haz clic aquí para ir al comienzo del artículo
Únete a Nuestro Newsletter

Te invitamos a ver el mundo desde una
perspectiva judía. Inscríbete al newsletter.
Más de 80.000 Suscriptores




Camino #34: Utiliza tu guía interna

Camino #34: Utiliza tu guía interna

Todo lo que necesitamos saber acerca de la vida yace en nuestro subconsciente.

por

Todos queremos hacer lo correcto. Nadie se despierta por la mañana diciendo “quiero ser malo”. Incluso un criminal puede justificar su conducta como “buena”.

Sin embargo, si todos dicen hacer el “bien”, ¿cómo podemos saber objetivamente si nosotros estamos haciendo el bien o no?

No podemos simplemente observar cuál es la norma social para saber qué está bien y qué no lo está. Tenemos que verificarlo por nuestra propia cuenta. Necesitamos un conjunto básico de leyes éticas que nos guíen. Pero eso no es suficiente. Dado que las circunstancias cambian constantemente, no se pueden promulgar leyes que cubran cada caso imaginable. Por ello, debemos cultivar un sentimiento interno de qué es lo correcto.

El Camino #34 es Ohev et hamesharin, que significa literalmente ‘amar el camino recto’. No sigas ciegamente la idea que tiene la sociedad de “qué es correcto”. La gente tiende a tomar el camino fácil, y el enfoque más difícil es a menudo el correcto.

Ponte en contacto con lo que sabes

El siguiente relato está en el Talmud:

Antes de nacer, cuando aún estamos en el vientre materno, Dios envía un ángel para que se siente junto a nosotros y nos enseñe toda la sabiduría que necesitaremos saber acerca de cómo vivir. Entonces, justo antes de nacer, el ángel nos propina un golpecito debajo de la nariz (formando el surco nasolabial, la depresión que todos tenemos bajo la nariz), y olvidamos todo lo que el ángel nos enseñó.

¿Cuál es la moraleja de esta historia?

¡Qué la verdad y la sabiduría están “justo debajo de tu nariz”!

Podemos mirar en nuestro propio interior para entender de qué se trata la vida. Enterrado en nuestro subconsciente, en los rincones más recónditos de nuestra memoria, guardamos el conocimiento de todo lo que necesitamos saber para vivir: el propósito de la vida, cómo amar, cómo explotar nuestro potencial. Nuestra tarea consiste en traspasar ese conocimiento desde nuestro subconsciente a nuestra mente consciente, es decir, ¡esforzarnos por recordar!

Esa es la visión que tiene el judaísmo de la educación. Nadie puede enseñarte algo nuevo. Tan sólo pueden ayudarte a recordar lo que ya sabes por intuición que es verdadero.

"Educación" significa extraer lo que ya se encuentra dentro del alumno. Cuídate de los educadores que intenten imponer su opinión sobre ti.

Saliéndote del camino

Todos tenemos una conciencia innata, una sabiduría natural que Dios programó en nuestro interior. Por eso, lo primero que piensa una persona —su reacción instintiva— es a menudo la respuesta correcta.

¿Pero qué es lo que sucede luego? En medio de la confusión de la vida comenzamos a aplicar nuestra “lógica”, impulsada por el ego, a las diversas situaciones. Racionalizamos y nublamos nuestro conocimiento interno.

Para evitar esa trampa, pregúntale a la gente que te conoce: “¿Crees que tiendo a racionalizar mi forma de ver las cosas?”. O bien, dí en voz alta tus racionalizaciones, como si se tratara de la situación de otra persona, no de la tuya.

Echa un vistazo en tu interior, aguarda un momento y reflexiona. Pregúntate a ti mismo en voz alta: ¿Qué es lo correcto?

En el judaísmo, la Torá es nuestra guía objetiva, la cual se ha mantenido intacta a lo largo de generaciones y siempre ha estado disponible para servir como fuente de referencia. Los judíos tienen una simple y efectiva herramienta para mantenerse en el camino correcto. Constantemente nos preguntamos, ¿qué diría Dios sobre esto?

Mantén tus antecedentes impecables

Imagina la satisfacción de preguntarte a ti mismo “¿soy completamente honesto?” y poder contestar sin titubeos en forma afirmativa.

Ser fidedigno es un factor importante en nuestra autoestima. A menudo, cuando rehuimos de nuestras obligaciones, sentimos cómo nos reprende nuestra conciencia: “¡No lo hagas!”. Y a pesar de que quizás evitamos un desafío difícil, sabemos en el fondo que hemos actuado mal.

La conciencia es un estímulo poderoso. Nos ayuda a ser honestos y a caminar por la senda correcta. No la desperdicies. Escucha a tu conciencia y deja que te ayude a cumplir con tu cometido.

Después de tomar cualquier decisión, haz una pausa. Si has elegido en forma correcta, descubrirás que sientes una ola de placer. No hay 'dudas' que te carcomen, no hay 'agendas ocultas'. Te sientes limpio.

Utiliza el poder de tu conciencia antes de tomar una decisión. Pregúntate: ¿Qué sentiré después de hacerlo? ¿Placer o desagrado? Preguntarte eso te ayudará a enfocarte en distinguir entre el bien y el mal.

“No puedo” versus “no quiero”

Una de las racionalizaciones más comunes está en las palabras: “No puedo”. ¿Cuántas veces has oído (o dicho) “Me gustaría ayudar, pero no puedo…”?

