El desarrollo saludable del carácter es tanto un prerrequisito como un complemento para alcanzar la cercanía con Dios. Hay muchos textos sobre el tema para estudiar detenidamente mientras luchamos por crecer. Ellos ofrecen ideas y herramientas para el cambio. Pero no son el único medio de crecimiento personal. A veces nuestras experiencias de vida nos llevan a momentos “ajá” y a nuevas formas de ser. Y a veces, las historias de vida de personas (aparentemente) comunes son las más inspiradoras. Estas son personas que obviamente no poseen dones extraordinarios y que sin embargo demuestran una fuerza, un coraje y una convicción inusual cuando son puestos a prueba.

Leí recientemente dos libros dramáticamente diferentes y cada uno me afectó de manera profunda. Me hicieron sentir que aún tenía fuerza y potencial sin explotar, y me empujaron a luchar por más.

Uno fue "After the Fire" (Después del Incendio) por Robin Gaby Fisher, una historia de amistad y coraje de dos compañeros de habitación que se quemaron severamente en el incendio de enero del 2000 en la Universidad Seton Hall. Con recursos financieros muy limitados pero con un tremendo apoyo familiar y médico, ellos atravesaron el espantoso dolor del tratamiento para las quemaduras (esas partes del libro son realmente desgarradoras), la extenuante rehabilitación física y las terribles miradas de los extraños.

A pesar de todo eso, el compromiso entre ellos y el compromiso con las oportunidades de la vida, se mantuvo fuerte. Durante esos breves momentos (y con optimismo durante un tiempo después), mientras leía la historia, dejé de lado mis quejas triviales para enfocarme en el panorama general y para reconocer las bendiciones de mi vida – con alegría. El coraje y la resistencia de ellos me inspiró a excavar más profundo, a llegar más alto.

En una línea totalmente diferente, "The Power of Half" (El Poder de la Mitad) por Kevin Salwen y su hija, Ana, tuvo un impacto profundo de otro tipo. Kevin Salwen es un ex-escritor para el Wall Street Journal y quizás muchos de ustedes ya conocen su historia. Tanto el Sr. Salwen como su esposa, buscaron trabajos para escalar rápido y alcanzaron un enorme éxito financiero y profesional. Ellos vivían con sus dos hijos en una gran mansión de valor histórico en Atlanta. Y aunque ellos sí le entregaban a la comunidad, era de formas relativamente pequeñas, especialmente en proporción a sus adquisiciones y al tiempo invertido en sus trabajos (esta no es mi interpretación; esta es la descripción del mismo Sr. Salwen).

Su hija fue siempre considerada la idealista de la familia y cuando se detuvieron un día en una luz roja, ella vio un Mercedes en un lado y un hombre sin hogar en el otro, ella fue sacudida por la yuxtaposición. Con todo el entusiasmo y la falta de experiencia de una adolescente (!), ella comentó que “si ese hombre tuviera un auto menos lujoso, ese hombre podría tener una cena”.

Aunque el mundo generalmente no opera en esos términos simplistas, en la situación de la familia Salwen, básicamente fue así.

El idealismo de Ana fue contagioso y la familia finalmente decidió vender su casa para trasladarse a una más pequeña. Además, acordaron dar la mitad de sus ingresos a proyectos de caridad de su elección.

Vale la pena leer el libro ya que la familia lidia con la decisión y con las opciones que siguen en el periodo subsiguiente, tanto individuales como colectivas.

Y te hace pensar. ¿Cuánto exceso material tengo? O a la inversa, ¿Qué necesito realmente? ¿Cómo podría ayudar a otros? Quizás tengo algo de exceso de tiempo, algunos momentos desaprovechados que podrían ser utilizados mejor.

No estoy vendiendo mi casa (¡de todas maneras el banco es dueño de la mayoría de ella!) pero quizás hay formas más pequeñas en las que podría dar más, ser más conciente y considerada de las necesidades de otros.

¿A cuanta pobreza y miseria le doy vuelta la cara? "The Power of Half" es un libro de musar (desarrollo espiritual) en el más puro sentido de la palabra ya que logra la meta de la introspección, evaluación y, si Dios quiere, cambio.

No he decidido mi curso de acción todavía (quizás podría ser: “¡un par de zapatos para los desamparados y uno para mí!”) pero por lo menos lo he estado pensando. Reconozco que si no hago algo concreto entonces son sólo palabras vacías (mías, no de ellos), así que estoy intentándolo. Estoy dando pasos pequeños, uno a la vez. Un visto bueno más. Cinco minutos más de entregar. Moviéndome despacio por el camino a ser diferente, y de ese modo marcando una diferencia.