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Camino #32: Ama a la humanidad

Camino #32: Ama a la humanidad

Imagina que nunca antes has visto un ser humano. ¡Qué creación más fantástica!

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Imagina que estás en una isla desierta y que nunca antes has visto a otro ser humano. Cuando te encuentras con uno por primera vez, estás emocionadísimo. Él camina, habla y piensa. Te das cuenta de que es un hermoso e increíble reflejo de Dios.

Cuán irónico es el hecho de que si te topases con esa misma persona en tu ciudad, probablemente serías indiferente.

Nuestro error es que damos a las personas por sentado. Hay tantas, que nos aburrimos.

El Camino #32 es Ohev et habriot, que literalmente significa ‘amar a las creaciones’. Más específicamente, esto nos enseña a amar a los seres humanos, que son el pináculo de la creación. Eso no implica que tengamos que ignorar todo lo demás. Por el contrario, si amamos a las personas, entonces de ahí fluirá naturalmente el amor hacia los animales, árboles y el resto de la creación.

No basta con amar a Dios y a tu familia. También debes amar a la humanidad en su totalidad. Esto parece inalcanzable, pero constituye el ideal judío. El odio y la cizaña son aberraciones; paz entre la humanidad es lo que debería haber. Lo encuentras explícitamente en la Torá: "Ama a tu prójimo como a ti mismo".

Podemos conectarnos con todos los seres humanos y amarlos. Aprecia la belleza de la habilidad humana para comunicar, lograr y crear. Esto es parte integral de todo ser humano. ¡Son creaciones absolutamente fantásticas!

Haz una lista de virtudes

¿Qué significa exactamente "amar a los demás"?

La definición de amor es "el placer de identificar a las personas con sus virtudes".

Para poder enfocarte en el objetivo de apreciar la belleza de cada ser humano, intenta hacer una lista de virtudes. Mientras más sean las virtudes potenciales de las que estés consciente, más apreciarás a los demás.

Comienza con las virtudes obvias y luego intenta avanzar hacia las más difíciles. Una buena idea es observar a las personas que te agradan, que te complacen, y analizar el por qué de ese sentimiento positivo. De esta forma, conseguirás tener una lista exhaustiva que te ayudará a amar a toda clase de personas.

Por último, asigna prioridades a tu lista: Identifica qué virtudes son más importantes que otras. No puedes amar a todos por igual. Conviértete en un ‘experto'. Distingue entre una virtud y otra.

Aquí te sugerimos algunas virtudes con las cuales empezar:

Aceptador / consumado / intrépido / afable / altruista / ambicioso / apreciativo / articulado / asertivo / atento / equilibrado / valiente / calmado / preocupado / cauteloso / carismático / caritativo / alegre / compasivo / seguro / consciente / consecuente / cooperador / creativo / firme / honorable / diplomático / tranquilo / eficiente / enérgico / entusiasta / expresivo / justo / flexible / indulgente / amistoso / generoso / tierno / habilidoso / trabajador / saludable / honesto / humilde / idealista / reflexivo / conocedor / lógico / afectuoso / leal / maduro / metódico / ético / ordenado / abierto / optimista / organizado / original / paciente / persistente / educado / práctico / productivo / puntual / realista / relajado / confiable / erudito / confiado / sincero / diestro / espiritual / dulce / talentoso / ahorrativo / tolerante / versátil / cálido / sabio.

(Lista adaptada del libro “Comienza ahora nuevamente”, de Rav Zelig Pliskin)

La lista de afectos

Ahora, redacta una lista de todas las personas que amas.

¿Cuántas personas anotaste? ¿Dos? (bajo el promedio) ¿Diez? (promedio) ¿Veinte? (sobre el promedio).

Cuando piensas en todo el placer que da el amor, ¿no es una pena que nuestra lista no incluya a las miles de personas que conocemos durante nuestras vidas?

