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Rompiendo mi resolución de año nuevo

Rompiendo mi resolución de año nuevo

Hice una resolución de año nuevo y la cumplí… hasta ahora.

por

Querida Lauren,

Sé que no es muy judío hacer una resolución de año nuevo, pero yo hice una. Y la cumplí muy bien… hasta ahora. Me doy cuenta que mi compromiso está decayendo, ¡y estoy muy enojada conmigo misma!

Respuesta de Lauren Roth

En realidad, hacer una resolución de año nuevo es de hecho una cosa muy judía. ¡Probablemente es la cosa más judía que podrías hacer! Es verdad, el primero de enero no tiene un significado especial para nosotros como judíos, pero examinar nuestra conducta y hacer resoluciones como un esfuerzo para mejorarnos está muy relacionado con vivir una vida judía. ¡Así que felicidades por haber hecho una resolución para mejorar!

Una idea muy judía es dedicar tiempo diariamente para hacer una “contabilidad espiritual”, que significa sentarte tranquilamente y poner atención a cuáles son tus metas, sueños y aspiraciones, evaluar si esas ideas son realmente lo que quieres hacer con tu vida y determinar cuán cerca estás de esas metas y qué te está impidiendo alcanzarlas. Te desafío a sentarte (en silencio, sin teléfonos, sin mensajes, sin computadora) diariamente y pensar: “¿Estoy viviendo la vida que quiero vivir? ¿La vida que estoy viviendo es consecuente con mis metas, sueños y aspiraciones? ¿Qué necesito hacer para avanzar en la dirección correcta?”.

Si fuera tú, la primera pregunta que me haría sería: “¿Realmente quiero cumplir la resolución que hice?”. A veces hacemos resoluciones que en realidad no están de acuerdo con nuestro sistema de valores. Las hacemos porque la sociedad nos presiona a hacerlo (como perder 10 kilos cuando realmente no queremos), o porque pensamos que nuestros amigos no nos van a querer si no hacemos determinada cosa (como comprar un auto sofisticado cuando estamos felices con nuestro Nissan del año 89), o porque “es lo que todo el mundo hace” (como decidir comer más col a pesar de que nos da nauseas).

Si la resolución es tal que después de reflexionar consideras que sí es importante, valiosa y necesaria para tu vida, entonces la segunda pregunta es: “¿Por qué no lo estoy haciendo?”. Si odias la col, come espinaca en vez de eso. O melón, que ofrece los mismos nutrientes que las hojas verdes. Si has decidido perder peso y realmente quieres hacerlo, tienes que buscar profundamente en tu psique y descubrir qué parte del proceso de perder peso te está haciendo tropezar. ¿Comes cuando estás nerviosa, solitaria, aburrida? Soluciona esos problemas emocionales en vez de encontrar consuelo en la comida. ¿Te estás privando de la comida sólo para después terminar comiendo en exceso cuando ya no puedas aguantar? Si es así, asegúrate de comer pequeñas cantidades para que no llegues al punto del hambre extrema.

Si estás resuelta a dejar de fumar, pero tu jefe te pone tan nerviosa que necesitas salir de la oficina para fumar un cigarrillo, quizás deberías considerar hablar con tu jefe o cambiarte de trabajo o encontrar una forma de lidiar con las personas horribles, en vez de simplemente encender un cigarrillo. Encuentra la raíz del problema que te impide cumplir tu resolución, para que puedas decidir cómo volver a comprometerte con tu meta.

Algo muy importante para este proceso es que lo hagas con inmensa bondad hacia ti mismo. La otra noche, estábamos sacando fotos y una de mis hijas dijo: “¡Aj! Me veo tan rara en las fotos”. Yo puse mis manos en mis caderas, la apunté con el dedo y le dije: “No dejo que nadie diga cosas feas sobre mis hijos”. Obviamente cuando ella se dio cuenta que yo estaba jugando a disciplinarla por decir cosas de ella misma, las dos estallamos en risa. Pero después que acabe de reírme, me puse muy seria nuevamente y reiteré: “Preocúpate que no vuelva a sorprenderte hablando mal de mi hija”. Y a pesar de que la dureza fue una actuación, los sentimientos eran reales. ¿Por qué debería permitirle a cualquiera molestar a mi hija, incluso a ella misma?

