“¿Por qué vas a ir a Florida?”, me preguntaba todo el mundo. “¡Vives en Los Ángeles!”.

La premisa de esta pregunta parece ser muy simple: el único objetivo de las vacaciones debe ser buscar temperaturas más elevadas (Y, quizás, si viviera en la costa este en el invierno, lo sería).

Pero incluso esta suposición es extraña. ¿Me harían la misma pregunta si fuera a Hawaii (¡nadie lo hizo!)? ¿O a Tahití? ¿Fiyi? ¿Bora Bora? Quizás Miami sólo suena demasiado peatonal o estereotípico.

Sin embargo, dado que no es un lugar que visitamos con frecuencia (a diferencia de nuestros vecinos del área de Nueva York), nos quedamos impresionados ante su belleza; por el agua verde clara, totalmente diferente del Océano Pacífico cercano a casa. (También nos llamó la atención la cantidad y variedad de restaurantes kósher. ¡Pero ese es otro tema!).

El Talmud Ierushalmi sugiere que en el Mundo Venidero deberemos rendir cuentas por los placeres (apropiados) de este mundo que no experimentamos. Dios podría decirnos: “Sí, viste el Océano Pacifico. ¿Pero qué hay del Atlántico?”. “Sí, viste el Atlántico desde la costa de Jersey. ¿Pero qué hay de la costa de Florida?”. Dios creó diferentes océanos con diferentes costas porque cada una posee una belleza propia (incluso Rashi sugiere que son llamados ‘mares’, en plural, por los peces singulares que hay en cada uno).

No queremos desmerecer este regalo en particular, ser complacientes o, todavía peor, indiferentes. Tal como cada clase de pez tiene su color, tamaño y forma individual, así también cada costa, cada playa, cada cuerpo de agua es único y cambia a cada hora por el clima, el sol y la luz que refleja. ¡Incluso observamos cómo la marea cambiaba de dirección! De acuerdo, en ese momento estaba actuando como una buena esposa y no me interesaba ni un poquito… Pero aún así… fue un fenómeno increíble (sólo no le cuenten a mi esposo que dije esto).

No trabajo para el ministerio de turismo de Miami y teníamos otras razones (de negocios y personales) para venir. Pero eso no me impide maravillarme ante la majestuosa vista del océano que hay desde mi habitación.

Es (extremadamente) improbable que vuelva a Miami cada invierno. Como todos sugirieron, no necesito escapar de un lúgubre y helado paisaje de invierno. Escapar no es el único objetivo de las vacaciones. El sol y el calor no son las únicas razones para venir aquí (aunque ayudan). Pero mientras tanto, simplemente estoy disfrutando y apreciando este mundo maravilloso que Dios creó para nosotros. Dejo de lado por el momento mis preocupaciones y desafíos y le permito a Dios que se los lleve con esas olas…

¡A esto sí llamo vacaciones!