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La aptitud interpersonal más importante

La aptitud interpersonal más importante

Cómo trabajar este nuevo año para mejorar nuestra personalidad.

por

Querida Lauren:

Como es el comienzo de un nuevo año judío, estuve tratando de encontrar la manera de ser una mejor persona, tanto en mi relación con los demás como en mi relación con Dios. ¿Tienes algún consejo para darme?

La respuesta de Lauren Roth

Me gusta tu pregunta y todo el tiempo me la formulan de la siguiente forma: “Dado que todo el día te dedicas a las personas y a sus relaciones, ¿cuál crees que es el mayor problema que la gente tiene en sus relaciones? Siendo que te mueves en diversos mundos, ¿ves el mismo problema con diferentes clases de personas o cada grupo tiene problemas diferentes?”.

¿Puedes adivinar cuál pienso que es la aptitud interpersonal más importante para tener buenas relaciones? Y sí, es compartida por todas las personas, de todas las clases, de todos los géneros y de todas las edades. Mi opinión incluye una habilidad práctica y una habilidad teórica.

Esta es la práctica: pienso que la gente lucha para llegar a tener sus propios pensamientos y al mismo tiempo entender que otras personas piensen diferente. Si tienes tus propias opiniones y al mismo tiempo les das a los demás el respeto que merecen sus opiniones (diferentes), entonces… ¡haz alcanzado una respetuosa relación de nirvana!

Veamos la primera parte. Si no cultivas tus propias opiniones, entonces en verdad no eres una “persona real”. Digamos que decides que “lo más educado” que puedes hacer es simplemente oponerte a los demás, siempre, y nunca formar tus propios pensamientos. ¡Bueno! ¡También se te podría ocurrir ser una vaca en medio del campo! Eres un ser humano. Con fuerzas creativas. Eres un ser que puede crear, al igual que Dios. Eso es lo que nos diferencia de los animales: nuestra capacidad de pensamiento creativo. No desperdicies este increíble componente de tu humanidad. Tener opiniones es bueno. “Somos judíos y formulamos preguntas”, como nos recuerda una increíble canción de Aish.com.

Tener tus propias opiniones es bueno y esencial. Pero también está perfecto que los demás tengan opiniones diferentes.

Recuerdo una pareja de clientes. Un gran componente de nuestro trabajo juntos fue enseñarle al esposo que si su mujer tenía una opinión, él no necesitaba decidir de inmediato si coincidía o no con ella. Lo ayudé a practicar que cuando ella dijera una opinión, él simplemente le respondiera: “te escucho”.

Luego de decir “te escucho”, podía pensar sobre lo que ella había dicho todo el tiempo que quisiera. En verdad no necesitaba decir nada más. Ella ya se había sentido escuchada y validada. Él tenía la libertad de decidir: “¿Estoy de acuerdo con su opinión?”. Si estaba de acuerdo, le aconsejé que le dijera que lo estaba. Si decidía que no estaba de acuerdo, en verdad no tenía que decírselo. A menos que se tratara de una decisión práctica, ¿qué diferencia había en que él estuviera o no de acuerdo con su opinión? Si él estaba de acuerdo con ella, entonces decírselo fortalecería su conexión. Si él no estaba de acuerdo con ella, entonces estaba bien no decírselo y dejar que todo siguiera su curso. Ella tendría su opinión y él la suya, y todos podrían vivir felices con dos opiniones diferentes. ¿A quién le importaba? Ella puede opinar A y él puede opinar B.

A veces no es importante decirle a la gente que no estás de acuerdo. A menudo digo: “Te escucho”, “¡Ajá!” o “¡Eso es muy interesante!”. Y luego en silencio y de forma personal decido si estoy o no de acuerdo con esa opinión. Si no estoy de acuerdo, por lo general no lo comparto con la persona que lo expresó, a menos que sea necesario hacerlo para la salud o la seguridad de alguien.

Tener una opinión y expresar una opinión son dos cosas diferentes.

Si mantenemos una discusión interesante, a veces digo mi opinión (diferente), si pienso que eso puede ayudar a alguien, o si pienso que quienes participan en la conversación realmente están interesados en escuchar diversos puntos de vista. Entonces digo: “Muy bueno. Me gusta mucho tu idea. Estaba pensando…” y entonces digo mi opinión. No es necesario rencor ni peleas. Y si las personas que participan en la conversación son inteligentes en la forma de relacionarse, tal como tú lo serás muy pronto, entonces te dirán: “¡Ajá!”, “¡Eso es muy interesante!” o “Te escucho”.

¿Qué quiere la otra persona?

Todo esto es muy práctico. El principio teórico, fundamental y subyacente en las relaciones del cual se desprende esta idea, es la cosa más importante que se puede hacer en una relación: descubrir qué es lo que la otra persona quiere, y hacerlo.

Entre tú y Dios, esta parte es fácil. Tenemos un manual escrito y detallado, llamado “La Torá” que describe todo lo que Dios espera de nosotros. Siguiendo ese manual podemos tener una bella relación con Dios.

Pero con las otras personas es un poco más complicado, porque no tenemos ningún manual escrito. Es necesario estudiar a la otra persona, ver qué es lo que le gusta y lo que le molesta y hacer más de lo primero y menos de lo último. ¿Y sabes qué? La mejor manera de entender lo que a una persona le gusta y le molesta es preguntándoselo. ¡Sí, de veras! Cuando trabajo con parejas, a menudo el hombre o la mujer se quejan diciendo: “¡Simplemente no sé qué es lo que él/ella quiere!”. Con afecto, puedes preguntarle: “Mi amor, quiero hacerte feliz. ¿Qué puedo hacer?”. Esto también funciona con los amigos. (Pero si quieres puedes evitar decir: “mi amor”.

En resumen:

Ten tus propias opiniones. Eso es lo que te distingue como humano y te da tu singularidad.

No tienes que compartir siempre tus opiniones si difieren de las de la otra persona, pero si decides compartirlas debes asegurarte de hacerlo de una manera que transmita respeto y amistad. Como: “¡Vaya! Qué bueno lo que has dicho. Sabes, yo pensaba un poco diferente. Dime qué te parece…”. Y entonces di lo que sientes.

Por encima de todo, entiende lo que la otra persona desea y trata de hacerlo.

¡Creo que tendrás un año maravilloso!

2/10/2017

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