Nuestra tarea es buscar lo bueno en todos los seres humanos. Porque mientras no sepamos hacer esto, sólo amaremos a un ínfimo porcentaje de personas. Date cuenta de cuán larga sería tu lista si empezaras a concentrarte conscientemente en las virtudes de las personas y no en sus defectos. En cada oportunidad que tengas, concéntrate en las virtudes de tus vecinos, familiares, jefe, empleados, clientes, etc.

Concentrarnos en los defectos es el principal error que cometemos en nuestras relaciones interpersonales. Si te desagrada alguien, es porque te estás enfocando en lo negativo. Intenta hacer una lista de las personas que te desagradan... y observa cuántas virtudes poseen. No puedes odiar las virtudes, tal como no puedes amar los defectos. Tan sólo puedes escoger con qué elementos identificar a una persona.

La virtud de cada ser humano

Todas las personas poseen al menos una virtud en común: un alma Divina, que fue creada a imagen y semejanza de Dios.

Sin importar cuán bajo haya caído una persona o cuán odioso sea, aún le queda una enorme virtud. Todo ser humano es en realidad un ser intelectual, con libre albedrío y con un profundo deseo de asemejarse a Dios.

Todo depende del foco. Los padres aman a sus hijos a pesar de sus defectos. A pesar de que se hagan en los pañales. A pesar de que se peleen. A pesar de que sean egoístas. ¿Qué es lo que aman de ellos? Que son inteligentes y que están llenos de potencial y vitalidad. ¡Que están vivos!

La verdad es que todo ser humano quiere ser bueno y moriría por ese ideal. Imagina a una persona grosera y egoísta. Si le dijeras "mata a estos 1.000 niños o te mataremos", él te respondería: "mátenme". Esa es la esencia de un ser humano.

Para llegar a amar a la humanidad, sé sensible ante aquellas virtudes que son comunes a todas las personas. Todos buscan la bondad y la verdad. Es esta chispa Divina la que nos distingue de los animales y la que nos dota con el máximo potencial: el libre albedrío. (¡Que no es una virtud pequeña, por cierto!).

Amar o ser amado

¿Cuál placer crees que es mayor, amar o ser amado?

Amar es el mayor placer. Porque cuando percibes las profundas virtudes de otra persona —ya sea su honestidad, su compasión o su inteligencia— eres capaz de compartir esa belleza.

En las raíces de nuestra eterna lucha por amar subyace un conflicto entre el cuerpo y el alma. El alma quiere amar a los demás, porque dar amor es uno de los más profundos placeres que el alma puede sentir. El alma quiere trascender y conectarse con todas las otras almas.

En un nivel más profundo, el amar a las demás personas es una forma de contactarnos con el amor de Dios. Esto es así porque en la dimensión espiritual no existen límites convencionales entre las entidades. Todo es uno.

El cuerpo, por otro lado, prefiere recibir amor. Esto es menos exigente, es más cómodo.

Chequéate a ti mismo. Si buscas atención, significa que el cuerpo tomó las riendas de tu ser.

Intenta conectarte conscientemente con el anhelo del alma de amar a los demás. Al principio es difícil y debes esforzarte para que tu cuerpo acepte. Pero después de que te acostumbres a ver las virtudes de los demás, ¡te será más fácil amar a toda clase de personas!

La unidad universal

La humanidad es un solo cuerpo. Si estás rebanando una zanahoria y accidentalmente te cortas un dedo, ¿acaso tomarías el cuchillo y te cortarías la otra mano para vengarte? Por supuesto que no. ¿Por qué? Porque la otra mano también forma parte de ti.

El incienso en el Templo Sagrado era una mezcla de varias especias. Todas las especias eran fragantes excepto una, cuyo aroma era penetrante y desagradable. Si el incienso era preparado sin la totalidad de sus ingredientes, incluyendo el que olía fuerte, era inutilizable. De la misma forma, cada judío es parte integral del conjunto y nadie es prescindible.

Cuando nos damos cuenta que somos un solo pueblo, entonces el herir al otro —"pagarle con la misma moneda"— es tan ridículo como auto inferirte una herida. Es por eso que la Torá nos ordena amar al prójimo "como a ti mismo". Herir a otra persona es tan tonto como cortarte la otra mano con el cuchillo.

