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Viviendo en una Plegaria

Viviendo en una Plegaria

Nuestros sueños más descabellados son posibles… si los deseamos lo suficiente.

por Sam Glaser

El mes pasado me di cuenta de algo: había pasado bastante tiempo desde que había escrito una canción. Por lo general mis canciones son el tema de mis sueños; vienen a mí en medio de la noche mientras estoy durmiendo, y tengo que obligarme a salir de la cama para grabarlas antes de volver a dormir otra vez. Entonces, le pedí a Dios que me mandara algunas canciones buenas, canciones que me inspiren a mí y a mis audiencias, que sean comerciales, que satisfagan las necesidades de los proyectos en los que estoy trabajando. Y después, con precisión de relojero, a la mañana siguiente recibí una canción muy buena. ¡Qué sentimiento! Introducción, versículo, estribillo, puente, secuencia completa y una vaga idea de cómo debería ser la letra… todo en esa inspiración inicial.

Eso fue fácil. La parte difícil es terminar la canción - sentarse y elaborar la letra, sacar la parte del piano, y practicarla para que esté lista para ser tocada o grabada.

Desafortunadamente, esa nueva canción fue a parar al extenso archivo de mis trabajos incompletos, uniéndose a miles de melodías del disco duro de mi computadora (en el pasado iban a parar a pilas de casetes). Una nueva canción es como una gran idea, debería abrir nuevas puertas, despertar anhelos inconscientes, crear posibilidades. Me di cuenta que archivar otra canción era una bofetada en la cara de la Fuente de toda la Creatividad. ¿Por qué debería Dios mandarme material nuevo, si todo lo que hago es dejarlo almacenado por tiempo indefinido?

Entonces, cuando recé por inspiración la noche siguiente, también me comprometí a pasar una hora en el piano, prometiendo no esperar hasta tener ese tiempo libre que puede no llegar nunca.

Como era de esperar, ¡se me dio la recompensa de una canción cada día de la semana! Melodías completamente diferentes, algunas con sabor judío, una balada para un amigo que acababa de perder a su joven esposa, una pieza musical teatral, una melodía para chicos. Cada mañana, pospuse todo para trabajar en ellas. Se las toqué a toda víctima involuntaria que apareció en mi estudio. Quería dejarle bien en claro a Dios que estaba agradecido y que estaba asumiendo la responsabilidad por la inspiración.

En el camino, aprendí que hay cuatro pasos para que un rezo sea efectivo:

- El rezo empieza y termina con gratitud, una especie de asombro por la constante creación de Dios. Después de todo, la palabra hebrea para judíos es Iehudim, que significa “los que agradecen”.

- En el rezo, necesitamos pedir por algo específico: estar sanos, riqueza, una cosa, una idea. Nada de lo que pidamos está fuera del alcance de Dios.

- Escucha los “mensajes” durante el transcurso del día, para darte cuenta cuando es que Dios está tratando de captar tu atención. Y lo que es más importante: debes estar dispuesto a responder o a cambiar en base al mensaje.

- Finalmente, agradece y disfruta la sensación de confianza de que tu rezo será respondido por un Dios que nos ama y que desea nuestra plegaria.

¿No estás inspirado para rezar? Bien, como dice Woody Allen, “El ochenta por ciento del éxito es sólo hacer acto de presencia”. Si esperamos hasta estar realmente inspirados para hacer ejercicio, nos volveremos obesos. Lo mismo ocurre con el rezo. En lugar de resistirte hasta tener un destello de inspiración, crea un espacio sagrado en el día para que la conexión Divina florezca.

Sí, incluso nuestros sueños más descabellados son realizables. Sólo tenemos que desearlos lo suficiente. Debemos estar deseosos de “ir al infierno por una causa celestial”, es decir, comprometernos a hacer los sacrificios que sean necesarios. La plegaria diaria nos fuerza a hacer preguntas difíciles, a entender lo que queremos realmente de la vida. Nos da la oportunidad de inflar esos músculos de gratitud, de tener una cita diaria con la humildad. Cuando Dios ve que reconocemos sus regalos, entonces, Él nos sigue enviando, porque cada regalo sirve para construir la relación.

Los judíos han estado rezando fervientemente durante miles de años, mucho antes de que Jon Bon Jovi cantara “Livin’ on a Prayer” (Viviendo en una Plegaria). Nuestros rezos han creado un mundo en donde los ideales judíos se han convertido en los parámetros de la sociedad occidental. Hemos rezado diariamente para regresar a nuestra tierra, y nuestra generación ha tenido el especial mérito de ver ese sueño cumplido. Entonces, reza por una canción, o por lo que sea que necesites. ¡No hay límites!

25/3/2012

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