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Validada por Facebook

Validada por Facebook

Me sorprendió descubrir cuánto me importa lo que la gente dice de mí en Facebook.

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Hace un tiempo planifiqué un evento. Había muchos detalles involucrados y asistirían muchas personas. Estaba muy ansiosa de que todo saliera bien, por lo que no lograba dormir. Me preocupaba el catering, el programa, el ambiente social… Sentí un gran alivio cuando finalmente llegó el día. Anticipaba una esperada noche de descanso después del evento.

Gracias a Dios todo salió bien. El salón se veía hermoso, la comida estuvo deliciosa y servida con elegancia, el programa fue apropiado (mi esposo era uno de los conferencistas, así que soy subjetiva). A juzgar por la constante conversación en el salón, también logramos la meta de crear nuevas y profundas relaciones.

Muchas mujeres se acercaron a decirme cuánto lo habían disfrutado y mi experiencia confirmaba que había sido una noche exitosa. Sin embargo no estaba satisfecha. Me sorprendí revisando los comentarios en Facebook para ver lo que la gente decía. Al parecer, sólo con un bombardeo de comentarios favorables iba a llegar a sentirme tranquila respecto al éxito del evento. Entonces finalmente podría dormir…

No podía confiar en mi intuición. No podía confiar en mi experiencia. Ni siquiera podía confiar en lo que me dijeron en persona. Sólo sería real si estaba en Facebook. ¡Huau! Había sido seducida por la fuerza del medio. Aunque por lo general yo misma no escribo mensajes, lamenté descubrir cuánto dependo de lo que dicen allí. Tanto, que incluso parece reemplazar la conexión personal en vivo y en directo.

Me sentí mortificada. Me la paso despotricando contra la influencia destructiva de nuestra obsesión por Facebook y de pronto descubro que yo misma comparto esa obsesión. Entendí en carne propia la fuerza que tiene y decidí que llegó el momento de revisar lo que hago. Comprendí que necesito alejarme todavía más de lo que ya es una mínima participación.

Me di cuenta que Facebook se mete insidiosamente en nuestra conciencia, echa raíces y afecta nuestras perspectivas. Yo sé que para muchas personas las experiencias, eventos y ocasiones no son reales a menos que estén publicadas en Facebook. Yo siempre me consideré inmune a eso. Y conscientemente me rehusé a publicar algo personal.

Pero no importó. De todas maneras quedé atrapada en la telaraña. Fue un momento de iluminación.

Me imagino que hay algunos lectores ansiosos por responder a este artículo y decirme que exagero, que mi respuesta se debe a mi propia locura, mi neurosis, mis inseguridades. Por supuesto que eso es posible.

Pero no creo que sea sólo yo. Si observo los posts de otras personas (¡me olvidé que ya no iba a hacerlo!), si reconozco la necesidad que tienen de publicar (¡en mi evento el viernes por la noche escuché murmuros de que era una lástima no poder sacar una foto y publicarla en Facebook!), si escucho las respuestas de todos a lo que ven en el sitio (según lo que me cuentan), entonces no pienso que estoy sola.

Nuestras experiencias se mantienen por sí mismas. No dependen de que leamos sobre ellas al día siguiente. Por cierto tampoco dependen de eso nuestras relaciones. Ellas existen en tiempo real, en el momento, en la conexión personal y no en las palabras que figuran en la pantalla de la computadora.

Me sorprendí al descubrir cuánto me afectó Facebook y decidí alejarme todavía más. El riesgo es demasiado grande y la recompensa no vale la pena...

En verdad fue una noche maravillosa con mujeres maravillosas. No necesito que Facebook me lo confirme.

19/10/2018

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