Mis empleados no me hacen caso

Yo trato de liderar a mis empleados, pero ellos no me hacen caso al 100%. Esta frase genial la escuché hace pocos días de un joven empresario a quien he tenido el honor de asesorar durante varios años y quien ha tenido muchísimo éxito en su área de negocios. Yo creo que el sentimiento de este joven representa el desafío de muchos de nosotros. El asunto del liderazgo nos atañe en casi todas las áreas de la vida: en la familia, en el trabajo, y principalmente en el mundo emocional.

Todos somos líderes

Estemos o no conscientes de ello, todos lideramos en alguna época o circunstancia de la vida. Me refiero a que todos tenemos la oportunidad de asumir el rol de líder, más allá de nuestras cualidades natas. Uno de los ejemplos más claros es el de los llamados "emprendedores". Personas que convierten alguna destreza particular en un negocio propio. Ahora, en ese ámbito es común toparse con una realidad que suele ser difícil para muchos. Uno puede ser muy talentoso en una determinada área de producción —por ejemplo, en la cocina, en el arte, en producción audiovisual o en reparación de electrodomésticos—, pero eso no significa que uno sepa cómo ser un gran líder. ¿Quién dijo que una persona, por más experto que sea en su área de trabajo, sabe cómo comunicar su visión o cómo lograr que un equipo de trabajo coopere y trabaje con entusiasmo? Una cosa no asegura la otra. Ahora, yo me pregunto ¿Entendemos cuál es el verdadero significado de liderar y cuál no lo es?

Qué significa ser un líder

Según el diccionario, un líder es una persona que es seguida por otros que se someten libremente a su autoridad. Prestemos atención, un líder es "seguido" y no "temido". Por otra parte, la gente se "somete libremente" a su autoridad, o sea, un líder no es un gobernante o jefe que impone sus órdenes mediante la fuerza, sino todo lo contrario. Un líder es alguien querido, admirado, confiable, cuya autoridad proviene del amor y no del temor, la gente se identifica con él y lo sigue por su propio deseo.

¿Nace o se hace?

En los llamados cursos de liderazgo que hacíamos cuando éramos adolescentes siempre nos preguntaban si un líder ¿nace o se hace? En otras palabras, ¿se puede aprender a ser un mejor líder? ¿se pueden adquirir y desarrollar habilidades que te conviertan en un líder para tu familia, para tus amigos, para tu negocio, para tu propia vida personal? En caso de que sí, entonces, ¿Cómo se logra generar esa energía especial que tienen los líderes que la gente quiere seguirlos y está dispuesta a someterse libremente a su autoridad?

Aprendiendo de los grandes

Moshé Rabenu —el líder histórico por excelencia— sabe que su muerte está cerca y que necesitará designar a un sustituto que lo releve. Él piensa que quizás alguno de sus hijos sería apto para tal labor, pero, al aconsejarse con Dios, se da cuenta de que hay otro hombre dentro del pueblo que es más adecuado, Yehoshua Binun.

Analizando este interesante "dialogo" entre Moshé y Dios podemos deducir principios eternos acerca de un verdadero líder, los cuales están vigentes en nuestros días y que indudablemente todos los grandes líderes deben cumplir.

  1. Un líder debe comprender las diferencias de opinión: Cuando Moshé pide consejo a Dios se refiere a Él como "Dios de los vientos" (Bamidbar 27:16). En el lenguaje de la Torá y los sabios se usa la palabra "viento" para aludir a las cualidades de la personalidad o al estado de ánimo de las personas. En ese sentido, los sabios explican que Moshé se refirió a que Dios conoce la infinita diversidad que existe en la forma de pensar, sentir, opinar de cada persona en el pueblo, por lo que le pidió un líder capaz de soportar tal diversidad y comprender a todos. No quiere decir que un líder debe estar de acuerdo con todos o que debe convencer a todos, pero dentro de un profundo respeto debe ser capaz de comprenderlos.

  1. Un líder es valiente, se coloca adelante —y no atrás— del grupo: Moshé le pide a Dios que le ayude a designar un líder valiente que esté dispuesto a ir al frente de su pueblo cuando luchen contra pueblos enemigos. Varios líderes prominentes de la historia judía manifestaron esta conducta. El propio Moshé lo hizo cuando luchó contra los reyes Sijon y Og (Rashi en Bamidbar 27:17). Asimismo, Yehoshua iba al frente en la guerra contra Amalek. También David estuvo al frente del pueblo en la batalla con los filisteos, hasta el punto de que todo el pueblo lo amaba por esa expresión tan hermosa de valentía (Shemuel I 18:17). Cuando el camino está oscuro, cuando da miedo dar el siguiente paso, cuando hay que enfrentarse a una situación desconocida, la gente necesita confiar en su líder y apoyarse en él. Lamentablemente muchos líderes en la historia han decepcionado a sus pueblos en este asunto.

  1. El liderazgo no se hereda, se gana: Moshé pensó que podría heredar su liderazgo a sus hijos, sin embargo, Dios se lo negó. Sobre Yehoshua Binun está dicho que nunca se ausentaba del centro de estudios y reuniones (Rashi en Bamidbar 27:27). Sin desmerecer la nobleza de los hijos de Moshé, vemos que Yehoshua no solamente estudiaba con esfuerzo y constancia, sino que además se involucraba en el orden y la limpieza del centro de reuniones. Recogía las mesas y los bancos, y extendía las esteras en las que se sentaban sus compañeros. Era el primero en llegar y el último en irse, no pensaba sólo en su comodidad, sino que servía a los demás para que disfrutaran de un ambiente sano. Quizás no era alguien de un linaje destacado, pero el mérito de sus acciones superó esa limitación.

  1. Un líder se siente afortunado y dichoso en su rol: Dios manda a Moshé a hablar con Yehoshua para transferirle la responsabilidad de dirigir al pueblo. Yo pregunto ¿cómo le caería esta noticia a Yehoshua? Podríamos haber pensado que le caería como un "balde de agua fría en medio del invierno", pues recordemos que el propio Moshé se negó siete veces antes de aceptar el cargo, además, ¡cuántas desilusiones sufrió Moshé por causa de las malas acciones del pueblo y de sus actitudes malagradecidas durante los cuarenta años en el desierto! No obstante, la atmosfera de aquella cita fue de amor y fraternidad. Dios le manda a Yehoshua el siguiente mensaje: Eres afortunado porque mereciste liderar a los hijos de Dios (Rashi). Vemos que todo líder debe sentirse privilegiado y honrado por el papel que le toca, aunque a veces la gente se comporte de mala manera.

Queridos amigos, ¿entendemos que cada uno de nosotros es el líder de su propio mundo? ¿estamos conscientes de que a nuestro alrededor hay personas que necesitan de nuestro liderazgo? ¿Cuándo fue la ultima vez que pensamos y actuamos para mejorar nuestras habilidades en este sentido? Si pudiéramos ser un poco mejores en cualquiera de las cuatro habilidades descritas en este artículo, ¿Cómo eso impactaría para bien nuestras relaciones más cercanas, nuestro desenvolvimiento profesional y nuestra potencia emocional?

Espero que esta reflexión sea de utilidad y me encantaría saber tu opinión al respecto.

¿Quieres saber más? ¡Vive con pasión!


Publicado originalmente en el blog de Alex Corcias

Dedicado para la recuperación de Abraham ben Shifrá Sally y para la memoria de Rajel bat Perla z”l y R. David ben Messod z”l