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¿Es justo el sufrimiento?

¿Es justo el sufrimiento?

El contexto lo es todo.

por Rav Uri Kestenbaum

Toda persona pensante, en algún momento de su vida, tiene que enfrentar la pregunta del sufrimiento humano. ¡Esta pregunta asedió incluso al mismísimo Moshé! (1)

Si bien muchas personas distinguidas han escrito bastante sobre el tema a lo largo de la historia, me gustaría agregar mi granito de arena.

Los ricos de antaño, ¿los mendigos de hoy?

Comencemos la discusión con la siguiente pregunta: ¿Qué hace que una experiencia sea buena o mala?

Básicamente, juzgamos nuestra situación comparándola a situaciones previas que ya hemos clasificado como placenteras o no placenteras y luego la calificamos en consecuencia. Por lo tanto, puede decirse que una experiencia es subjetivamente buena o mala.

Para ilustrar: la vida de una persona rica en la antigüedad, que en ese entonces se consideraba “el paraíso”, ¡hoy sería considerada deplorable e indigente!

Es cierto, vivía en un palacio, ¿pero te imaginas? Sin heladera, sin aire acondicionado, ¡sin auto y sin teléfono!

La persona “rica” ve su condición con buenos ojos simplemente porque nunca conoció nada mejor con lo cual comparar su nivel de vida actual.

Y lo opuesto también es cierto.

Un niño cree que los problemas que enfrenta son devastadores porque aún no ha vivido experiencias en base a las cuales evaluar su problema actual. A medida que se hace más viejo, su espectro se amplía y su perspectiva cambia conformemente.

¡Se da cuenta que tener que esperar menos de diez segundos para recibir su juguete no es el peor problema que enfrentará y que no es tan relevante después de todo!

Determinando un rasgo mediante observar las acciones

Un segundo punto: si quieres poner a un niño a prueba para saber si es el tipo de persona que persevera cuando se enfrenta a un desafío, dale un desafío acorde a su constitución y limitaciones personales.

Cuando un niño se esfuerza para agarrar una pelota o para aprobar una prueba, puedes afirmar que tiene el rasgo de perseverancia y que el uso que hará de dicho rasgo no estará limitado sólo a esa tarea. Podemos entonces asumir con confianza que a medida que el niño crezca aplicará ese rasgo a desafíos aún mayores.

Dios quería poner a prueba nuestra devoción a nuestra fe. Pero aquí comienza el problema: si viéramos la totalidad del bien que nos espera si pasamos la prueba, entonces las experiencias “malas” que son enviadas para poner a prueba nuestra fe tendrían que ser alteradas acordemente, y eso sería sumamente intimidante. Entonces, Dios simplemente restringe y limita nuestro campo de visión para que nuestra perspectiva de las experiencias buenas versus las malas sea un juego de niños en comparación al incomparable bien, el cual anularía por completo toda experiencia que hayamos vivido anteriormente.

Cuando pasamos la prueba y nos aferramos a nuestra fe, probamos que tenemos y poseemos el rasgo de emuná (fe en Dios) y que, por lo tanto, tiene sentido que habríamos actuado de la misma manera incluso si nuestra perspectiva hubiese sido más amplia y hubiésemos sido probados en un nivel muy superior.

Por lo tanto, Dios no necesita volver a probarnos, porque ya hemos demostrado que poseemos los rasgos en cuestión.

La razón por la que los eventos a veces parecen tan sombríos es porque juzgamos nuestras experiencias sólo en relación a las experiencias buenas de este mundo.

Por consiguiente, si observáramos los eventos difíciles y dolorosos que enfrentamos en la vida desde la perspectiva real, es posible que no serían tan malos como nos parecen.

¡No te preocupes! ¡Es sólo un sueño!”

Esta idea se me ocurrió mientras recitaba Shir hamaalot (uno de los Salmos que se recita antes de la oración de Gracias por la comida). Allí dice (2):

“Un cántico de las ascensiones, cuando Dios devuelva a los cautivos de Sión seremos como soñadores”.

Esto se refiere al exilio de Babilonia que duró 70 años. El Talmud en Taanit (3) relata que Joni HaMaagul preguntó sobre este versículo: “¿Acaso puede una persona dormir durante 70 años?”.

Aparentemente entendió que el versículo expresa que, después de la redención del exilio, en retrospectiva lo veríamos como un sueño.

Los comentaristas Radak y Metzudat David explican que, en comparación a la redención, todas las pruebas y el esfuerzo del amargo exilio habrán sido como un sueño fugaz.

En línea con lo que formulamos anteriormente, podemos explicar que cuando una persona sueña puede estar absolutamente convencida de que lo que está viviendo tiene una importancia crucial y de que su aprieto terrible es verdaderamente devastador.

