Este es un extracto del libro de Rav Shaúl Rosenblatt, Why Bad Things DON'T Happen to Good People” (Por qué a la gente buena NO le pasan cosas malas). El libro brinda una respuesta directa a la eterna pregunta respecto a cómo es posible el sufrimiento humano si Dios es bueno y justo. Rav Rosenblatt recurre a su experiencia durante la enfermedad y el subsiguiente fallecimiento de su esposa, a los 30 años, dejando cuatro niños pequeños.


Nuestros Sabios cuentan que Rabí Akiva viajaba con un burro, una vela y un gallo (Talmud, Brajot 60b). Llegó a una ciudad y buscó un lugar para dormir, pero nadie le dio albergue. "Todo lo que Dios hace es para bien", dijo Rabí Akiva y se fue a pasar la noche en un campo, fuera de la ciudad. El viento le apagó la lámpara. "Todo lo que Dios hace es para bien", dijo nuevamente. Un zorro se comió a su gallo. "Todo lo que Dios hace es para bien", repitió. Luego un león se comió a su burro. Una vez más Rabí Akiva repitió: "Todo lo que Dios hace es para bien".

Al despertarse por la mañana volvió a la ciudad. Allí se enteró que durante la noche habían atacado el lugar unos bandidos que capturaron a muchas personas. De haber encontrado un lugar donde pasar la noche, probablemente él también hubiera sido capturado. Si los bandidos hubieran visto una lámpara en un campo cercano u oído a su burro o a su gallo, también podría haber estado en problemas. En cambio, su vida fue salvada por todas esas cosas malas que le ocurrieron.

Ahora, si Dios hubiera querido salvar a Rabí Akiva de los bandidos, seguramente podría haberle encontrarle un cuarto bonito en la ciudad para que permaneciera con su lámpara, su gallo y su burro, permitiéndole pasar la noche sin que nadie lo molestara. Si Dios es todopoderoso, Él puede hacer que todo ocurra de una manera más cómoda, y no al revés. Rabí Akiva se salvó, pero igualmente experimentó sufrimiento. ¿Por qué no fue salvado de una forma indolora?

Creo que aquí había un mensaje para Rabí Akiva. Sí, él era un hombre suficientemente grandioso como para ser salvado de manera milagrosa. Pero no tuvo el meritó del milagro abierto de permanecer en la ciudad y ser salvado durante los disturbios. Le faltaba algo, y Dios se lo estaba señalando. Sí, era para bien; porque siempre es para bien. Pero también fue doloroso, y en el dolor siempre hay una enseñanza.

Ningún ser humano es perfecto, ni siquiera alguien tan grandioso como Rabí Akiva. Dios siempre le enseña y lo guía, como hace con todos nosotros. Había una lección que Dios quiso que Rabí Akiva aprendiera y, con seguridad, la aprendió de su experiencia y gracias a ella se volvió todavía más grandioso.

Nuestros Sabios sugieren que decir "Todo lo que Dios hace es para bien" nos ayuda a concentrarnos en estas enseñanzas. Permítanme que explique cómo funciona.

A Ilana, mi difunta esposa, le diagnosticaron cáncer en 1998. Tenía 27 años. Al oír la noticia, a mí me resultó muy difícil creer que “todo lo que Dios hace es para bien” pudiera aplicarse a nuestra situación. De hecho, Ilana pudo decir la frase mucho antes que yo. Toda la experiencia me llevó a analizar lo que nuestros Sabios implican con esta frase, y descubrí algo que me permitió poder decirlo con facilidad en la actualidad.

Antes, yo lo entendía de esta forma: cuando te ocurre algo malo, tienes que tomarte un momento y recordarte que Dios tiene un plan, que Él sabe lo que hace y que no está equivocado. Parece malo, pero sólo porque tu entendimiento es superficial. Algún día, mirarás hacia atrás y verás lo bueno que fue.

Creía que ese era el propósito al decir esa frase: recordarnos que Dios está al mando en un momento en que podemos entrar en pánico y olvidarlo.

