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Cábala 17 – Historia de la Cábala (Parte 1)

Cábala 17 – Historia de la Cábala (Parte 1)

Un misterioso diálogo entre Moisés y Dios nos da pistas de “los caminos de Dios”. Revelaciones de un conocimiento místico y profundo que enriquece nuestro entendimiento de la Torá.

Antes de explorar el resto de las diez sefirot, yo quisiera profundizar en el origen de la Cábala, su desarrollo a través de los años y las razones de su “confidencialidad”.

Una de las razones por las que la tradición mística del judaísmo es llamada Cábala (que significa “recibida”) es para enfatizar que uno debe haber recibido este entendimiento místico de la Torá. Los elementos de la Cábala fueron revelados por Dios en el mismo momento que el resto de la Torá, y desde entonces han sido transmitidos de un estudiante a otro, a diferencia de otros aspectos de la Tradición Oral, que requieren interpretación.

Cuando uno realiza una interpretación de cualquier aspecto de la Torá o de la ley judía utilizando una perspectiva racional (en oposición a una mística), uno no necesita tener una fuente directa. La afirmación necesita encajar con el espíritu general de la Torá, y debe tener sentido en el contexto en el que es presentada. (Obviamente, debe apoyarse en otras áreas también).

En Cábala uno tiene una capacidad limitada de ofrecer “nuevas” interpretaciones – la transmisión precisa es la clave.

Sin embargo en Cábala, uno tiene una capacidad limitada de ofrecer interpretaciones “nuevas” u “originales”. Estamos lidiando con una disciplina cuyos elementos fueron revelados al hombre directamente por Dios, al igual que todo el resto de la Torá, y después fueron transmitidos de persona a persona en el camino.

Ahora vamos a marcar algunos hitos en la revelación de la Cábala.

Diálogo Misterioso

El primer lugar es en la Torá misma. En el libro de Éxodo aparece un diálogo muy misterioso entre Dios y Moisés:

Él (Moisés) dijo entonces: “Por favor, déjame ver Tu gloria”

Él (Dios) dijo: “Tomaré toda Mi bondad, y la pasaré frente a ti, y llamaré el nombre del Señor delante de ti; seré cortés con quien yo seré cortés, y seré misericordioso con quien yo seré misericordioso”. Y Él (Dios) dijo: “Tú no puedes ver Mi rostro, porque no hay hombre que pueda ver Mi rostro y vivir”. Y el Señor dijo: “Hay un lugar a Mi lado y tú te puedes parar sobre la roca. Y mientras Mi gloria pase, te pondré en una hendidura en las rocas, y pondré Mi palma encima hasta que Yo haya pasado. Luego removeré Mi palma, y tú verás Mi espalda, pero Mi rostro no será visto”. (Éxodo 33:18-22).

Si bien este diálogo es misterioso y confuso, hay ciertas cosas que pueden ser deducidas de él.

Ten en mente que este diálogo ocurrió muy pronto después de la entrega de la Torá. La Torá fue entregada a Moisés en su totalidad, y no quedó nada por entregar (Ver Maimónides, “Fundamentos de la Torá” 9:1). ¿Entonces qué quería Moisés de Dios?

La respuesta es que él estaba implorando por un entendimiento profundo de la revelación que ya había recibido, no por una nueva Torá. Vemos de su pedido que hay un entendimiento de la Torá que se nos oculta, y que tener la Torá en su completa amplitud como Moisés la recibió en el Sinaí, no es garantía de que podamos comprender este entendimiento profundo.

Vemos de la respuesta de Dios que la naturaleza de este entendimiento profundo no es acerca de Dios Mismo, sino, en cambio, acerca de la interacción de Dios con nuestro mundo.

Cómo Dios dirige el mundo es la esencia del conocimiento profundo que Moisés persigue.

Nuestros sabios han explicado que el pedido de Moisés fue el entendimiento máximo de “por qué los justos sufren y los malvados prosperan”. Esto se ve inmediatamente en la respuesta de Dios: “seré misericordioso con quien seré misericordioso”. La manera en que Dios dirige el mundo, Sus caminos y costumbres, son la esencia del conocimiento profundo que Moisés persigue.

Dios situó límites en el nivel de comprensión que uno puede alcanzar. Alguna gente (acostumbrada a los efectos especiales de las películas de Hollywood) imagina que “ningún hombre puede ver a Dios y vivir” ¡es por la luz deslumbrante y el sonido estruendoso! Pero no existe tal cosa como la conciencia física de Dios. En cambio, nuestros sabios explican que la interpretación correcta de este versículo es que “ningún hombre puede comprender a Dios completamente mientras esté con vida”. Una persona, sin importar su nivel de perfección, sigue siendo física, y su entendimiento es de cierta manera físico. Esto le impide comprender aquellas cosas que son en cierto grado totalmente metafísicas.

Y a esto se refiere: “y tú verás Mi espalda”. De la misma manera en que cuando veo a una persona cara a cara entiendo completamente lo que está haciendo y diciendo, también ver a Dios “cara a cara” significa conocer los caminos de Dios con absoluta claridad. El hombre no puede hacer esto. Sólo podemos ver la espalda de Dios, es decir, podemos tener una idea de lo que está haciendo, pero no podemos tener absoluta claridad.

Estos entendimientos están incluidos en “el nombre del Señor”. Así, Dios describe estas revelaciones como “llamando ante Él, el nombre del Señor”.

Estos entendimientos están incluidos en “el nombre del Señor”.

De hecho, los nombres de Dios que forman el corazón de la Cábala no son palabras misteriosas y difíciles de pronunciar que causan agitaciones cósmicas. Por el contrario, son descripciones de ciertas facetas de la interacción de Dios con el hombre.

Así, cuando Moisés pidió llegar a comprender más profundamente los caminos misteriosos de Dios, la revelación de Su(s) nombre(s) fue el vehículo principal para esto.

Veamos esto en el contexto de los eventos que rodean este diálogo misterioso:

Los hijos de Israel pecaron gravemente idolatrando un becerro de oro, y el castigo apropiado era ser destruidos completamente. Moisés no pudo encontrar las palabras adecuadas para arreglar la situación. Él, por lo tanto, le pidió a Dios una revelación de Su bondad absoluta, lo que permitiría posponer y cambiar el decreto. Como el pecado era tan grande, requería un nivel extraordinario de misericordia. Este nivel hasta ahora no había sido revelado, y por lo tanto uno no podía apelar por su implementación.

Dios, entonces, reveló Su “bondad completa” ante él. Esto le dio a Moisés en ese momento (y a nosotros hoy) la posibilidad de rezar a Dios, apelar a Sus trece atributos de bondad extraordinaria.

Esos “trece atributos de bondad” (Éxodo 34:6-7), son la base para nuestras plegarias en Iom Kipur, en los días de ayuno y en ocasiones para plegarias especialmente solemnes.

El entendimiento de los trece atributos es otro aspecto importante del conocimiento y de las enseñanzas cabalísticas, así como será expuesto en las próximas entregas de esta serie.

2/3/2010

Artículo 17 de 24 en la serie Cábala

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