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Michael Jackson y mi kipá

Michael Jackson y mi kipá

Le dije al rey del pop que él no era el Rey del Universo.

por Rav Mayer Fuchs

Por Rav Mayer Fuchs, de acuerdo al relato de Rajel Lea Fuchs

Era un cálido día primaveral de 1993 en Hollywood, California. Yo tenía 14 años e iba camino a uno de mis lugares favoritos: el negocio de comics Golden Apple, en Melrose. En ese entonces yo era un ávido coleccionista de comics y necesitaba comprar nuevos ejemplares un par de veces al mes. Al entrar, sentí que había algo diferente en el lugar. Había una cierta energía en el aire. Miré a todos lados sin entender bien qué pasaba. El lugar estaba casi vacío, a excepción de varios hombres con gafas de sol que estaban repartidos por el negocio. Todos tenían la atención puesta en alguien que estaba en el fondo.

Estiré mi cuello y no podía creer a quién estaba viendo. ¡Michael Jackson estaba en la tienda conmigo! Miré rápido al empleado del negocio, quien asintió con su cabeza confirmándome que estaba en lo correcto. Yo no iba a dejar escapar esta oportunidad.

Traté de ser cool. Ahí estaba yo, un alto y flaco niño judío con zapatillas de baloncesto, parado frente al ‘rey del pop’. Miré su famoso atuendo excéntrico, el sombrero de fieltro y los guardaespaldas. "¿Eres Michael Jackson?" (se me ocurrió que esa era una buena forma de comenzar una conversación). Cuando respondió que sí, busqué satisfacer mis mayores ambiciones y le pedí un autógrafo. Aceptó amablemente, garabateando su nombre artístico en un protector de cartón para revistas que tomé de una mesa de por ahí.

"¿Por qué usas una yarmulke (kipá)?", me preguntó Michael.

Pensé que el encuentro había acabado, pero M.J. me tomó desprevenido.

―¿Puedo hacerte una pregunta?

―Eh… claro respondí.

―¿Eres judío?

―Sí respondí, preguntándome qué pretendía Michael.

―¿Por qué usas una yarmulke (kipá)? preguntó.

Compartimos una sonrisa cómplice, un poco tímida, por el hecho de que él conociera esa palabra, la cual por lo general sólo conocen los judíos. Yo intenté pensar en una buena respuesta. Revisé mis 14 años de crianza y educación judía para pensar en la mejor respuesta posible. "Usamos un yarmulke sobre la cabeza para recordarnos siempre que hay Alguien sobre nosotros y que no importa cuán grandiosos seamos, Él es más grandioso".

Asintió, aceptando la respuesta, y dijo que era muy bonito, pero resultaba difícil saber qué pensaba realmente detrás de esas oscuras e impenetrables gafas. Después de hablar un poco más y de darnos la mano, dejé la tienda excitado por mi nuevo autógrafo.

Al día siguiente, de lo único que podía hablar en la escuela era de que había conocido a Michael Jackson, y mi increíble y flamante autógrafo pasó por las manos de todos mis amigos.

Años después, un amigo me señaló un poderoso simbolismo: en aquel encuentro fortuito, sin pensarlo, le aconsejé a Michael Jackson —que era una de las personas más famosas y exitosas del mundo y estaba en el pináculo de su carrera—, que fuera humilde y recordara que hay Alguien allá arriba que es más grandioso que él. Sin quererlo, le dije al rey del pop que él no era el Rey del Universo.

Pensando en la historia, me di cuenta de que la idea es aún más profunda. Nos ponemos la kipá en la cabeza, justo sobre nuestro cerebro. Está allí para recordarnos que incluso las cosas que logramos con el cerebro, cosas por las que tenemos derecho a sentirnos orgullosos, no deben hacer que seamos arrogantes, porque nuestro Creador es Quien hizo que todo fuera posible. Nuestro cerebro es responsable de nuestra creatividad, nuestros títulos y nuestros Premios Nobel, nuestras obras de arte y obras maestras de literatura, y también de nuestros éxitos musicales. Pero sin la ayuda de Dios, nada de eso sería posible.

De hecho, la palabra yarmulke es una combinación de las palabras hebreas yaré malka, que significa ‘temor al Rey’. Sí, es verdad, tengo un buen cerebro y logré mucho en mi vida, pero siempre debo recordar que todo es un regalo de Dios.

En aquel encuentro hace tantos años atrás, la pregunta de Michael Jackson me hizo pensar y reflexionar y, después de tantos años, aún continúa en mi mente.

23/5/2016

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Comentarios: 1

(1) Mario Ceva, May 26, 2016 1:52 PM

Michael Jackson y mi kipa

Resulta obvio que si somos creaturas nuestro creador nos supera infinitamente.Ser receptivos y humildes para ser guiados por aquello que nos creo. Saludos

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