Con tantos casos de hombres famosos cayendo en desgracia, es una buena idea que los padres reexaminemos cómo debemos educar a nuestros hijos para que se conviertan en buenos hombres. La forma en que nuestros hijos ven a las mujeres cuando son niños impactará la manera en que tratarán a las mujeres cuando salgan al mundo.

Tenemos la responsabilidad de proveer a nuestros hijos entrenamiento espiritual. Los padres y las madres recibieron el mandato de dejar una huella espiritual en el alma de sus hijos.

Si esperamos que la siguiente generación nos escuche cuando crezca, deben escucharnos mientras son pequeños. ¿Cuál es el mensaje que impartimos? ¿Cómo podemos nutrir el carácter de nuestros hijos para que dejen este mundo mejor de lo que era cuando ellos llegaron? (No hace falta decir que los siguientes puntos se aplican también a cómo enseñarles a nuestras hijas a respetar a los hombres).

Honra a las mujeres en tu vida

Lo que el niño observa de primera mano influye más que cualquier sermón sobre cómo tratar debidamente a las mujeres. Cuando los padres se honran mutuamente, cuando tratan a las mujeres con dignidad, florece el respeto. Pregúntate: ¿Cómo honramos a las mujeres en nuestra vida? ¿Desacreditamos con facilidad los pensamientos de las mujeres? ¿Cuál es nuestro tono y nuestro lenguaje corporal? ¿Nos burlamos descuidadamente de las preocupaciones de una madre? ¿La abuela es ignorada y la hacemos sentir irrelevante?

También hay formas positivas en las que podemos enseñarles a los niños. En vez de que siempre sea mamá la que sirve, prepara incansablemente y de alguna manera hace que todo marche sobre ruedas para la familia, involucremos a nuestros esposos e hijos. Incluso un niño de dos años puede aprender a llevarle una cuchara o un vaso de agua a su madre.

Y cuando los niños crecen: “Por favor mamá, siéntate. Yo me haré cargo de esto”. ¡Qué bellas palabras para los oídos de una madre!

Expresar gratitud frente a tus hijos es otra manera de honrar. ¿Cuán a menudo nos levantamos de la mesa o tomamos un bocadillo que mamá preparó sin ni siquiera mirar para atrás? Se espera que la madre calme sentimientos heridos, cure rodillas raspadas, medie en las peleas de hermanos, alimente estómagos hambrientos, supervise las tareas escolares, lleve a todos a sus actividades extracurriculares, se asegure que haya uniformes limpios y siga siendo la mujer increíble que debe ser.

Si queremos que nuestros hijos respetan a las mujeres, deben ver y oír ese respeto en el hogar.

El judaísmo reconoce la fuerza y el poder de las mujeres. Cada viernes a la noche cantamos Eshet Jail, Una mujer de valor, honrando tributo a las mujeres en nuestras vidas. Allí decimos que ella se levanta cuando todavía está oscuro y nunca se permite caer en las profundidades de la desesperanza. Su llama nunca se extingue aunque su corazón esté repleto. Ella está exhausta pero persevera.

Si queremos que nuestros hijos respeten a las mujeres, ellos deben ver y oír ese respeto en el hogar.

Enseñar autodisciplina

Todos los niños precisan autodisciplina para gobernar sobre sus emociones y acciones que pueden dañar a los demás. Nuestra cultura obsesionada con la tecnología implica que a menudo no hay “final”. No hay fin para la música, no hay fin para el show, no hay fin para navegar por internet, siempre hay algo más para ver o escuchar. ¿Cómo se puede entender la definición de “suficiente”? ¿De dónde aprende un niño lo que significa “detenerse”? Ellos siguen desplazando el mouse y haciendo clic.

En una sociedad de gratificación instantánea, los niños creen que sus deseos están antes que todos los demás.

