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La petición de Rav Shteinman de que no hagan discursos de alabanza

La petición de Rav Shteinman de que no hagan discursos de alabanza

Por qué pienso que es una práctica para imitar.

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Recientemente estuve en muchos (demasiados) funerales y casas de shivá. También leí el pedido que dejó el líder de nuestra generación, Rav Shteinman. Después de escuchar tantos discursos fúnebres, tengo mi propio e imperfecto entendimiento respecto a por qué el gran Rav puede haber pedido que no digan nada de él. Y por qué, quizás, es una buena práctica para imitar.

Comencemos con la humildad. Una persona que sabe que todo lo bueno que tiene es un regalo de Dios, no quiere que le entonen prodigiosas alabanzas al morir. No quiere ser recordada por ser alguien que no era. No quiere confundir o engañar a otros sobre sus logros, reales o ilusorios. No quiere que nadie se lleve la impresión errónea de que eso dependía de él mismo y no del Creador, que fueron sus acciones y no la bondad de Dios las que lo hicieron quien era. Esa es una motivación muy noble y pura. Nosotros sólo podemos aspirar a acercarnos a ese nivel…

Pero me parece que hay también otras razones. En las leyes que prohíben los chismes, hay algo llamado “avak lashón hará”, el “polvo” del habla derogatoria. Esto se refiere a comentarios que, sin ser por sí mismos negativos, pueden llevar a una conversación negativa. De hecho, esos comentarios pueden ser positivos, demasiado positivos. Mi esposo fue una vez a un funeral en donde el rabino elogió a la persona que había fallecido. El hijo del hombre que había fallecido se acercó después a mi esposo para desmentir las palabras del rabino y se refirió a su padre en términos vulgares y despectivos. Sin ninguna duda ellos tenían una relación difícil, pero creo que sus comentarios se vieron incentivados por la desconexión entre las palabras del rabino y su realidad.

Tenemos que ser muy cuidadosos con lo que decimos. Desgraciadamente esa no fue una experiencia única. Los dos fuimos juntos al funeral de alguien que falleció trágicamente joven. Las alabanzas que le hicieron eran más adecuadas para una persona que hubiera vivido una vida larga y plena, teniendo la oportunidad de enfrentar sus desafíos y crecer. Para alguien que desafortunadamente no tuvo esa oportunidad, las palabras sonaban huecas. Qué triste e innecesario que los asistentes a un funeral terminen discutiendo sobre su amigo o ser querido en términos menos que halagadores.

Dado que la mayoría de las personas no tienen un rabino personal que los conozca íntimamente, las palabras del rabino que oficia la ceremonia a menudo suenan vacías. Ellas no representan de forma adecuada quién era esa persona. No es que no sean sinceros (no estoy difamando su motivación), es que por no conocerlos realmente, nos dejan con una imagen falsa, ya sea una imagen de película como la persona más justa del mundo (ella era igual a Sará, Rivká, Rajel y Leá) o una imagen inadecuada que refleja sus desafíos (a él le encantaba tomar whiskey). He escuchado ambas cosas y creo que el silencio hubiera sido preferible.

Cuando murió Sará, Abraham fue a enterrarla y a alabarla. Allí, en la palabra en hebreo que significa llorar, hay una letra en menor tamaño. Los comentaristas dicen que esto nos enseña que nuestro dolor es en gran medida una actividad privada. El duelo no debe ser un espectáculo público.

Sí, todos nos reunimos a compartir el dolor, pero podríamos limitarnos a los Salmos y a las palabras del servicio y dejar los comentarios para la shivá, en donde existe la oportunidad de escuchar sobre la persona que falleció; de oír historias verdaderas de aquellos que la querían y compartieron su vida. Por lo general yo parto de un funeral desanimada y de una shivá inspirada. Casi siempre deseo haber podido conocer mejor a la persona por la cual se guarda duelo.

Los grandes funerales públicos colocan a los deudos en exhibición, los presionan a decir la frase perfecta, a demostrar su dolor de la forma correcta y socialmente aceptable. Pero en su hogar, en la shivá, tienen la libertad de ser ellos mismos, de hablar sobre su ser querido, de reír, de llorar, de compartir.

No puedo presumir saber cuál fue la motivación de Rav Shteinman para especificar que no hubiera discursos de alabanzas. Pero basándome en mis experiencias personales, esto demostró (como era de esperarse) otra dimensión más de su gran sabiduría. Otra área más sobre la que todos podemos aprender, crecer y elevarnos. 

11/1/2018

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