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No más máscaras
Con Ojos de Mujer

No más máscaras

A medida que envejecemos, con menos defensas e inhibiciones que provean filtros, nuestros ‘yo’ verdaderos se asoman.

por

Escuché algo realmente aterrador hoy. Nunca había pensado mucho en eso antes. Pero ahora estoy realmente asustada. Aterrorizada de hecho.

Participé en una clase en la que la maestra mencionó que ella visitaba frecuentemente asilos de ancianos cuando era niña. Algunos de los residentes eran amables y le daban la bienvenida, siempre sonriendo, amistosos y felices de verla. Otros eran malhumorados, desagradables y maleducados (todavía no llegamos a la parte aterrorizante…).

Sin pensarlo demasiado, yo simplemente asumí que las personas mayores más desagradables probablemente estaban muy solas, sufriendo, y su conducta reflejaba eso. Y estoy segura de que para algunos eso es verdad.

Pero al hablar con el personal y con parientes, la realidad resultó ser mucho más simple. Y mucho más horrorosa. Sus personalidades reflejaban exactamente quienes ellos habían sido toda su vida, sólo que con menos defensas e inhibiciones que proveyeran filtros o máscaras.

Los ancianos que habían tenido vidas de bondad y preocupación eran amables. Y, desafortunadamente, los que habían tenido vidas de amargura y egoísmo, eran malhumorados. Su esencia estaba a la vista. Ellos simplemente no tenían recursos y energía para cubrirla.

Cuando somos más jóvenes todavía podemos aparentar. Podemos mostrarle una cara al mundo y otra a nuestras familias, una cara sonriente y servil a nuestro jefe y una arrogante a nuestros empleados. Podemos cubrir todas las emociones negativas que realmente estamos sintiendo.

Pero si es solamente un encubrimiento y no un cambio real, nuestros ‘yo’ reales finalmente se asomarán. No podremos engañar a todos para siempre.

Es aterrador. Si no cambiamos quienes somos realmente —de una forma profunda, seria e interna y no solamente superficial— entonces esa persona, en algún momento, será todo lo que tendremos para mostrar.

Por suerte aún tenemos tiempo. Pero debemos actuar. Debemos arrancar de raíz nuestras características negativas; necesitamos cambiar nuestros malos hábitos. Y eso es más fácil decirlo que hacerlo. Así que tenemos que realmente ponernos a trabajar.

Siempre podemos crecer. Bueno... casi siempre. Puede que a algunos de esos ciudadanos mayores a los que se aludía antes les resulte demasiado difícil arrancar de raíz los hábitos de una vida entera. No queremos arriesgarnos. Como dice en uno de nuestros libros favoritos de Dr. Seuss, “El momento ha llegado. El momento es ahora”.

Yo necesito actuar inmediatamente. Y rezo para que mi vejez refleje mis buenas intenciones cuando mis acciones y carácter se queden cortos.

11/12/2014

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