Debemos preguntarnos qué significa el acto de agradecer. Cuando decimos: “Gracias Dios”, ¿qué estamos expresando?

A fin de explicar esto, sepamos que hay dos tipos de situaciones donde cada uno de nosotros podemos agradecer a Dios:

1. Cuando recibimos algo o sucede algo positivo. Si agradecemos, estamos reconociendo que todo viene de Dios y aunque veamos que nos llegó por medio de alguien, debemos saber que “ese alguien” fue un mensajero de Dios.

2. Cuando sucede algo negativo (a nuestro entender). Si nos sucede algo que a nuestro parecer no es tan bueno y aun así agradecemos a Dios, reforzamos nuestra fe y reconocemos que detrás de todo está Su inmensa bondad.

Cuando llegamos al nivel de agradecer por estas dos situaciones, nuestra vida es otra totalmente. Somos felices, jamás nos quejamos, no hay motivo alguno para estar tristes o amargados, o enojados con nadie y por ninguna situación.

Nuestros Sabios nos dan un consejo hermoso para poder vivir con el sentimiento de gratitud cada instante de nuestras vidas.

Nos dice el Talmud (Shabat 32a): “Cuando la persona sale a la calle, que imagine que un policía lo arrestará. Cuando la persona tiene un dolor de cabeza, que imagine como si padeciera una enfermedad muy grave”.

¿Cuál es el motivo de todo esto? Enseñarnos que sobre cada momento de nuestra vida debemos agradecer por todo “lo que nos pasa”, y principalmente por “lo que no nos pasa”.

No sabemos cuántas veces Dios nos salva, protege y cura, sin que nos demos cuenta. Es por eso que dicen los Sabios: “Sobre cada respiro debemos agradecer a Dios”.

No esperemos a que nos pase algo y Dios nos cure o salve para que le agradezcamos. Mejor agradezcamos antes…

Conozco a una persona que estuvo encerrada en la cárcel muchos años. Enfrentó muchos sufrimientos y amarguras allí adentro. Después de salir de ese lugar, no lo he visto dejar de sonreír ni un solo momento (todo el día está contento), y cabe mencionar que lleva ya muchos meses afuera de la cárcel. Este hombre vive con el sentimiento que mencionamos: él está viviendo feliz pues siente lo que es disfrutar esta vida con libertad.

Ese es el mensaje que nos da el Talmud: no esperemos a “salir de la cárcel” para vivir felices por tener libertad, sino comprendamos que tenemos libertad para ser felices.

Agradecer diariamente

Nuestro día comienza con Modé aní lefaneja…, ‘Agradezco yo frente a Ti…’. Sin embargo, debemos entender por qué Dios nos pide comenzar nuestro día con estas palabras.

La respuesta es: Dios quiere y desea que desde que despertamos hasta que vayamos a dormir seamos gente que sabe agradecer y recordar que nuestra esencia es “ser agradecidos”.

En una ocasión, Rabí Israel Salanter dejó a su familia y alumnos para ir a París a motivar a los iehudim a fin de que regresaran al judaísmo de la Torá.

Cierto día entró a un elegante restaurante para reunirse con algunos de los muchos iehudim que frecuentaban el establecimiento. Rabí Israel se sentó en una mesa y pidió un vaso de agua.

Cuando se disponía a salir, el mesero le presentó la cuenta por la elevada suma de cuarenta francos.

—¿Tanto por un vaso con agua? —preguntó Rabí Israel, sorprendido.

El mesero le respondió:

—Señor, usted está pagando por lo que lo rodea, el ambiente. Paga por los muebles elegantes, el servicio de mesa, las alfombras, las luces, ¡eso sin mencionar la vista!

La respuesta resonó en el corazón de Rabí Israel. Se apresuró a regresar a su cuarto y escribió a sus alumnos:

He estado muy intrigado durante mucho tiempo respecto a por qué recitamos una bendición tan elevada y abarcadora como Shehakol nihiyá biDbaró, “Que todo fue creado por Su palabra”, por un simple vaso de agua.

Pero de las palabras de un mesero en París he aprendido que no sólo damos gracias a Dios por el vaso de agua, sino que estamos expresando nuestra gratitud por el espléndido ambiente en el que Dios nos sirve el agua.

Damos gracias por el aire fresco que respiramos mientras tomamos el agua, por el sol que nos da luz y por el árbol que nos da su sombra.

Cuando damos gracias a Dios por una cosa, deberíamos aprovechar la oportunidad de agradecerle por todo.

¿Qué gana Dios si yo le agradezco?

Cualquiera puede preguntarse: “¿Qué gana Dios si yo le agradezco?”. En verdad, la pregunta es correcta: Hashem es perfecto, no le beneficia en nada nuestro cumplimiento de sus mitzvot (preceptos), ni tampoco le afecta nuestro incumplimiento de éstas. El beneficio, y lo opuesto, es únicamente para nosotros.

¿Qué ganamos al agradecerle?

1. Primeramente, nos deleitamos más en cada cosa que tenemos, pues sabemos que no nos merecemos nada, todo es un regalo; podemos gozar más intensamente si nos enfocamos en cada detalle de cada cosa. Si nos tomamos un breve momento para analizar más cada cosa, nos sentiremos más contentos y nuestras vidas se tornarán más placenteras.

2. También, al agradecer a Dios nosotros nos beneficiaremos con que Él querrá darnos más. ¿A quién quiere dar más un padre, a un hijo que agradece o al que no lo hace?

3. Además, quien agradece vive más feliz, ya que se fija en cada detalle que Dios le da y siente que realmente las cosas no vienen por sí solas. Quien agradece sobre cada detalle que recibe, incluso por los más pequeños, estará contento y siempre vivirá feliz.

4. Finalmente, me parece que el punto más importante es que el hecho de agradecer constantemente nos ayudará a mejorar y fortalecer nuestra relación con Dios, pues estaremos en comunicación constante con Él, ¡lo cual constituye la verdadera alegría!