Leí algo increíble el otro día: que así como tendremos que rendir cuentas por todas las cosas desagradables que dijimos y que no deberíamos haber dicho, también tendremos que rendir cuentas por todas las cosas amables que deberíamos haber dicho y no dijimos. ¡Auch!

La implicación obvia es que tenemos que buscar con más entusiasmo oportunidades para elogiar a los demás: a nuestros hijos, a los hijos de nuestros amigos (especialmente con nuestros amigos), a nuestros esposos, a los esposos de nuestras amigas (¡sólo con nuestras amigas!).

Creo que esta idea realmente puede cambiarnos la vida. Puede crear más conexión, fortalecer la comunidad y deshacer un poco la negatividad que domina nuestro discurso público, y a veces también el privado.

Pero esta idea también tiene otro lado. Si vamos de un lado a otro dando cumplidos, la otra persona debe aprender cómo recibirlos, cómo aceptarlos de una forma amable y considerada y no despreciativa. ¿No sería irónico acaso herir a los demás, no por una crueldad intencional, sino a causa de nuestra involuntaria incapacidad de recibir un cumplido con gracia?

Si alguien nos dice un cumplido y no lo tomamos en serio, esa persona se siente menospreciada. ¿Sabes quién más se siente menospreciado? Nosotros. Es una conducta totalmente autodestructiva.

Por lo tanto, la próxima vez que un invitado nos diga que el pastel que le acabamos de servir está delicioso, la respuesta correcta no es: “es muy fácil prepararlo, es de los que vienen en caja”. La respuesta apropiada es simplemente: “Gracias”.

La próxima vez que una amiga elogie nuestro vestido, la respuesta correcta no es: “Estaba de oferta” o “¿Este vestido tan viejo?”. Simplemente debemos decir: “Gracias”.

Si alguien te dice que le encanta tu casa y los azulejos Art Decó del baño, la respuesta ideal no es: “La compramos cuando el mercado estaba alto y la recesión comenzó al día siguiente” (aunque sea verdad), ni: “Esos azulejos están todos quebrados y es imposible reemplazarlos” (lo cual también es verdad). La respuesta correcta, una vez más, es solamente: “Gracias”.

No es arrogante aceptar con gracia un cumplido; de hecho hacerlo es considerado y amable. No somos humildes cuando descartamos un cumplido, sino que en realidad somos hirientes y denigramos a quien nos dio el cumplido.

Ese es el trabajo que nos espera. Tenemos que buscar oportunidades para elogiar a aquellos que queremos, reconocer lo que es especial y expresar nuestra apreciación, comentar sobre los gestos amables y considerados… Y también tenemos que aceptar los elogios (grandes y pequeños) con una sonrisa y un gracias (¡Incluso podemos decir “muchas gracias” si realmente nos esforzamos!).

Parecen desafíos pequeños (y lo son), sin embargo pueden cambiar todo el mundo.