Si cambias "no puedo" por "no quiero", estarás asumiendo responsabilidad por tus decisiones. “No puedo” significa que soy incapaz de hacer lo correcto. “No quiero” significa que tengo la capacidad, pero que estoy optando por no hacerlo. (En otras palabras, “no me da la gana…”).

Cuidado con las excusas (los “peros”) que intentan bloquear tu impulso para hacer lo correcto. Cada vez que oigas un “pero” —una justificación para no hacer lo correcto— desafíalo frontalmente. Destruye esos “peros” y empieza a tomar las riendas de tu vida.

Cuando te encuentres diciendo “no puedo”, dí en su lugar “no quiero”. No te preocupes de si puedes realmente o no. Tan sólo con decir estas palabras harás hincapié en que eres tú quien controla la decisión, lo cual ampliará tus horizontes hacia nuevas oportunidades, desafíos y éxitos.

Midiendo lo correcto y lo incorrecto

El Talmud relata el siguiente caso:

El Sr. A. contrató un técnico para que le arreglase algo y, mientras trabajaba, el técnico lo rompió. Según la ley judía, el técnico debía reemplazar el artículo. Pero dado que el técnico era pobre, el Sr. A. no insistió en que le fuese pagado el daño ocasionado, pero él tampoco le pagó por el trabajo.

Sorpresivamente, el técnico presentó una demanda contra el Sr. A., exigiendo que éste le pagase por el tiempo trabajado. ¿Cuál fue el veredicto del juez? ¡El Sr. A. tenía que pagar! El juez dijo que el tema del sueldo —al cual el técnico tenía derecho— no tenía nada que ver con los perjuicios que el Sr. A. había condonado.

Este ejemplo demuestra que el Sr. A. pensó que estaba haciendo lo correcto —perdonándole los daños— pero realmente estaba violando su obligación de pagarle el sueldo.

¡Esa es una gran racionalización!

Veamos ahora el ejemplo de la caridad. El Talmud dice que le puedes dar caridad a un pobre y destruirlo al mismo tiempo. Todo depende de cómo lo hagas. Si una persona pobre llega a tu puerta, le arrojas un billete en el rostro y le cierras la puerta en la nariz, entonces técnicamente habrás “cumplido con tu deber”, ¡pero también lo habrás avergonzado y humillado!

Al tratar con los demás, pregúntate a ti mismo: “¿Qué es lo indicado?”. Sé sincero y descubre la forma correcta de tratar a tus padres, amigos, colegas, etc.

No insistas en tus “derechos”

Las obligaciones por lo general están claramente redactadas en forma de contratos o convenios. Pero hay algunas cosas que son correctas de hacer aunque no sean contractuales u obligatorias. Ese es un nivel superior de rectitud.

Por ejemplo, los padres se esfuerzan por criar a sus hijos y van más allá del mínimo. Y puesto que deciden hacerlo así voluntariamente, no existe una obligación “legal” de retribuirles. Sin embargo, si tus padres envejecen y necesitan que los cuides, lo correcto es estar a su lado.

Si quieres hacer lo correcto, tendrás que vencer tu inclinación por exigir tus derechos. Evita expresiones tales como “no es mi turno de sacar la basura”, o “no estoy obligado a renunciar a mi asiento en el autobús”. Ajusta tu actitud y haz lo correcto, incluso cuando no estás obligado.

Aprende a entregar a los demás, ¡y verás lo lejos que eso te puede llevar! Para comenzar a avanzar en esa dirección, haz una lista de las personas con quienes tengas "deudas no contractuales":

  • Padres
  • Hermanos
  • Cónyuge
  • Amigos
  • La sociedad
  • Tu pueblo
  • Dios
  • Tú mismo

22/6/2009

Artículo 34 de 50 en la serie Los 48 Caminos a la Sabiduría

¡Da Tzedaká! Ayuda a AishLatino.com a crear
inspiradores artículos,videos y blogs que enseñan la sabiduría judía.
Las opiniones expresadas en la sección de comentarios representan exclusivamente la visión de aquellos que comentan. Los comentarios son evaluados y filtrados, por lo que se ruega opinar de manera civilizada.

Comentarios: 2

(2) Julia, December 9, 2017 4:17 AM

Utiliza tu guía interna

Gracias por sus enseñanzas Rav. La conciencia unida al dolor que provoca nuestras faltas, nos lleva por el camino de la verdad. De lo contrario, la sola conciencia subjetiva, podría llevarnos al error.

(1) Anónimo, June 23, 2009 4:53 PM

cada semana espero con muchas ansias sus articulos, le han dado un toque especial a mi vida,les agradezco con todo mi corazòn tanta información que me lleva a reflexionar y actuar mejor,los considero mi congregación virtual y doy gracias a Dios porque cada dia para mi es un logro,sobrepasando dificultades y valorando mi hogar,mis hijos ,mi profesión y el verdadero sentido de la vida que lo resumo en ayudar. Muchas bendiciones . Gracias.

Envía tu comentario:

  • ¿Mostrar mi nombre?

  • Tu dirección de correo se mantendrá en privado. Nuestro editor la necesita en caso que tengamos alguna pregunta sobre tu comentario.


  • * Campo obligatorio 2000
Ingresar Comentario
stub