Obviamente la realidad es que nuestros cuerpos son unidades independientes. Cuando una persona está comiendo, los demás no se nutren de su acción. Si te enfocas en los aspectos "corporales" de los demás, eso es inherentemente divisivo.

Intenta en cambio enfocarte en el alma de la otra persona. Cuando una persona estudia, la otra crece. Es como un partido de fútbol, si uno marca un gol, todos ganamos, porque todos somos una unidad. No perderás nada por el hecho de que el otro sea más sabio; por el contrario, eso hará que te sea más fácil adquirir sabiduría. Tus conocimientos me ayudan. Me puedes enseñar.

En cambio, si eres un hombre rico, eso hace que a mí me sea más difícil volverme un hombre rico. Esa es la diferencia entre lo espiritual y lo físico.

Las almas son una unidad. Es como cuando dos hombres van viajando en un bote y uno comienza a perforar el piso. "¿¡Qué haces!?", le grita su amigo. "No te preocupes", responde el primero. "¡Sólo estoy perforando debajo de mi PROPIO asiento!".

El agujero en la capa de ozono no discrimina. Las drogas, el crimen y la violencia no tienen límites. El concepto judío de Tikún Olam significa que cada uno de nosotros es responsable de reparar el mundo, al máximo de nuestras capacidades.

El amor comienza en casa

No le creas a nadie que diga que "ama a la humanidad" pero que tiene una pésima relación con su propia familia. Si una persona es incapaz de ver virtudes en su propio hermano, ¿cómo podría entonces verlas en los demás?

Para llegar a amar a la humanidad, debemos comenzar con nuestra propia familia. Una progresión sicológicamente sana consiste en primero amar a nuestros padres, luego a nuestros hermanos, cónyuges e hijos. De ahí, la meta consiste en amar a los demás en la misma forma que un padre ama a su hijo: nada se interpone.

El matrimonio es un buen campo de entrenamiento. Te enseña cómo identificarte con otra persona tan intensamente como contigo mismo.

Existe un amor, sin embargo, que debe preceder a todo. La Torá dice que debes amar a tu prójimo como "a ti mismo". Por ello, no es realista amar a tu prójimo a menos que primero te ames a ti mismo. Si te sientes insatisfecho contigo mismo, no podrás amar al resto. Para que el amor sea verdadero, debe fluir desde ti hacia el exterior.

Una técnica sencilla consiste en enfocarte en tus virtudes. Cada día, felicítate por tus características positivas. ¿Eres un buen amigo? ¿Un trabajador esforzado? ¿Ambicioso? ¿Sincero? Siéntete contento con tus puntos fuertes.

Revisa tu medidor

Imagina que conoces a alguien y que de repente descubres que él es en realidad tu hermano perdido. ¡Inmediatamente querrías saber todo acerca de él!

¿Qué ocurrió? ¿Acaso no es la misma persona a quien ya conocías ayer? Su personalidad y sus virtudes no cambiaron de la noche a la mañana. ¿Por qué ese repentino interés de tu parte?

Porque ahora te sientes más motivado a amarlo.

Analízate: ¿Cómo te sientes acerca de los demás? ¿Cómo reaccionas instintivamente cuando un extraño entra a la sala? ¿Sientes una ola de afecto, o acaso tu primera respuesta es contenerte? ¿Tienes ganas de saber todo acerca de él, o piensas que eso sería entrometerte?

El Talmud relata que el sabio Hilel era acosado constantemente por una persona en particular. Hilel respondía: "Hijo mío, ¿cómo puedo ayudarte?". Hilel siempre decía "hijo mío" para crear un vínculo emocional, como si hubiera procreado a esa persona.

Cuando hablas con los demás como si fuesen extraños, eso es todo lo que serán. Pero si te acostumbras a dirigirte a las personas como amigos o hermanos (sin un tono de superioridad), entonces, amarlos será mucho más fácil.

