El judaísmo tiene una gran admiración por las bellezas de la naturaleza, y nos enseña a recitar bendiciones especiales cuando nos encontramos frente maravillas naturales tales como el mar, inmensas montañas, y mucho más.

Por ello, es difícil sorprenderse al saber que también tenemos una bendición para el arco iris, que es uno de los acontecimientos más impresionantes de la naturaleza. Pero esta bendición es distinta a las demás, ya que no se enfoca en el rol de Dios como Creador del universo y su belleza, si no que se centra, en el especial pacto con Noaj (Noé), que fue sellado con la señal del arco iris (Génesis, Capítulo 9). Esta bendición alaba a Dios "Quien recuerda el pacto, es fiel a Su pacto y cumple Su palabra".

Otro aspecto destacable de esta bendición, es que, mientras es recomendable mirar el arco iris, y así apreciar y reconocer los regalos de Dios, el Talmud nos enseña que no debemos hacerlo excesivamente.

Aquí hay una forma para entender esta bendición y sus costumbres.

Cuando "vemos" un arco iris, lo que realmente estamos viendo es el sol; ya que su luz es refractada a través de una fina nube. Ahora, el efecto normal de una nube es bloquear los rayos del sol, y así nos evita el poder verlo directamente. Pero si la nube es muy fina, sucede lo contrario: lejos de bloquear los rayos del sol, la ligera neblina nos revela su verdadera naturaleza. Normalmente, vemos la luz del sol de un simple color blanco, pero el arco iris nos revela que de hecho los rayos del sol comprenden en si brillantes colores – ¡de hecho, un arco iris!

Podemos ver esto como una metáfora de nuestra existencia física. Desafortunadamente, el efecto usual al involucrarnos en asuntos materiales, es alejar la presencia de Dios. Claro está, que hasta las más densas nubes raramente bloquean toda la luz del sol, y un día tormentoso no es igual a la noche. Asimismo, una persona que está hundida en los asuntos mundanos, puede aún encontrar un aspecto espiritual en las cosas. Una persona así, no está completamente cubierta por la oscuridad, y la luz divina de todas maneras ilumina su mundo. Sin embargo, él es incapaz de reconocer la fuente de esa luz.

Por el contrario, cuando nos liberamos completamente de nuestro apego hacia los asuntos mundanos, cuando regresamos al Mundo de la Verdad, nada oscurece nuestra percepción de la fuente de luz espiritual. El cielo esta despejado y somos capaces de ver la deslumbrante luz del juicio Divino.

Sin embargo, hay un nivel intermedio. La persona verdaderamente justa, mantiene una refinada participación en este mundo. Tal persona se asemeja a la niebla a través de la cual el arco iris brilla. La persona creyente, demuestra que solo a través de una participación medida en este mundo, se puede percibir el deslumbrante espectro de colores en el arco iris de Dios.

El mundo material se convierte en un lente para revelar el esplendor de Dios

Este es el pacto que Dios hizo con Noaj y con la humanidad. La Torá presenta a Noaj como un hombre justo que siguió la senda de Dios (Génesis 6:9). A través de una persona como esta, el mundo material se convierte en un lente para revelar el esplendor de Dios – no en una neblina para obstruir su luminosidad. Por lo tanto, un mundo fundado por Noaj nunca hubiera tenido que ser destruido.

Entonces, ¿Por qué la prohibición de mirar excesivamente el arco iris? Hemos resaltado que mirar el arco iris en el cielo, es en verdad una forma de mirar el sol. Sin embargo, si enfocamos nuestra mirada solamente en el arco iris, entonces hemos perdido de vista el sol y estamos viendo la nube. En vez de mirar a través de la neblina estamos viendo la neblina misma.

El mensaje es, que mientras podamos percibir esas maravillosas expresiones divinas en la vida y en el mundo, si vivimos con moderación y rectitud, nunca debemos cometer el error de pensar que tal esplendor se origina en el mundo material. Esto es como confundir el arco iris con una luminosidad originada en la nube misma, y se podría identificar con la herejía del panteísmo. Nosotros tenemos permitido y hasta encomendado el ver la belleza del mundo, siempre y cuando utilicemos esta visión para profundizar en nuestra conciencia que la fuente primordial de belleza está en Dios.