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Cuando se Acaban las Fiestas

Cuando se Acaban las Fiestas

Los días más importantes del año están por comenzar.

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Mi padre me enseñó un concepto financiero fascinante que tiene especial relevancia a medida que nos acercamos al cierre de un intenso período de fiestas.

Pensé en ello el otro día cuando alguien bruscamente me dijo, "Bueno ahora que Rosh HaShaná, Iom Kipur y Sucot finalmente se acabaron, parece que terminamos con los días más importantes del año".

Y yo no pude evitar sonreír ante este error demasiado común.

El alto costo de algo no es un indicador de su valor innato.

El verdadero valor de algo está basado en entender el concepto de la relación inversa entre precio y valor. Mi padre me explicó que el precio es determinado por la escasez – mientras más raro es el ítem, más alto es su costo. Si los diamantes se encontraran dispersos en las calles con la misma frecuencia que piedritas su precio bajaría a la insignificancia. Es solamente porque es tan difícil encontrarlos que son tan caros.

Sin embargo, el alto costo de las joyas preciosas casi nunca es un indicador de su valor innato. ¿Cuán necesarias son en realidad para la continuidad de nuestra existencia? Imagínense a alguien vagando por el desierto luchando desesperadamente por encontrar alimento y agua. Luego imagínenselo recordando repentinamente que tenía un diamante en el bolsillo. Puede que le haya costado una fortuna pero cuando su vida misma estaba en juego no tuvo absolutamente ningún valor.

Las cosas que realmente necesitamos, no las que tenemos que tener por estatus social o para vanagloriarnos, sino por la vida misma, están a nuestro alcance. Dios se aseguró de que el aire y el agua no fueran escasos simplemente porque son muy vitales para nuestra supervivencia. Irónicamente, precisamente porque son tan valiosos y no pueden estar en escasez, su precio es extremadamente mínimo o inexistente.

El aire es gratuito. Como todas las cosas por las cuales no hay cobro, lo damos por sentado. Pero Dios, sabiendo que no podríamos vivir sin él, nos rodeo de él. Y eso es lo que Dios hizo con todo lo demás que Él incluyó en Su creación. Lo que realmente necesitamos está fácilmente disponible. Dado que no es raro, es barato o gratuito. Ese es el mayor regalo divino. Lo que sea que es realmente esencial para nuestras vidas fue puesto frente a nosotros en gran abundancia.

Entonces la ecuación es simple: mientras más escaso el ítem, más cuesta. Sin embargo su misma escasez demuestra vistosamente cuan superfluo es. Después de todo, ¿cuán esencial puede ser si la mayoría de la humanidad puede arreglárselas sin eso? Al mismo tiempo, universal y de fácil acceso implica reconocimiento divino de necesidad humana. Lo que sea que debemos tener es tan fácilmente obtenible que su costo no puede ser prohibitivo.

Diariamente

¿Y que tiene esto que ver con las festividades judías?

Esto, me explicó mi padre, es la comprensión que se encuentra detrás del principio Talmúdico que "Entre lo más frecuente y lo menos frecuente, lo más frecuente tiene precedencia". Hay algunas mitzvot que se realizan raras veces. Ellas hacen su aparición una o dos veces al año. Por esa razón las esperamos ansiosos. Y debido a su escasez en nuestro calendario personal de observancia tendemos a imbuirlas con supremo valor. Asumimos que porque son tan raras son igualmente invaluables.

La frecuencia de una mitzvá muestra cuanto más la necesitamos.

Pero sin embargo, lo contrario es verdad. Si nuestra religión nos dice que toquemos el shofar en Rosh HaShaná y en la conclusión de Iom Kipur es porque eso es suficiente para que nosotros incorporemos su mensaje en nuestra psique. Si debemos sentarnos en la Sucá por siete días es porque ese tiempo es suficiente para que reafirmemos que estamos concientes de la protección de Dios incluso si nos sentamos en nuestras cómodas casas el resto del año. Pero para que nosotros obtengamos los conocimientos espirituales de Shabat debemos re-experimentarlo una y otra vez, cada semana. La frecuencia de esta mitzvá enfatiza cuanto la necesitamos.

Las cosas que hacemos una vez por año disfrutan de un espacio prominente en nuestras vidas. Su infrecuencia relativa les infunde la excitación de lo nuevo y lo anhelado. Pero lo que hacemos diariamente es la aseveración más poderosa de nuestra conciencia del valor fundamental.

Los rabinos del Talmud entendieron esto bien. En un notable pasaje ellos debatieron una pregunta fascinante: ¿Cuál versículo de toda la Biblia es el más importante? ¿Cuál resume sucintamente su mayor mensaje?

Un rabino sugirió el famoso versículo en Levítico, capitulo 19:18, "Y amarás a tu prójimo como a ti mismo". Claramente, para él, el propósito de la Torá era mejorar las relaciones interpersonales.

Un segundo rabino ofreció Deuteronomio 6:5, "Y amarás a Dios con todo tu corazón, con todo tu ser, y con todas tus fuerzas". Su énfasis era la relación del hombre con Dios.

Pero el último rabino ofreció una sugerencia aparentemente incomprensible. El versículo más importante de acuerdo a él es el del libro de Éxodo, capitulo 29:39, que se refiere al sacrificio diario: "Y traerás un cordero como ofrenda diariamente en la mañana y un segundo cordero traerás por la tarde".

Los comentaristas clarifican esta desconcertante respuesta. La última opinión no quería rechazar la importancia de los versículos que enfatizan nuestra necesidad de amar a Dios y a nuestros hermanos. Pero aquellos nobles sentimientos se vuelven insignificantes si fallamos en reconocer la necesidad de sacrificarnos diariamente por estos ideales.

Demostramos nuestros amor por Dios y por otros mucho más a través de nuestras acciones diarias que a través de gestos infrecuentes – tanto como nuestra devoción por nuestros padres es ilustrada por nuestra conducta constante más que por sentimientos floridos enviados una vez por año en una tarjeta para el día de la madre o del padre.

Así que ahora que las fiestas se han acabado, comienzan los días realmente importantes del año. Puede que no cuesten tanto como lo que gastamos en los días recién pasados. Ellos no son los raros momentos que nos saludan solamente una vez al año. Tendemos a darlos por sentado por su frecuencia. Pero entonces, nuevamente, ellos traen consigo todas las alegrías y las pruebas y los desafíos de la vida diaria – y es por eso que son el momento más santo y más significativo de nuestras vidas.

Publicado: 23/10/2011


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