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El suicidio de Robin Williams

El suicidio de Robin Williams

Una perspectiva judía sobre la tragedia del suicidio.

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La gente alrededor del mundo ha expresado conmoción y tristeza por la muerte de Robin Williams, quien se quitó su propia vida luego de luchar por muchos años contra la adicción y depresión.

En la tradición judía, el suicidio es un pecado muy severo. En cierto sentido, es similar al asesinato. La vida en un regalo de Dios y sólo Él tiene el derecho de tomarla.

Como lo describe la Mishná, "En contra de tu voluntad fuiste creado, y en contra de tu voluntad naciste; en contra de tu voluntad vivirás y en contra de tu voluntad morirás; y en contra de tu voluntad tendrás que rendir cuentas en el futuro ante el Rey de Reyes, el Santo bendito sea" (Ética de nuestros padres 4:29).

El cuerpo le pertenece a Dios y nadie tiene permitido dañar, poner en peligro o destruir Su propiedad.

La ley judía declara que el cuerpo le pertenece a Dios y que nadie tiene permitido dañar, poner en peligro o destruir Su propiedad. En las palabras de Génesis 9:5, "Del hombre demandaré cuenta de cada vida humana", y nuestros sabios explican que esto incluye el suicidio.

Por eso la respuesta judía ante el suicidio es tan dura a primera vista. Es más, el código de ley judía, el Shulján Aruj, estipula que no se efectúan los ritos normales de duelo cuando se trata de un suicidio y que ni siquiera está permitido dar un discurso fúnebre.

Pero sin embargo, cuando alguien me preguntó "Cómo rabino ortodoxo, ¿le habrías hecho un funeral tradicional y habrías dicho un discurso fúnebre por Robin Williams si él hubiera sido judío?", le respondí con un categórico .

¿Por qué? Porque a pesar de que la ley judía expresa un absoluto rechazo al suicidio como una opción viable, de todas maneras deja en claro su empatía por quienes actúan compulsivamente por problemas relacionados con la depresión y otras enfermedades mentales.

Para el único que el suicidio se considera un grave pecado es para quien "tiene completa consciencia de sus acciones". Y las autoridades rabínicas concuerdan en que la mayoría de los suicidios no caen en esa definición. Rav Yejiel Epstein, en su obra Aruj HaShulján (Yore Dea 345:5) estipula: "Este es el principio general en relación al suicidio: buscamos cualquier razón en la cual nos podamos apoyar para decir que la persona actuó de esa manera porque estaba aterrado o con gran dolor, o que su mente estaba desequilibrada, o que imaginó que estaba bien hacer lo que hizo porque tenía miedo de que si seguía viviendo cometería un crimen... Es extremadamente poco probable que una persona cometa un acto tan tonto sin que su mente esté trastornada".

La ley judía encontró un hermoso balance entre lo aborrecible que es un acto antes de que sea cometido y la compasión por las víctimas de la autodestrucción después de la tragedia.

No es tuya como para acabar con ella

La mentalidad de todo judío siempre debe ser que sin importar las dificultades, la vida no es nuestra como para acabar con ella. La historia de Rabí Janina ben Teradión, cuya muerte aparece registrada en el Talmud, sirve como un ejemplo extremo de esto. Cuando los romanos lo envolvieron en un rollo de Torá y le encendieron fuego, sus pupilos le rogaron que abriese su boca, inhalara el fuego y apresurara así su muerte. Él les respondió: "Quien puso el alma en el cuerpo es quien debe removerla; ¡ningún ser humano se puede destruir a sí mismo!".

En su libro Los ecos del Holocausto nazi en la literatura rabínica, Rav H.J. Zimmels describe dos conjuntos de emociones opuestas que había entre los judíos europeos en la época del Holocausto: por un lado el pesimismo y la desesperación que los hacía pensar en el suicidio, y por otro lado el optimismo y la esperanza que los llevaba a sentir un fuerte deseo de sobrevivir. Uno pensaría que obviamente el primer sentimiento se sobrepondría al segundo, pero sin embargo esto no era así. Los historiadores se han sorprendido enormemente por las impresionantemente bajas tasas de suicidio entre los judíos incluso bajo las peores situaciones.

Eso no significa que no hubo momentos en los cuales algunos individuos pensaron que la muerte era su mejor posibilidad y terminaron voluntariamente con sus vidas. Por ellos, derramamos lágrimas y en la mayoría de los casos intentamos encontrar una vindicación o incluso una justificación. El Rey Shaul cayó sobre su espada cuando los Filisteos estaban a punto de capturarlo y matarlo. En su defensa, nuestros sabios argumentaron que un rey de Israel tiene el deber de defender la dignidad de su posición y por lo tanto su suicidio podría ser perdonado como un intento de prevenir una mayor profanación del nombre de Dios mediante una degradante muerte en manos de sus enemigos.

Quienes conocen la severidad de la depresión y las fuerzas sobrehumanas que se necesitan para sobreponerse a ella, deben mostrar un gran respeto por quienes continúan eligiendo la vida, y al mismo tiempo perdonar y entender a quienes se vieron superados por su enfermedad mental y nos dejaron antes de tiempo, pero cuyos logros y buenos actos igualmente nunca serán olvidados.

Es por eso Robin Williams, que siempre atesoraré las risas que me diste por tantos años y rezaré para que tu alma finalmente encuentre la paz y tranquilidad que no encontró aquí en la tierra.

14/8/2014

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