# Si nos construimos a nosotros mismos, tenemos muchas más probabilidades de alcanzar el éxito.

Nos hacemos esto a nosotros mismos todo el tiempo. Nos decimos: “No soy suficientemente bueno. No soy suficientemente inteligente. No soy suficientemente guapo/linda. No soy suficientemente exitoso”. ¿Nos golpeamos a nosotros mismos y luego esperamos ser fuertes y estar llenos de vitalidad para mantener nuestras resoluciones? Si nos golpeamos, estaremos rotos y derrotados, y cederemos ante nuestras tentaciones. Pero si nos construimos a nosotros mismos, tenemos muchas más probabilidades de alcanzar el éxito. La conversación interna debería cambiar a: “Puedo hacer esto. Soy fuerte. Soy capaz. Soy un luchador”.

Una vez tuvimos un libro de niños llamado El pequeño cerdito puede. Y ese dicho se convirtió en un mantra en nuestra familia. Cuando un niño lograba algo, decíamos: “¿Ves? ¡El pequeño cerdito puede!”. Si nos construimos a nosotros mismos con nuestra conversación interna, nos convertiremos en nuestro propio mejor amigo, nuestro propio animador, nuestro propio entrenador, nuestro propio patrocinador. Si nos convertimos en nuestro propio juez, jurado y ejecutor, vamos a terminar asesinando nuestro espíritu. Y a los espíritus rotos les cuenta mucho cumplir con sus resoluciones.

La semana pasada me fui a Florida por unos días. Realmente necesitaba una pausa para descansar, hacer ejercicio y leer, para regresar como una mejor mamá, una mejor amiga, una mejor esposa, una mejor terapeuta. Mi hijo que está en la universidad me llamó mientras yo estaba caminando en la playa bajo el sol, y cuando le dije donde estaba, él me dijo: “Es tan bueno que te permitiste esas vacaciones”. Dios es nuestro dueño, no nosotros. Tenemos que cuidar la entidad que Dios creó. Si te cuidas a ti mismo, estarás en una mejor posición y tendrás más fuerza para cumplir con tus resoluciones.

Si yo fuera tú, formularía mis resoluciones de la forma más positiva posible. Si quieres perder peso, hacer más ejercicio, dejar de fumar o ser más amable con tus hermanos, encuentra qué parte del proceso puede hacer que lo ames. Quizás si solamente comes “lo que debes” cada día, puedes darte un premio. En años pasados, me he pagado a mí misma 20 dólares por cada día que me mantengo en mi dieta, y luego usé los fondos recaudados para comprar ropa o zapatos para el nuevo y ágil cuerpo que logré después de mantenerme en la dieta por suficiente tiempo. Quizás si haces ejercicio en una clase de baile que te gusta, disfrutarás más el proceso y serás capaz de cumplir. Quizás si tu ejercicio es andar en bicicleta, te gustará lo suficiente como para cumplirlo. Quizás si dejas de fumar y en lugar de eso empiezas a cantar, tu boca no se sentirá tan privada y te mantendrás en el proceso y dejarás el hábito. Quizás si llevas a tus hermanos al cine y la pasan bien, será más fácil para ti ser amable con ellos. Encuentra formas positivas de formular tu resolución para que no tengas que solamente sufrir hasta alcanzar la meta.

Finalmente, pregúntate: “¿Qué me gusta realmente? ¿Qué me hace sentir viva, completa y sana?”. Y asegúrate de incorporar eso en tu proceso. En vez de privarte, date a ti misma más de lo que te gusta. Antes de irme a Florida la semana pasada, estaba realmente sobrepasada y desmotivada. Fui a la playa a tomar sol y respirar aire fresco, y escribí una agenda para mis días cuando regresara a casa, la cual incorporaba todas las partes de la vida que yo quería. Apunté tiempo para mi familia y tiempo para amigas y tiempo para ejercicio, y tuve que decidir qué cosas recortar de mi agenda para acomodar esas importantes metas de vida. Asegúrate de estar haciendo suficiente de lo que realmente amas, de lo que realmente te da un sentimiento de vitalidad.

Si haces todo esto, creo que será más fácil cumplir tus resoluciones.

¡Feliz vida nueva!

9/1/2017

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