Hace poco leí un artículo del “Wall Street Journal” sobre el código de etiqueta del vino. A mí ni siquiera me gusta el vino; lo que me intrigó fue la parte de la etiqueta. Por “etiqueta” la autora (Lettie Teague) no se refería a cómo girar, probar y escupir el vino. Ella hablaba sobre la ética involucrada en pedir un vino caro, compartir un vino caro y otros aspectos de un mundo que yo no habito.

Había una historia que me interesó. Una pareja pasó el fin de semana en la casa de la playa de sus amigos y para expresar su apreciación los invitaron a cenar. Hasta ahora, todo va bien. En la cena, el hijo de 20 años de los amigos pidió un vino muy caro. Los anfitriones se enojaron; ya no existía su fin de semana “gratis”.

La señorita Teague expresó indignación por el hecho de que la expectativa de los amigos de un fin de semana gratis se desvaneciera ante el extravagante vino del hijo de sus amigos. Me pregunto por qué a nadie le preocupó la educación que recibió ese hijo. ¿Por qué los padres no cambiaron gentilmente, y sin humillarlo, la orden de su hijo? De esta forma parece que ellos también pensaron que era apropiado. ¿Acaso ellos también querían ese vino caro y usaron a su hijo como vehículo para pedirlo? Él no era quien había hecho el acto de generosidad. Él no era el receptor del agradecimiento de los invitados.

Supongamos que los padres se sintieron mal. ¿Acaso ellos no podían decir (amable y alegremente) algo así como: “Yo probé ese vino y aunque es bueno, creo que el Gualdo del Re 2003 L’Rennero Merlot de 50 dólares es igual de bueno”? O “Juan, de veras tienes buen gusto. ¿Te importa si en cambio pedimos el St. Hugo Shiraz? Me parece más ligero y agradable”. Con un poco de pensamiento, hay muchas cosas que un padre considerado podría haber dicho.

Mi preocupación aquí no es por la cuenta de banco de los invitados, aunque estoy segura que ellos se sintieron frustrados. Yo me pregunto cuál es el futuro de ese joven a quien se le permite salirse con la suya, que no le importa aprovecharse de las personas de esa forma. Espero que no sea demasiado tarde. Una reprimenda sería vergonzosa y poco efectiva; ya es demasiado grande para el regaño de sus padres. Pero quizás si ellos hubiesen invertido la situación de una manera más considerada, él habría entendido el mensaje.

Es tentador leer toda una historia de egoísmo en este párrafo. Quizás falta algún detalle crucial. Pero todos necesitamos límites y hasta que los hijos sean completamente independientes, la tarea de los padres es proveérselos. Una vida sin límites lleva al exceso y la indulgencia. Un hijo, incluso grande, sin límites, pierde su estabilidad. No fue algo bueno que esos padres le permitieran a su hijo comportarse de esa manera. En realidad lo dañaron y obstruyeron su futuro.

Me imagino que los padres no esperaban algo así, estaban desprevenidos. Pero también me imagino que no fue la primera vez. Su trabajo de padres no ha concluido, pero las oportunidades se acaban. Ellos deben actuar pronto, por su propio bien, por el bien de sus amistades y, más que nada, por el bien de su hijo.