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Tu misión en la vida

Tu misión en la vida

¿Qué tan bien estás interpretando tu papel?

por

En la vida surgen muchas preguntas: ¿Por qué algunas personas tienen vidas tan difíciles, mientras que a otros todo les resulta fácil? ¿Por qué hay tanto sufrimiento en el mundo? ¿Por qué hay tantas muertes trágicas?

Para encontrarle sentido a la vida, necesitamos resolver estas interrogantes, para resolver estas interrogantes necesitamos perspectiva. Vamos a empezar con una parábola:

Imagina que un actor famoso recibe una llamada de su agente.

—Escucha, Jack, acabamos de recibir una gran oferta. Toneladas de dinero, y todo en efectivo. Tú tienes el papel principal, actuando al lado de las estrellas del espectáculo. Pero lo mejor de todo es la historia; es grandiosa. Es una historia que va a tener mucho éxito. Es un premio garantizado. Te mando el manuscrito esta misma mañana. Quiero que firmes inmediatamente.

Después de leer el manuscrito, el actor llama a su agente.

—Bob, olvídalo. No hay trato.

—¿Qué quieres decir?

—Quiero decir que no hay forma. No voy a hacerlo.

—Jack, ¿qué sucede? ¿Es la historia?

—No, la historia está bien.

—¿Son los demás actores?

—No, eso también está bien.

—¿Entonces qué es?

—¿Qué es? ¿No entiendes? El hombre que quieres que yo represente no tiene un centavo y tampoco es inteligente. Además, ¡es un tonto! No puedo soportar verme a mí mismo de esa manera.

—Pero, Jack, ese es solamente el papel que estarás interpretando. No eres tú.

—Bob, olvídalo. Actuar ese papel significa que todos —el mundo entero— va a verme como un tonto y un perdedor. No puedo soportar la vergüenza. No vuelvas a pedírmelo, no voy a hacerlo. Y el actor cuelga el teléfono.

Juzgando a un Actor

Obviamente esta conversación nunca sucedió. Porque un actor, así como cualquier persona que va al cine, entiende que las personas que están en el escenario actúan sus papeles. No son juzgados por lo ricos o pobres que son en la producción. No son calificados en cuanto a su papel, si éste describe una vida de éxito o fracaso.

Solamente hay un criterio para juzgar a un actor: qué tan bien interpreta su papel. Si interpreta a un idiota y lo hace convincentemente, ganará aplausos y alabanzas. Si su papel es ser el hombre más exitoso del mundo y no lo personifica como si fuera real, los críticos lo harán pedazos. Él está ahí para un propósito: para interpretar su papel. Se le dan ciertos antecedentes y un conjunto de circunstancias. “El personaje nació en este periodo de tiempo”, le dicen; “tiene este tipo de personalidad y tiene esta cantidad de inteligencia y de carisma. ¡Ahora sal y actúa tu papel!”.

Nosotros también seremos juzgados

Esta es una parábola adecuada para la vida. A cada persona se le entregó un conjunto especial de circunstancias y una serie de habilidades en particular. Se crea un escenario y se nos da un papel para interpretar. Nacemos en un periodo de tiempo en particular, dentro de una familia en particular, y se nos entrega un conjunto de parámetros exacto: “Serás así de alto, así de inteligente; tendrás tanto talento en esto y tanto de eso otro. ¡Ahora, sal y actúa! ¡Vive tu vida, nada en esos arroyos, cruza esos ríos, navega esos mares!”.

Al final de tus días, serás juzgado. Pero no serás comparado conmigo ni con nadie más. Serás medido con la cinta métrica más exigente que puedas imaginarte: tú. Basándote en tu potencial, basándote en las habilidades que Dios te dio, ¿cuánto lograste? Si eres más inteligente, más rico o más talentoso que otra persona, eso es irrelevante. Lo único que importa es: ¿cuánto lograste en comparación con lo que eras capaz de lograr?

El Gaón de Vilna escribe que el momento más doloroso en la vida de la persona se presenta después de que abandona este mundo. Está parado delante del tribunal Celestial, y sostienen una fotografía de él para que la observe: una fotografía de un individuo verdaderamente excepcional, una persona con cualidades y rasgos de carácter impecables, quien muestra inteligencia, amabilidad y humildad; una persona de verdadera grandeza, que llevó valores impresionantes al mundo y cambió todo su alrededor. Y le dicen: “¿Por qué ese no eres tú?”.

—¿Yo? ¿El pequeño yo? ¿Qué quieren de mí? ¿Acaso fui un genio? ¿Acaso fui un líder poderoso? ¿Cómo pude haber logrado todas esas cosas?

Y solamente le dirán: “Esa fotografía eres tú. No tú, el que está aquí parado. No tú, como viviste tu vida. Ese eres tú, si hubieras logrado lo que tenías que haber logrado en ese mundo. Ese eres tú, si te hubieras convertido en lo que tenías destinado llegar a ser”.

