Todos tenemos herramientas en nuestra caja – lecciones transformadoras que fueron aprendidas al comienzo de nuestras vidas, que están guardadas bien profundo en nuestra mente y que emergen a nuestra conciencia cuando las necesitamos. Mi recuerdo más poderoso ocurrió en cuarto grado.

Me dijeron que debía llevar a la escuela para la foto de la clase dos objetos con los que me sintiera identificada. Yo elegí mi perro de peluche y una gran Estrella de David. Le dije a mi mamá que quería que todos supieran que era judía; el perro de peluche no tenía ningún significado. Lo primero con lo que me identifiqué en mi vida fue mi religión. Mi caja de herramientas – el contenedor mismo en el que estaban estas herramientas – era mi identidad judía.

Nunca hubiese podido imaginar cómo esa identidad me reconfortaría y moldearía de adulta, cuando me enfrentara a una terrible crisis en mi vida.

A los 45 me encontré divorciada, sola, con tres hijos que criar, sin trabajo y sin idea sobre la dirección que tomaría mi futuro. Sin embargo, tenía suerte. Tenía una hermosa familia, buenos amigos, una buena educación y una comunidad increíble. Después de estar 13 años fuera del mercado laboral, pude volver a trabajar como abogada y también pude encontrar soporte en un increíble sistema de apoyo cuando me mudé, comencé a trabajar tiempo completo y necesité descargarme o llorar.

Pero mi fortaleza vino de las herramientas que estaban en esa caja. Más adelante me di cuenta que mis padres no sólo me habían dado una identidad como judía, sino que toda mi infancia había estado llena de útiles herramientas judías. Yo creo que esas herramientas están universalmente presentes en la vida de todos los judíos, y que se puede recurrir a ellas en momentos de necesidad.

La primera herramienta es que toda festividad judía nos da una oportunidad para comenzar de nuevo. De hecho, no hace falta que esperemos hasta Rosh HaShaná para un nuevo comienzo: cada Shabat nos brinda la oportunidad de reflexionar sobre la semana, calmarnos, agradecerle a Dios por permitirnos ese recreo y comenzar la semana siguiente llenos de esperanza. Dado que soy una madre que trabaja tiempo completo, me siento muy agradecida por el regalo de Shabat, un tiempo que paso con mis hijos y con Dios. Ambas relaciones son revitalizadoras y vigorizantes. Esta semana será mejor. Esta semana estará llena de sorpresas inesperadas. Esta semana haré una diferencia. Esta semana estaré más cerca de lograr mis objetivos, y más lejos de la locura y del dolor de ayer. Esta semana reiré más, lloraré menos y mostraré más gratitud.

¿Cómo puedo dudar de mí misma, viniendo de un pueblo que actuó con determinación siempre que fue necesario?

Mi segunda herramienta viene de las historias del Tanaj. Si crees que tu situación es difícil, verás que no estás solo. ¿Acaso fue fácil para Sara esperar tanto para tener un hijo? ¿Cómo hizo Ester para dejar a Mordejai e ir al palacio a vivir con un hombre abusivo y despreciable? ¿De dónde obtuvieron los judíos fortaleza, después de años de esclavitud, para caminar por el desierto? ¿Cómo puedo dudar de mí misma, viniendo de un pueblo que actuó con determinación siempre que fue necesario? ¿Soy yo tan distinta? Probablemente no.

Mi tercera herramienta vino de aprender a rezar de niña. Crecí diciendo el Shemá todas las noches antes de ir a dormir. Incluso en la universidad, que fue una época en la que no estaba precisamente creciendo en mi judaísmo, dije el Shemá todas las noches. Quizás era sólo un hábito rutinario, reflexivo e inconsciente, pero era positivo. Sabía cómo rezar. Más adelante, cuando la vida se derrumbó, supe cómo conversar con Dios ya que había tenido una vida llena de conversaciones – a pesar de que eran rutinarias y de 30 segundos – en las que basarme. La plegaria es clarificadora, meditativa y aleccionadora. La herramienta estuvo ahí desde mi infancia, sólo tenía que comenzar a utilizarla.

Mi cuarta herramienta vino de entender que los rabinos y las rebetzins son más que cabezas parlantes frente a un púlpito, que en realidad su función es ser guías espirituales y de crecimiento. Soy tan afortunada de vivir en una ciudad con guías espirituales tan asombrosos, que están presentes en mi vida con honestidad e integridad. Descubrí que la guía espiritual me permitió mantener la calma y saber que tenía un lugar seguro e increíble en el que podía aterrizar cuando necesitara apoyo.

Mi última y más importante herramienta fue entender que soy parte fundamental de algo que es mucho más grande que yo misma. Siempre supe que era judía, y eso era muy especial para mí. Sabía que tenía obligaciones o mitzvot que respetar, y que era parte de un pueblo que había recibido un libro muy especial. Es posible que no haya entendido nada más, pero me sentía especial y quería compartir esa identidad con mis compañeros de clase y con todo el que viera esa foto.

Ningún recuerdo judío es demasiado pequeño o intrascendente como para ser desarrollado en el futuro.

Ahora que estoy emergiendo de los desafíos de mi propia vida, quiero compartir mis herramientas con ustedes. Si estás exhausto/a, por favor utiliza mi primera herramienta y encuentra un lugar para Shabat o para la próxima festividad judía. Prometo que te dará fuerza y esperanza.

Si sientes que no tienes fuerzas para otro día, toma prestada mi segunda herramienta y lee historias sobre Abraham y sus diez pruebas, sobre Job o sobre el Rey David. Recuerda, a veces incluso la gente normal es capaz de ponerse a la altura de los desafíos en tiempos extraordinarios.

Si aún te sientes perdido/a, intenta rezar. La plegaria personal ayuda a la persona a entender que Dios dirige el mundo y que se preocupa de nosotros día a día. Una pequeña plegaria puede abrir tu corazón y curarlo desde adentro.

Si sientes que es demasiado tarde y que, por alguna razón, tu único recuerdo judío son los knishes de papa de los almuerzos familiares y el Seder de Pesaj una vez al año, nunca es tarde para construir sobre esos recuerdos. No juzgues el poder de ningún cimiento judío. Puede que esos recuerdos no sean tan energizantes o sustanciales hoy en día, pero igualmente son muy buenos para comenzar.

Recuerda mis dos últimas herramientas: acércate a rabinos y rebetzins para que te guíen, y recuerda siempre que eres parte de algo mucho mayor. Te prometo que si utilizas estas herramientas y te acercas al especial líder espiritual de tu comunidad, serás capaz de construir y crecerás espiritualmente. Ningún recuerdo judío es demasiado pequeño o intrascendente como para ser desarrollado en el futuro.