Piensa en tres cosas que harías si descubrieras que tu vecino es realmente tu hermano perdido, y llévalas a cabo. (Verás que las personas responden de forma muy positiva cuando se transforman en objetos de tu afecto).

Empieza a tratar a toda la gente con más consideración y respeto. Cada vez que te topes con una persona difícil, intenta pensar: "Si fuera mi hijo, ¿cómo lo trataría?".

Al fin y al cabo, todos los seres humanos somos hijos de Dios.

Una historia de amor fraternal

Cuando una persona ama a otra, Dios se les une.

Una vez, dos hermanos heredaron una granja. Durante muchos años trabajaron la tierra juntos y se tenían mutuamente un gran amor fraternal. Después de un tiempo, uno de ellos contrajo matrimonio, así que los hermanos se dividieron la granja. El casado construyó un nuevo hogar y vivió ahí con su esposa, mientras que el soltero permaneció en la vieja casona. Los hermanos siguieron trabajando sus granjas y tenían un buen pasar.

El hermano casado tuvo eventualmente una familia muy numerosa compuesta por 10 hijos. El otro hermano aún seguía soltero.

Un día, el soltero pensó: "Tengo toda esta granja y todo este dinero, pero sólo debo preocuparme de mí. Mi hermano tiene 12 bocas que alimentar". Por lo tanto, en medio de la noche, tomó algunos manojos de trigo, trepó la colina que separaba ambas granjas y dejó el trigo en el granero de su hermano.

Una noche, el hermano casado se puso a pensar: "Tengo una esposa e hijos maravillosos. Soy una persona afortunada. Pero mi hermano está solo. Todo lo que él tiene es su trigo". Por lo tanto, en medio de la noche, tomó un manojo de trigo, subió la colina y colocó secretamente el trigo en el granero de su hermano.

Así siguieron comportándose ida y vuelta cada uno de los hermanos. Cada noche, los hermanos —cada quien por su cuenta— trepaban furtivamente la colina y dejaban trigo en el granero del otro.

Una noche, ambos hermanos se toparon en la cima de la colina. Inmediatamente entendieron que es lo que había estado ocurriendo y se unieron en un fuerte abrazo.

Y fue precisamente en ese sitio que Dios escogió edificar el Templo Sagrado, porque cuando un ser humano ama a otro, Dios los acompaña. Porque de eso se trata la vida en realidad.

Llevando todo a la práctica

Los 48 caminos dicen: "Lo externo despierta lo interno". Esto significa que incluso si te es difícil amar a los demás, puedes realizar acciones que demuestren amor, entendiendo que a la larga, eso transformará tu mundo interior.

He aquí una breve lista de ideas para ayudarte a amar a los demás:

  • Cuando alguien está sufriendo, muestra compasión.

  • Esfuérzate por evitar que alguien sufra una pérdida monetaria.

  • Visita a alguien que esté enfermo e intenta ayudarle.

  • No avergüences a nadie, especialmente en público.

  • No chismees sobre los demás.

  • No te vengues ni guardes rencor.

  • Sonríe: tu alegría afecta positivamente a los demás.

  • Demuestra respeto hacia los ancianos.

  • Ayuda a una persona pobre de tu comunidad.

¿Por qué amar a la humanidad es un camino a la sabiduría?

  • Para desarrollar al máximo tu propio potencial, debes amar a la humanidad. El éxito de los demás también es tu éxito.

  • Mientras más amor tengas en tu vida, más feliz y eficiente serás.

  • Si no valoras la existencia de los seres humanos, te estarás perdiendo uno de los mayores placeres de la vida.

  • Amar a los demás te conecta con el mundo, con todas las facetas de la creación.

  • El amor te ayuda a salir de los confines del "yo" e ingresar al extenso campo del "nosotros".

  • Pon prioridades en tu amor. Aprecia el valor relativo de cada virtud.

6/6/2009

Artículo 32 de 50 en la serie Los 48 Caminos a la Sabiduría

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