Todas las cosas en las que ponemos mucho énfasis —dinero, honor, talento—, todas ellas no son más que escenografías. Son accesorios para ser utilizados; nos permiten actuar nuestro papel. Pero al final no seremos juzgados por el papel que interpretamos. Cuando dejemos este mundo, no nos preguntarán: “¿Cuánto dinero te dio Dios? ¿Qué tan inteligente te hizo Dios?”. Las preguntas son mucho más penetrantes y demandantes: “¿Cuánto lograste con lo que se te entregó?”.

No hay un objetivo estándar o una misma cinta para medir a todos, y la medida del éxito del hombre no tiene términos absolutos. El sistema es mucho más exacto. Está basado en tus talentos y en tus fuerzas, en tus habilidades y capacidades. La única pregunta que nos hacen es: ¿cuánto de tu potencial lograste? ¿Ochenta por ciento? ¿Cuarenta por ciento? ¿Veinte por ciento? ¿Cuánto llegaste a ser tú?

Y ese es el punto: a nadie le toca escoger. Cada individuo nace en la generación exacta, dentro de una familia en especial, con un orden de nacimiento específico y con una dinámica familiar precisa. Eso puede incluir un hermano mayor dominante o una hermana menor llorona. Puede significar nacer con la cuchara de plata en la boca o en la pobreza más extrema. Introvertido o extrovertido, atrevido o tímido, robusto o débil, alto o bajo, apuesto o no. Con talentos específicos y habilidades, y un exacto nivel de inteligencia, cada persona es colocada en el escenario perfecto para ella. Nuestras vidas se adaptan a nosotros como un guante a una mano, con cada situación diseñada a la medida por nuestro Creador para un individuo específico.

Cuando una persona comprende esto, la vida en sí es justa. Si no, entonces la vida no tiene sentido en absoluto. ¿Cómo explicas que a algunas personas les sea tan fácil todo, mientras que otras tienen dificultad para cualquier cosa? ¿Por qué algunas personas nacen con talento y otras no? ¿Por qué hay quienes nacen discapacitados? ¿O sordos o ciegos? ¿Por qué hay autismo en el mundo? ¿Y qué decimos de la polio?

Los papeles que actuamos

Si nuestra condición en este mundo realmente importara, no habría respuesta a estas preguntas. Si este mundo fuera la razón de la Creación, entonces ninguna de estas situaciones sería justa. Pero ese es el punto: ninguna de ellas importa; sencillamente son distintas circunstancias de vida. Nosotros somos sólo actores en el escenario. Nuestro trabajo es interpretar nuestros papeles: ricos o pobres, atractivos o feos, exitosos o no. No somos juzgados por el papel que actuamos, sino por cómo lo actuamos. El rol es irrelevante. Los escenarios no nos definen. Lo único que importa es lo que hacemos con nuestro tiempo en este planeta.

Cuando dejemos esta existencia temporal, nadie va a preguntarnos: “Y cuéntame, ¿te ganaste la vida? ¿Por lo menos ganaste mucho dinero? ¿El mundo te cubrió de honores?”.

A nadie le interesa. Sencillamente no importa. Y mientras que esto es obvio, parece ser uno de los conceptos más elusivos. Hay tantas cosas que no comprendemos de la vida, que se basan en por qué a la gente le va bien, y por qué Dios no me dio esa situación a mí. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

Si comprendemos que todo es irrelevante, la pregunta ni siquiera se nos ocurriría. ¿Por qué a ella le tocó ese malvado como esposo? ¿Por qué yo nací en un hogar de divorciados? ¿Por qué es tan fácil para él estudiar y para mí es tan difícil?

Sí al final de nuestros días nos dieran a todos el mismo examen de admisión para el Gan Eden (paraíso), entonces esas serían preguntas válidas. Pero no es así. A cada individuo le dan su propio examen, y las preguntas son elaboradas a mano exclusivamente para nosotros, aun antes de nacer. Esta será tu cantidad asignada de talento. Estas serán las situaciones y el escenario de tu vida. Esto es lo que eres capaz de lograr. ¿Cuánto lo aprovechaste?

23/2/2014

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Comentarios: 3

(3) marcos serrate, July 5, 2015 1:55 AM

tu misión en la vida

Creo que perdemos mucho tiempo pensando en las injusticias que nos tocan y no en los regalos que Hashem nos dio en su gran amor. Cuando todos hayamos entendido esto, estoy seguro que la mayoría de las injusticias desaparecerán pues éstas fueron hechas por personas que no lo entendieron así.

(2) Raul Senderowicz, February 27, 2014 8:52 PM

tu mision en la vida

Muy buena la parabola,pero creo que falto aclarar,que Hashem,no nos hace,buenos o malos,y en eso consiste el libre albedrio,parametro,o limites,para desarrollar nuestro potencial.

(1) Anónimo, February 27, 2014 1:09 PM

Rab Ben Tzion Shafier

Q precioso artículo ya leí el libro q explica estos temas y ha sido de los mejores libros q he leído es muy motivante y muy bien explicado Gracias

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