no fuera por nuestros padres y maestros, o si no fuera por las personas que trazaron el camino antes de nosotros. Es bueno disfrutar de nuestros logros, ¡pero no al extremo de pensar que eso nos hace superiores a los demás!

Por ejemplo, tú sabes como utilizar una computadora. Tus abuelos probablemente nunca utilizaron una computadora, a pesar de que no son menos inteligentes que tú. Tus destrezas computacionales sólo son posibles gracias a la época en la que vives. Y la siguiente generación sin duda poseerá habilidades tecnológicas que hallarás igualmente intimidantes.

Debemos enfocarnos bien. La próxima vez que empieces a sentirte orgulloso de algo, pregúntate: "¿Acaso controlé todas las circunstancias que me colocaron en el lugar indicado y en el momento preciso para gozar de esta maravillosa oportunidad?".

Mantente alerta de los presumidos

Los presumidos son prepotentes. Tienen muy poca paciencia con quienes no tienen idénticos logros a su haber.

Los padres que se sienten "realizados" tienden a provocar un sentimiento de inadecuación en sus hijos si éstos no exhiben el mismo ímpetu y habilidad. Muchos padres, según ellos por amor, exigen tanto de sus hijos que éstos acaban sintiéndose como unos fracasados.

Por otro lado, los padres que se sienten agradecidos por su éxito son pacientes con las personas que no tienen determinadas habilidades – especialmente si son sus propios hijos.

Los 48 caminos dicen: El orgullo lleva al desprecio; la gratitud lleva a la compasión. Orgullo significa menospreciar a los demás. Debes cuidarte mucho de no destruir a los demás en el trayecto hacia tu meta.

Orgulloso de la bondad propia

La arrogancia respecto a nuestra propia bondad es la más peligrosa, pues muchas de las peores fechorías de la historia fueron cometidas en aras de la "bondad".

¿Escuchaste alguna vez a alguien decir "nunca le hice mal a nadie"? Esa sería una gran proeza si fuese verdad. Sin embargo, es muy poco probable que nunca haya insultado a algún familiar o amigo.

Además, siempre hay niveles superiores de "bondad", como por ejemplo luchar por la justicia social. No debes presumir ni ser arrogante por las cosas buenas que hayas logrado, porque no existen límites con respecto a lo que podemos lograr.

¿Acaso las personas religiosas piensan que son mejores que los demás? Es verdad que creer que posees la palabra revelada de Dios puede llevarte a la complacencia y a la arrogancia. Pero es por ese motivo que las personas religiosas intentan esforzarse al máximo por ser humildes.

La arrogancia en la sociedad

En cierto modo, todos nos enorgullecemos de nuestra propia sociedad, nación o cultura. Quienes nacieron en China probablemente sean comunistas, a mucha honra. Si hubieras nacido en España probablemente serías un orgulloso católico. Y hubieses nacido en Irán, quizás serías un fundamentalista islámico - ¡a mucha honra!

La influencia de la sociedad es tan poderosa que a menudo adoptamos valores sin siquiera percatarnos de ello. Luego, esos valores pasan a ser más un "instinto emotivo" que una "conciencia intelectual". Por ejemplo, los estadounidenses pueden sentir que quienes hablan inglés con un marcado acento extranjero ¡son menos inteligentes!

Por cierto, no existe nexo alguno entre la intelectualidad y la decencia y bondad. En la Conferencia de Wanasee (la reunión nazi convocada para formular la "Solución Final" para el exterminio de los judíos), 9 de sus 13 participantes poseían el grado académico de "Doctor". Esas eran las mentes más creativas y científicas del mundo civilizado.

Los 48 caminos dicen que es crucial que evaluemos nuestras convicciones. De lo contrario, seguirás ciegamente los dictados de tu sociedad.

  1. Identifica los orígenes de tus valores.

  2. Defínelos.

  3. Determina objetivamente si esos valores son buenos.

  4. Procura que sean tus propios valores.

Un obstáculo para la sabiduría

El orgullo es uno de los mayores obstáculos para alcanzar la sabiduría. Si eres arrogante, ¡te resultará imposible aprender de los demás! Tal como enseñan nuestros sabios: "¿Quién es sabio? Aquél que aprende de todas las personas" (Pirkei Avot 4:1).

Siéntete agradecido hacia tus maestros. Es arrogante decir: "Esto es sencillo, siempre lo supe". Si alguien invierte tiempo para enseñarte algo, reconoce su esfuerzo, independientemente de si piensas que has aprendido algo o no.

Debes darte cuenta del daño que puede provocar el orgullo. Si alguien se te acerca y cuestiona algo de lo cual te sientes orgulloso, entonces lo tomarás como un ataque personal, te pondrás a la defensiva y esto te impedirá poder seguir prestando atención.

Pero si alguien te dice que estás haciendo algo mal y dejas el orgullo de lado, entonces escucharás con atención. "¡Si obtuve tanto placer de hacer lo que yo creía que estaba bien, entonces cuánto mayor será el placer que podré obtener por hacer algo que realmente esté bien!".

La gente comete el error de pensar que tienen que pregonar su éxito para sentirse bien al respecto. Pero la verdad es que el no atribuirse méritos suele traer como resultado un mejor sentimiento, porque de esa manera hacemos el bien sencillamente porque es lo correcto y no por la fama que nos pueda ofrecer.

La medicina que cura la arrogancia

¿Qué le pasa a una persona arrogante cuando entra alguien más importante que él a la habitación? Se queda misteriosamente callado.

La mejor medicina contra la arrogancia es darse cuenta que Dios nos puso en este mundo para lograr grandes cosas. Todos queremos ser el que mete el gol ganador del partido. Si reconoces esta necesidad de alcanzar la grandeza, entonces te darás cuenta que no importa lo que hayas logrado, aún no haz ni siquiera comenzado a desarrollar todo tu potencial.

Por ejemplo, si te dedicas a la compra y venta de propiedades, probablemente estés orgulloso de la vez que compraste una propiedad en 10.000 dólares y la vendiste en 25.000 dólares. Pero cuando ves que alguien la vendió en 1 millón de dólares, ¡entonces te das cuenta de cuanto te falta por crecer!

Un antiguo dicho dice que “un gato gordo no puede correr”. Si te conviertes en alguien que esta satisfecho con lo logrado, entonces probablemente no progresarás hacia logros aún mayores. ¡Te volverás complaciente y quedarás atrapado en ese nivel por siempre!

Cada vez que sientas que te estás volviendo demasiado orgulloso, recuérdate a ti mismo que significa la verdadera grandeza y cuán lejos estás de alcanzar tu verdadero potencial. Esto te bajara de vuelta a la tierra. Luego, detente a disfrutar de cuán lejos has llegado. ¡Esto te devolverá el balance!

¿Por qué evitar la arrogancia es un Camino a la Sabiduría?

  • Si estas ocupado felicitándote a ti mismo por lo que has logrado, no te esforzarás por lograr más.

  • Si estás constantemente defendiendo tus opiniones, nunca estarás dispuesto a escuchar a los demás.

  • Si presumes de tus ideas, te estarás limitando.

  • Si eres agradecido, crecerás como persona.

  • Si te da placer hacer lo correcto, entonces busca más placer.

16/5/2009

Artículo 29 de 50 en la serie Los 48 Caminos a la Sabiduría

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