Yo pensaba que la gente transformaba su cocina para que fuera kasher para Pésaj demasiado temprano. ¿Cuál es el apuro? Pensaba. ¿Por qué la competencia? Me preguntaba. ¿Acaso a alguien le importa quién termina primero? (Respuesta: ¡No!).

Incluso se puede aludir a la desventaja de quedar atrapado con una familia que no deja de quejarse por verse privada antes de lo necesario de pasta, tostadas, cereales…

Aunque puede haber influido mi parte compulsiva en ello, este año varios eventos personales (¡la vida siempre tiene giros inesperados!) conspiraron para volverme más empática con la filosofía de: “nunca es demasiado temprano para empezar”.

Así fue que el día después de Purim comencé a prepararme con furia. Y, a pesar de mi reticencia y vacilación (todavía no transformé la cocina, así que mis hijos no empezaron a quejarse de malnutrición o de la escasez de opciones de cereal), aprendí algo nuevo.

Siempre reconocí que a través de los preparativos físicos para la festividad se entienden e interiorizan las lecciones más valiosas. Si el producto leudado es una metáfora del ego y la tarea de limpiar nuestras casas de jametz tiene el objetivo de limpiar nuestras almas de la influencia destructiva de nuestro ego, entonces “más” sin ninguna duda es mejor.

Por cierto que un mes invertido en seria preparación no llega a ser suficiente tiempo para eliminar por completo los dañinos efectos del ego. Pero de todas formas es mejor que 3 semanas, 2 semanas, 1 semana o unos cuantos días…

Aunque nunca he sido una fanática del último minuto (no lo digo como motivo de orgullo sino tan sólo como una reflexión sobre mi tipo de personalidad), también siempre me esforcé por no ser demasiado exagerada. Por lo general apoyo la filosofía de “todo con moderación” (¡eso fue hasta que probé el babka que mi hija compró anoche!), pero creo que es posible que esto no se aplique a Pésaj. Esta es la festividad en donde se aplaude a quien es súper estricto y se lo considerado digno de alabanza. Si hay algún momento para el cual hay que prepararse con celo e incluso exageración, es para Pésaj.

Por lo tanto este año no sólo acepto las circunstancias que requieren planificación y acción anticipada, sino también las oportunidades que vienen con ellas.

Celebro ser un poco compulsiva, un poco desmesurada, y rezo para que a través de esta experiencia finalmente pueda reducir el rol de mi ego en mi vida y disfrutar de una libertad incomparable.