Ahora pienso que se trata de una idea que es mucho, mucho más profunda.

Vivimos en un mundo neutral. Todo tiene el potencial de gravitar hacia un lado o hacia el otro. Un arma puede matar, pero también proteger. Una medicina puede curar, pero demasiado de ella o consumirla en las circunstancias incorrectas, puede enfermarte. Las computadoras pueden mejorar nuestra vida, así como ayudarnos a desperdiciarlas. La energía nuclear puede iluminar ciudades, y destruir civilizaciones. Los Sabios incluso nos dicen que la Torá, un libro de sabiduría para la vida, puede ser un elíxir para la vida o un elíxir para la muerte. Todo es neutral, depende de cómo lo usemos. Las cosas se vuelven buenas o malas dependiendo de la elección humana, pero no comienzan así.

Nuestra respuesta define si un evento traerá a nuestra vida más sentimientos positivos o más problemas.

Lo mismo es cierto respecto a los eventos de nuestra vida. Nuestra respuesta es lo que define los resultados, si un evento traerá a nuestra vida más sentimientos positivos o más problemas. Todos los acontecimientos son completamente neutrales. Ganas la lotería. Hay mucho bueno en ello. Puedes sustentar a tu familia. Puedes disfrutar del mundo hermoso de Dios. Puedes dar dinero para caridad. Puedes tener la libertad de dedicarte a buscar sentido y significado. Todo eso es bueno. Pero el dinero trae también otras cosas.

Desde ahora en adelante, ¿cómo sabrás quién es sinceramente un amigo? ¿Cómo podrás confiar en las personas? Serás un objetivo mucho más tentador para los robos. Es más probable que te preocupes y temas perder tu dinero, ahora que lo tienes. Recuerdo que una vez conversé con un hombre que vive en una hermosa calle de Londres, en una casa valuada en más de 40 millones de dólares. Él me contó el maravilloso sistema de seguridad que tenía, con perros y cámaras por toda la casa, registrando todo lo que ocurría desde el lugar en que entraba su automóvil. (Antes de las cámaras, unos ladrones lo atacaron en la entrada, golpeándolo a él y a su esposa antes de huir con el dinero). Le dije que yo no tenía cámaras. Ni perros. Y que le abro la puerta a extraños sin ningún temor. ¿Realmente vale la pena tener dinero? Él no estaba seguro.

El dinero tiene sus bendiciones, pero también sus maldiciones. Es sólo que sus bendiciones son más obvias, mientras que las maldiciones son un poco más sutiles. Lo mismo es cierto respecto a las cosas malas. Tomemos como ejemplo una casa que se incendia. Es fácil ver los aspectos negativos, ¿pero qué tiene de bueno? Hay muchas posibilidades. Quizás hará que su dueño sea más humilde, algo mucho más valioso que una mera casa. Quizás él deberá pasar tiempo con su familia en un lugar menos espacioso, y en consecuencia tendrá la oportunidad de forjar una relación más cercana con ellos. O tal vez el desafío mismo logrará unirlos. Quizás lo ayudará a darle la perspectiva adecuada a la vida y a las posesiones. Hay muchos elementos positivos en los que podríamos enfocarnos, dependiendo de las circunstancias. Y la decisión es siempre nuestra.

La persona enfrenta un desafío: esto es bueno, ahora tienes que averiguar por qué.

"Todo lo que Dios hace es para bien" es un recordatorio, en un momento de aparente desafío, de que la situación también tiene algo bueno. Es un recordatorio para que la persona elija. La persona enfrenta un desafío: esto es bueno, ahora tienes que averiguar por qué.

Cuando enfrentamos en la vida una experiencia nueva y difícil, tenemos que elegir: ¿Buscaré lo positivo o me hundiré en la frustración y el enojo? ¿Quiero encontrar lo bueno, o me doy por satisfecho con lo que se ve en la superficie?

Decir "todo lo que Dios hace es para bien" es simplemente una forma de orientarnos. Debo estar abierto a lo bueno. Y cuando una persona está abierta a lo bueno, siempre lo hallará.