Los sentimientos son información relevante, prestarles atención es un paso esencial para el crecimiento personal y espiritual. Todo sentimiento tiene un significado único. Los sentimientos nos educan. Son el camino ideal para el autodescubrimiento y el autodesarrollo. Ignorar, desechar o evadir lo que sentimos es equivalente a no abrir un email que dice “urgente, abrir de inmediato”. Nuestros sentimientos nos enseñan qué cosas son buenas y cuales no sobre nosotros y nuestra vida. Son nuestros supervisores de control de calidad.

Los sentimientos incómodos —como la tristeza, ansiedad, vergüenza, soledad, ira y celos— tienen la misma función que el dolor físico. Al igual que el dolor físico nos informa que algo está mal y que necesita ser atendido, el dolor emocional hace lo mismo. Ignorar un dolor estomacal puede conducir a una apendicitis. La tristeza ignorada y no explorada puede conducir a la depresión. Ser terapeuta me llevó a descubrir que a menudo la raíz de los problemas de la gente se basa en un grado de desconexión de sus sentimientos y en una incapacidad de procesar los sentimientos con efectividad.

Escuchar nuestros sentimientos no significa seguirlos impulsiva o ciegamente. Si queremos aprender de nuestros sentimientos, debemos procesarlos. He aquí tres pasos para procesar nuestros sentimientos:

  1. Identificar lo que siento por medio de ponerle nombre al sentimiento. Por ejemplo: triste, enojado, alegre, temeroso, avergonzado, etc.

  2. Clarificar por qué estoy teniendo este sentimiento particular, en este momento en particular y en este contexto en particular.

  3. Decidir qué hacer con este sentimiento ahora que entiendo su significado.

Me doy cuenta que hay algo que me molesta sobre lo que me dijo mi esposa. Identifico que me siento triste. La razón por la que me siento triste es porque, dentro del contexto de la situación, esta tristeza significa que ella no entiende algo importante sobre mi persona. Me siento distante de ella. Decido que debo tener una conversación con ella sobre mi forma de sentir y que debo ver si la puedo ayudar a entenderme mejor para que podamos reconectarnos.

Estoy esperando a mi esposa para almorzar. Está atrasada. No sólo estoy enojado sino que estoy lleno de ira. Al reflexionar me doy cuenta que la tardanza de mi esposa está disparando recuerdos dolorosos sobre mi padre, quien se perdía constantemente los eventos importantes de mi vida. Me doy cuenta que mi enojo tiene poco que ver con que mi esposa esté llegando tarde. Cuando llega, se disculpa mucho por la tardanza. La saludo con un abrazo y un beso.

Abro un periódico profesional en la oficina y me sorprendo al ver que fue publicado un artículo de un colega. Siento inmediatamente un nudo en el estómago. Estoy celoso y triste. Leo el artículo y me consuelo pensando: “no es un artículo tan bueno”. Sigo con mi vida y no exploro el significado de mis celos y mi tristeza. Si bien alivié mi incomodidad, perdí una oportunidad inmensa de autodescubrimiento y crecimiento.

Desconfiando de las emociones

Entendiblemente, hay quienes no confían en las emociones humanas. Después de todo, entregarse ciegamente a los sentimientos o hacer impulsivamente “lo que me hace sentir bien” puede claramente causar un resultado desastroso. Desde esta perspectiva, es entendible por qué algunas personas creen que lo ideal es deshacerse de los malos sentimientos y optan por apoyarse en la razón y la lógica.

Al entender el significado de nuestro dolor, podemos aprender a tolerarlo y eventualmente integrarlo.

Nadie quiere sufrir. Los pacientes vienen a mí creyendo que mi trabajo es ayudarlos a eliminar su dolor. Pero yo les digo que mi trabajo en realidad es ayudarlos a entender el significado de su dolor, lo cual los ayudará a tolerarlo y eventualmente a integrarlo.

El deseo de comodidad es el rey de nuestra cultura. La industria de las medicinas es un negocio multimillonario porque mucha gente quiere deshacerse de sus sentimientos incómodos (esto no significa que no haya usos buenos y apropiados para esos medicamentos). Cuando tratamos de deshacernos de esos sentimientos, perdemos valiosas oportunidades de conocernos más a nosotros mismos y crecer. En lugar de actuar como adversarios de nuestros sentimientos, debemos tener una actitud amigable y curiosa. No deberíamos tenerles miedo a nuestros sentimientos.

Citas y sentimientos

Podemos ver una ilustración final de la importancia de escuchar nuestros sentimientos en el ámbito de tomar buenas decisiones. En mi trabajo con solteros, les digo que mientras uno sale de citas es muy importante estar consciente de los sentimientos cuando elegimos con qué persona casarnos. ¿Cómo me hace sentir? ¿Hay algo que me parezca malo constantemente? ¿Cuál es mi mayor temor si me caso con ella? ¿La respeto? ¿Confío en ella?

Muchos amigos bienintencionados y también muchos consejeros terminan, sin darse cuenta, aconsejándole a la gente que no escuche o confíe en sus sentimientos. “No te preocupes por eso, yo sentía lo mismo cuando estaba saliendo y no significó nada”. Este tipo de consejo está esencialmente diciéndole a la persona que no escuche ni procese sus sentimientos, lo cual podría causar resultados desastrosos. Cuando una persona no escucha sus sentimientos, corre el riesgo de no ver las infames banderas de advertencia que están desplegándose frente a su rostro y de perder por lo tanto una gran oportunidad de hacer introspección y lograr una consciencia absoluta de los asuntos relevantes que hay involucrados en esta relación.

No huyas de tus sentimientos. Escúchalos, procésalos y úsalos como una oportunidad para descubrirte a ti mismo.