Las propagandas muestran a una alegre mamá volteando panqueques, exprimiendo jugo de naranja fresco alegremente mientras sus enérgicos y alegres hijos comen educadamente su desayuno, se lavan sus dientes (¡nada menos que con pasta de dientes!) y luego agarran sus preorganizadas mochilas para salir calmadamente por la puerta en su camino hacia la escuela, al menos cinco minutos antes del horario. Ellos probablemente también le dijeron “gracias” a su madre.

Es una imagen de fantasía que ciertamente provocará rechinado de dientes y expresiones no adecuadas para este foro.

Una mañana típica en mi casa usualmente involucra despertar a niños cansados y gruñones quienes no tienen ningún deseo de ir a la escuela. Algunos de ellos demuestran esta falta de interés a través de voltearse inmediatamente hacia el otro lado y seguir durmiendo, perdiendo por lo tanto preciados minutos dedicados a despertarlos repetidamente.

Nunca hay del cereal apropiado en la casa a pesar de tener 11 variedades en la despensa. Nadie quiere llevar sándwiches de atún para el almuerzo. Se nos acabó la pizza congelada y la mantequilla de maní ha sido vetada (¿cuándo fue que la alergia al maní se apoderó del planeta?). Una niña no le presta su suéter a su hermana y un niño siempre es lento en alistarse, provocando ataques de enojo por parte de sus hermanos y expresiones que no pueden publicarse en este foro por parte de su madre.

Cuando todos finalmente están en el auto, con los dientes lavados (pasta opcional), reina un deprimente silencio que sólo será roto por una pelea sobre qué CD escuchar. Esto es frecuentemente seguido de una larga lista de cosas olvidadas en casa (un almuerzo, una crucial hoja suelta) tanto como una lista de suministros escolares que eran para ayer.

¿Cómo sobrevive la madre promedio? Seguro existen técnicas para ahorrar tiempo: deja todo listo la noche anterior (¡he escuchado que algunos niños incluso duermen con sus uniformes!), haz listas de cosas por hacer y cosas por comprar, asigna tareas y responsabilidades. Todos esos esfuerzos ayudan. Pero el verdadero problema es la actitud.

En un área en donde no hay autobuses y yo llevo a mis hijos a la escuela todos los días, me gustaría que nuestras interacciones fueran positivas. Me gustaría que se fueran a la escuela sintiéndose amados y apoyados ¡y ansiosos de regresar a casa al final del día!

Tenemos que tomar una decisión sobre la importancia de nuestra relación con nuestros hijos que supera nuestro propio cansancio y frustración.

A veces ayuda levantarse más temprano que los niños (lo que a menudo no funciona porque ellos escogen levantarse temprano también ese mismo día) y una inyección temprana de cafeína.

Pero finalmente es como todas las situaciones difíciles, una prueba de voluntad y paciencia, que requiere enfoque constante en la meta final. Tenemos que tomar una decisión sobre la importancia de nuestra relación con nuestros hijos que supera nuestro propio cansancio y frustración. Tenemos que ser los adultos, sin importar la tentación de regresar a conductas más infantiles.

Tenemos que estar calmados, tener paciencia y ser amistosos sin importar el costo o la provocación. Tenemos un tiempo muy limitado con nuestros hijos en las mañanas y queremos utilizarlo productivamente.

Yo abogaría por cereal frío antes que huevos y tostadas si hace una diferencia en actitud y resulta en una mamá menos agobiada (por estos lados del mundo recitamos una plegaria de agradecimiento extra por la creación de los waffles congelados). Y luego muchas sonrisas. Sonríe mientras ignoras las peleas. Sonríe mientras los acompañas a la puerta. Sonríe mientras regresas por hojas de autorización olvidadas.

Algunas mañanas son realmente difíciles. Una de mis maestras dijo que ella usa las mañanas, cuando están todos juntos, para repasar conceptos de Torá importantes. Eso parece estar más allá de mi alcance. Yo solamente estoy agradecida si no grito. Cada día de calma es un verdadero logro.

Algunos días tarda más tiempo despertar a todos que otros días. Algunos días las peleas son más predominantes, más duraderas. Así que cada día, sin importar lo que haya ocurrido, les doy a mis hijos una bendición cuando bajan del auto (antes de que cierren la puerta de golpe), “Que tengas un excelente día. Recuerda que Dios te ama. Aprende Torá y haz jésed (bondad). Que estés besimjá (feliz)”. Y luego yo trato de seguir mi propio consejo.