Un buen matrimonio ofrece compañía de por vida y más satisfacción emocional y espiritual que ninguna otra cosa. Sin embargo, una gran cantidad de mujeres de todas las edades, afirman no tener interés en el matrimonio. Muchas me dicen, en privado, que desean casarse pero temen fracasar.

El primer paso para una mujer que tiene temor al matrimonio es identificar su miedo. Aquí presento, en categorías generales, cómo se puede manifestar esta ansiedad y cómo diferentes mujeres lograron liberarse de la misma y ahora disfrutan de un buen matrimonio, o pueden llegar a hacerlo después haber construido su confianza:

1. Padres divorciados durante la infancia

Personalmente, yo postergué el matrimonio por temor a terminar con el corazón roto, como le ocurrió a mi madre cuando se divorció de mi padre.

Mi travesía para lograr sentirme preparada para el matrimonio me llevó a buscar psicoterapia, recibir consejos de personas casadas y hablar con consejeros religiosos y espirituales, cuya fe en mi capacidad para tener un matrimonio exitoso fortaleció la mía. De esta forma, llevo 27 años felizmente casada.

2. Padres con una relación destructiva que siguen casados.

Eva creció con un padre físicamente abusivo y fue testigo de las peleas a gritos de sus padres. Se casó con su novio de la universidad, quien la golpeaba a menudo. Después de divorciarse de él, durante décadas salió con hombres que no querían un compromiso. Ahora, a los 70 años, dice que ya no está interesada en una relación. Eva se aferró a su temor al fracaso. Si hubiera elegido, con ayuda profesional, lograr autoconciencia emocional y confianza, creo que se hubiera casado de nuevo y hubiera tenido éxito.

3. Divorciados o viudos, temor a otra pérdida devastadora

El esposo de Belinda murió hace más de cinco años. Belinda tuvo que salir de su zona de confort para volver a tener citas. Ella dijo: “No quiero ser rechazada” y “No quiero que alguien más se me muera”. Compartió su deseo de volver a casarse, así como sus temores, con una amiga felizmente casada que la alentó.

Hace poco, Belinda se comprometió con un hombre al que conoció hace más de un año. Respecto a su amiga casada que tanto la alentó, Belinda dice: “De no haber sido por ella, ni siquiera hubiera comenzado a salir”.

4. Tener amigas divorciadas y cínicas

Jennifer es una esbelta rubia, dos veces divorciada y con dos hijos adolescentes. “Mis amigas y yo somos todas divorciadas y cínicas respecto al matrimonio”, afirma. Jennifer tenía poco en común con sus exmaridos como para que alguna de esas uniones durara. En vez de reconocer sus malas elecciones, ella habla mal del matrimonio y tiene un novio tras otro.

Al igual que Eva, Jennifer podría beneficiarse recibiendo ayuda profesional para llegar a entenderse a sí misma, incluyendo aquello que realmente necesita de un esposo, que va mucho más allá de una atracción sexual inicial. También le recomendaría encontrar amigas que crean en el matrimonio.

5. Temer la pérdida de la libertad, dinero o identidad.

Dina, ya cerca de los treinta, creía que casarse era compartir todas las comidas y la cama. Temía perder la identidad. Después de enterarse que muchos matrimonios comen algunas veces separados y que alrededor de un tercio de ellos duermen en camas separadas, Dina comprendió que podía plantear sus necesidades esperando llegar a un acuerdo. De esta forma se predispuso a salir constructivamente, y lo hizo. Ahora está felizmente casada con un hombre que responde a sus necesidades con amabilidad y sensibilidad.

La preocupación de Judi era el dinero. Quería casarse con Ben, pero temía perder el control de sus propiedades, incluyendo las que deseaba que heredaran sus hijos de un matrimonio anterior. Un acuerdo prenupcial parecía poco romántico, pero, cuando compartió sus temores con Ben, decidieron hacer uno. Mucho después de su boda, Judi continuó valorando que Ben haya entendido y aceptado su necesidad de seguridad financiera, lo que debía solucionar antes de casarse.

6. Sentirse indigno.

Ani nació con escoliosis, una curvatura de la columna que necesitaba atención médica frecuente. Consciente de sí misma e introvertida durante su juventud, sentía que sus padres la consideraban un fracaso. Ani, que ahora tiene más de 60 años, es amable, exitosa y sumamente bonita, reconoce querer casarse, pero esquiva a los hombres que también lo desean. Se involucra en relaciones informales de largo plazo y se queja con sus amigas diciendo que los hombres no la tratan con seriedad.

Ani necesita sentir que merece un buen matrimonio, y recién entonces podrá sentirse segura en una relación con un marido potencial. La psicoterapia podría ayudarla a lograr autoestima y optimismo respecto a su capacidad para tener éxito en el matrimonio.

Cómo ganar confianza

¿Alguno de estos escenarios te resulta familiar? Todas esas mujeres pueden tener éxito. Al aprender qué es necesario para prosperar en el matrimonio, puedes esperar tener sabiduría durante tus citas y crear la relación que siempre deseaste: una para toda la vida, que satisfaga a ambos miembros de la pareja en todos los aspectos importantes.