Roger Bannister, que falleció el sábado pasado a la edad de 88 años, murió con una larga lista de logros bajo el brazo.

En el mundo del deporte, siempre será recordado como el hombre que el 6 de mayo de 1954, rompió el récord de correr una milla en menos de 4 minutos, una prueba de velocidad y resistencia que aún permanece como uno de los logros deportivos más importantes del siglo XX. Sorprendentemente, sin embargo, a pesar de haber sido seleccionado como el primer ‘Deportista del año’ de Sports Illustrated, Bannister se retiró de las pistas y dedicó el resto de su vida a una carrera profesional de tiempo completo en neurología.

Perfeccionar sus habilidades físicas no fue suficiente para él. Como él mismo dijo: “Siempre quise ser neurólogo, que es una de las vocaciones más exigentes en medicina. ¿Cómo funciona el cerebro? ¿Cuáles son sus límites? El trabajo parece interminable”.

Esa, al parecer, fue la misma búsqueda que lo motivó a lograr lo que nadie más había logrado antes que él. Correr una milla en menos de cuatro minutos para un atleta fue, por mucho tiempo, considerada una ‘imposibilidad física’. El cuerpo humano —se acordó comúnmente— simplemente no era capaz de alcanzar ese nivel de velocidad. Estamos, por así decir, restringidos por los límites establecidos por nuestras capacidades físicas.

En la autobiografía de Bannister, The First Four Minutes, él recuerda haber pensado: “Incluso en ese entonces, la gente hablaba sobre si alguna vez sería posible que alguien corriera una milla en menos de 4 minutos [...] Pero yo pensaba que eso no tenía sentido, no es lógico que si puedes correr una milla en 4:01:25, no puedas correrla en 3:59.99 [...] Sabía lo suficiente de medicina y fisiología para entender que aquello no era una barrera física, sino que se había convertido en una barrera psicológica”.

El futuro neurólogo, incluso antes de ingresar a la facultad de medicina, comprendió el extraordinario vínculo entre la mente y el cuerpo. Las limitaciones por las cuales culpamos a nuestros cuerpos con demasiada frecuencia, se originan en nuestros cerebros. La razón por la que no podemos lograr algo, es porque creemos que es imposible; una vez que nuestras mentes reciben “permiso” para gobernar sobre nuestros cuerpos, convertimos el ‘no puedo’ en ‘sí puedo’, lo imposible en posible.

Bannister explicó por qué su logro era tan importante para él cuando se acercaba al aniversario número 50 de su hazaña: “[Mi logro] se convirtió en un símbolo de intentar un desafío en el mundo físico que hasta ahora era imposible. Me gustaría verlo como una metáfora no solo para el deporte, sino para la vida y los desafíos en general”.

Lo que sucedió poco después de que Bannister ‘lograra lo imposible’ demostró que todo el tiempo él había estado en lo cierto, al identificar la barrera real que había impedido romper el récord antes de esa fecha. Una vez que él venció la barrera de los cuatro minutos —una hazaña hasta entonces considerada firmemente imposible— el récord fue batido por otros. El 21 de junio de 1954, unas pocas semanas después de la carrera “milagrosa” de Bannister, John Landy lo hizo aún mejor, bajando el récord mundial a tres minutos y cincuenta y ocho segundos. Luego, el 7 de agosto del mismo año, en una carrera histórica que ganó el título de “la milla del siglo”, Landy y Bannister rompieron la barrera de los cuatro minutos, y Bannister ganó la carrera con 3:58.80.

¿Qué pasó repentinamente que alteró la capacidad de los corredores de romper la barrera autoimpuesta de cuatro minutos?

Bannister puso su dedo directamente en la respuesta. El problema era una barrera psicológica, no física. Mientras era mentalmente imposible de hacer, era físicamente imposible de lograr.

Como dijo Yoda: “Hazlo o no lo hagas. Intentarlo no es una opción”. Intentarlo es dudar de ti mismo. Hacerlo es comprometerse con una tarea, con un objetivo, con un resultado en el que creemos.

Una vez que Bannister rompió la barrera psicológica, él ya no sentía el impulso de competir. Había logrado su objetivo. Él canalizó todos sus esfuerzos en la medicina. Aquí también se destacó. Como presidente del Consejo de Deportes entre 1971 y 1974, desarrolló la primera prueba de esteroides anabólicos. Por sus contribuciones fue nombrado ‘Caballero’ por la Reina. Cuando se le preguntó qué le daba mayor satisfacción, simplemente dijo: “Ninguno de mis logros deportivos fue el mayor logro. Mi trabajo médico ha sido un logro y mi familia con catorce nietos. Esos son verdaderos logros”.

Bannister demostró que es nuestra mente, más que nuestro cuerpo, la que con mayor frecuencia nos impide alcanzar la verdadera grandeza.

Todos tenemos muros imaginarios de resistencia, límites mentales de “cuatro minutos” que nos autoimponemos. Éstos pueden adoptar muchas formas: no soy capaz de cuidar todas las leyes de la Torá; respetar Shabat; controlar mi enojo; perdonar a las personas que me lastiman. La lista es interminable. Los impedimentos para el éxito parecen ser físicamente imposibles de superar. Pero, en realidad aquí también el verdadero culpable es una barrera psicológica.

En un ámbito totalmente diferente, fue Teodoro Hertzl quien proclamó: “Si lo haces, no es un sueño”. Y así nació el Estado de Israel.

Roger Bannister lo dijo con respecto a una milla en menos de cuatro minutos. Piénsalo: ¿cuál es tu milla de cuatro minutos? ¿Cuál es la meta que desearías alcanzar en la vida, pero que consideras físicamente imposible? Y pregúntate: ¿estás confundiendo una barrera psicológica con un obstáculo físico?

Hazlo, y quizás podrás vencer tu milla personal de cuatro minutos.