Es sólo cuando se despierta que entiende que le había adjudicado demasiada importancia a este “aprieto” y que su juicio de la situación no tenía fundamento y era equivocado.

Terribles pesadillas pueden ser bastante graciosas cuando las vemos en el contexto adecuado.

Creo que con un enfoque similar podemos relacionarnos con el sufrimiento humano: quizás lo estamos viendo fuera de contexto.

Puede que estas palabras sean difíciles de entender: ¿Cómo es posible que veamos las horrendas torturas que hemos sufrido a través de la historia y digamos que las estamos analizando “fuera de contexto”? Este es un punto válido, pero la verdad es que sólo decimos eso porque aún estamos en el medio de la pesadilla.

Sin embargo, tenemos una ventaja sobre el soñador: podemos advertir, en medio de la pesadilla, que sólo se trata de un sueño y anticipar nuestro esperado despertar.

Un espectro más amplio de la realidad

Con esto en mente, quizás podamos entender mejor el fenómeno del “sufrimiento del recto (tzadik)”.

Es divertido, no creo que sean las personas rectas quienes se quejan de su fortuna, ¡sino que son personas que no son rectas que observan el apremio del recto quienes cuestionan la lógica de su sufrimiento!

Creo que esto se debe a que el entendimiento de lo bueno que tiene el tzadik es mucho más desarrollado y cercano a la verdad que el que tiene una persona promedio, y él es puesto a prueba en base a su propio entendimiento.

Su nivel de tolerancia es mucho mayor al del resto de la humanidad, porque evalúa sus vivencias en base a una bondad muy palpable y clara.

Entonces, es sólo a la persona de menor estatura que le molesta el sufrimiento del tzadik, porque no ve la imagen global.

La prueba máxima

Quizás también hay una ventaja especial en la elevada prueba del tzadik. Hemos explicado que Dios nos pone a prueba en un nivel relativamente menor y más fácil de lo que la realidad exigiría, pero Dios, en Su bondad, lo considera suficiente (aceptando que tan sólo demostremos nuestra posesión del rasgo en cuestión).

El tzadik, por el otro lado, puede ser puesto a prueba en un nivel más cercano a la verdad. Cuando observa el bien y el mal de acuerdo a su valor real y pasa la prueba, el kidush Hashem (santificación del Nombre de Dios) resultante es mucho mayor.

Quizás a esto se refirieron los Sabios cuando dijeron:

“En un principio, Dios quiso crear al mundo con el atributo de Justicia, pero al ver que el mundo no sobreviviría, trajo primero el atributo de Bondad y lo usó en conjunto con el atributo de Justicia [para crear el mundo]”.

¡El atributo de Justicia requeriría que fuéramos puestos a prueba frente a un nivel mucho más exigente, paralelo al bien que nos espera si tenemos éxito!

Pero dado que lo más probable es que hubiéramos sido incapaces de aprobar esas pruebas, el nivel de éstas —incluyendo la percepción del bien que se puede conseguir— fue rebajado cuantiosamente.

Ahora podemos entender por qué hay ciertos tzadikim que fueron juzgados sólo con el atributo de Justicia (5). Ameritaron crear un nivel mucho mayor de kidush Hashem por medio de la observancia de mitzvot, porque fueron puestos a prueba en el nivel de la realidad verdadera, sin resignar nada.

Si este es el caso, corresponde que la persona que vive una vida saboreando el verdadero y dulce placer de la Torá se vea sujeta a un estándar más alto, dado que su rendición de cuentas será acorde a su entendimiento del bien que le espera en el mundo de la verdad.

De hecho, esto es lo que se nos enseña (6): “Dios juzga minuciosamente a quienes le temen”.

Quizás ahora podamos entender también lo que Moshé le pidió a Dios: “Muéstrame tu Gloria” (7), lo cual pidió después de rogarle entender el enigma del “sufrimiento de los rectos” (8).

Moshé estaba pidiendo una revelación de la bondad de Dios.

Si podía entender el alcance de la asombrosa bondad de Dios, eso automáticamente lo hubiera hecho entender el fenómeno del sufrimiento de los rectos, porque hubiera alcanzado una perspectiva más verdadera, la cual es necesaria para un entendimiento maduro de la relatividad de la comparación entre el bien y el mal.

Después de todo, no es fácil juzgar a Dios.


Notas

  1. Brajot 7a
  2. Salmos 126:1
  3. Taanit 23a
  4. Bereshit Rabá 12:15
  5. Ver Menajot 29b “כך עלה במחשבה לפני”; ver también Midrash Eileh Ezkera
  6. Ver Salmos 50:3 “וסביביו נשערה מאד” con Guemará Babá Kamá 50a
  7. Shemot 33:18
  8. Brajot ibíd.

16/5/2016

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