“No causarás dolor a una viuda o a un huérfano”. Éxodo 22:21

La Torá nos exhorta a ser particularmente sensibles a las necesidades de una viuda o un huérfano, que seamos concientes de su dolor y su soledad.

Escuché una escalofriante historia una vez sobre un rabino y su esposa, quienes habían servido a una comunidad durante más de 40 años (¡una increíble hazaña en sí misma!). Parte de su compensación era la casa en la que vivían. Sin embargo, apenas el rabino falleció, la junta desalojó a su esposa de la casa.

Nos horrorizamos ante una historia como esta, sin embargo, puede que nosotros mismos no siempre seamos tan considerados – de formas pequeñas o grandes – como debiéramos ser. Cuando mi hijo estaba en uno de los primeros grados de la escuela (¡todo es medio borroso así que no me pregunten en cual!) su maestra era una joven viuda con una casa llena de niños. Una noche mi hijo olvidó hacer sus deberes y recuerdo haberle dado a ella la patética excusa de que mi esposo estaba fuera de la ciudad así que no pude ayudarlo. Podría haberme mordido la lengua inmediatamente después de que las palabras salieron de mi boca. El esposo de esta mujer ahora no estaba nunca con ella para ayudarla o alivianar su carga. En mis débiles esfuerzos por mitigar mi culpa por los deberes, puedo sin darme cuenta haberle causado dolor a ella. Porque pensé en mí misma en vez de en ella antes de hablar.

Aunque no queremos que nuestras conversaciones sean artificiales (eso puede ser igualmente incómodo y doloroso), necesitamos evaluar las consecuencias de nuestras palabras antes de decirlas, no después.

La difícil situación de las viudas se hizo obvia para mí cuando recientemente una amiga me contó esta historia: ella (mi amiga Sara) no es, gracias a Dios, una viuda. Su marido simplemente estaba fuera de la ciudad durante las dos semanas cruciales en que la hija de su amiga cercana, Beth, se casaba. Sara se sentía muy mal por la ausencia de su esposo. Por otra parte, su esposo se sentía muy mal por no participar de la simjá. Además, Sara normalmente hacía Sheva Brajot, una cena de celebración posterior a la boda para los hijos de sus amigas, pero sin su esposo para cargar con el peso de las compras y guiar el evento, ella no se sentía cómoda. Ella le explicó a Beth quien por supuesto entendió, y ellas bailaron juntas con alegría en la boda.

Pero a Sara no la invitaron ni siquiera a una comida de Sheva Brajot. “Pude sentir el gusto durante esta semana”, me dijo ella, “de lo que debe sentir una viuda”. Y me dieron escalofríos una vez más.

Es difícil pensar en todo el mundo. Es difícil lidiar con tantas necesidades (¡especialmente cuando las de tu propia casa gritan tan fuerte!). Pero el hecho de que la Torá señala especialmente a las viudas y a los huérfanos nos enseña algo – es demasiado fácil olvidarnos de ellos; y su dolor es muy grande. Es un nuevo nivel de sensibilidad para agregarlo a nuestra conciencia diaria. Solamente puede llevar a futuro crecimiento y mayor amor por otros judíos.