Crecer en un mundo en el que los deseos se satisfacen tocando un botón puede dañar la capacidad del niño de comprender la palabra “no”. ¿Cuántos padres son capaces de negarse repetidamente a los deseos de sus hijos? En una sociedad de gratificación instantánea, los niños creen que sus deseos están antes que todos los demás. “¡Quiero eso y lo quiero ahora!”. Encárgalo en Amazon y llega a tu umbral. Los deseos y las necesidades a menudo se confunden.

Entrenar el carácter exige que el padre no tenga miedo de declarar los límites. Enseñar lo que es bueno y lo que es malo requiere que establezcamos reglas. Ya sea que no haya teléfonos en las comidas y en el momento de hacer los deberes escolares o limitar las compras en iTunes, tenemos la obligación de defender aquello en lo que creemos. Crear un espacio dentro del mundo del niño donde está bien no obtener todo, respetar la palabra “no”, comprender que lo que crea felicidad no es lo que tienes sino quién eres, todos estos son escalones esenciales en la escalera hacia la grandeza moral.

El judaísmo nos provee con caminos intrínsecos de autodisciplina. Las mitzvot nos ayudan a entrenar los corazones de nuestros hijos.

“Sí, quieres una barra de chocolate, pero es lácteo y tienes que esperar después de comer carne hasta que puedes comer algo lácteo”.

“Seguro, tienes un chisme muy jugoso pero eso es lashón hará, y no podemos herir a los demás con nuestras palabras”.

Conéctate con la energía positiva de enseñarle a tu hijo la fuerza de gobernar sobre sus deseos.

Enseñar responsabilidad y empatía

Estos son dos valores sobre los que debemos trabajar con nuestros hijos para ayudarlos a convertirse en grandes hombres.

Comencemos con la responsabilidad. Cuando lastimamos a otros necesitamos reconocer el dolor que hemos causado. Tenemos que enseñarles a los niños a hacerse cargo de sus propios actos. A pedir perdón sin “peros”, sin excusas y sin culpar a los demás. Demasiados adultos niegan el daño que han infligido. No podemos permitir racionalizar los errores de nuestros hijos al excusar su mal comportamiento. Es lamentable decir cosas como “los niños siempre serán niños” o “esta es la cultura actual”. No hay ninguna justificación para degradar a los demás. Si provocas un daño al mundo a través de tus palabras o acciones, tienes que asumir la responsabilidad.

Inspirar a los niños a respetar y tener autocontrol nutre la voz interior que se convierte en su brújula moral.

Tener empatía significa ser responsable por los sentimientos del otro. En un mundo en el que se dejó de ver al otro y nos focalizamos principalmente en nosotros mismos, los niños se han vuelto egoístas. En gran medida el daño infligido tuvo lugar debido a que las necesidades personales tienen prioridad sobre las necesidades y las emociones de la persona a quien daño. Queremos que nuestros hijos crezcan sintonizados con el corazón de los demás. No hay lugar para la crueldad. ¿Cómo puedo llegar a causar dolor a otro ser humano?

Debemos poner nombres a las emociones tales como “triste”, “dolido” y “sentirse mal”, para poder pararnos en los zapatos de la otra persona. Enseñar sensibilidad. Guiar a los niños a alejarse de escribir y reenviar textos agresivos o dejar de lado a compañeros de clase o hermanos. Ayudar a los niños a tener conciencia de cómo se sienten los otros los ayuda a pensar sobre las ramificaciones de sus actos; un bien sumamente necesario al entrar al mundo adulto.

Cuando nuestros hijos crecen comprendiendo que sus acciones impactan sobre los demás, entienden que lo que ellos hacen es importante. Nuestras decisiones pueden herir o curar. Tenemos que enseñarles a nuestros hijos a ser sensibles a los sentimientos de los demás, a ver los rostros de quienes los rodean y reconocer la sombra del dolor en sus ojos. Inspirar a los niños a respetar y tener autocontrol nutre la voz interior que se convierte en su brújula moral.

Tenemos la oportunidad de enseñarles a nuestros hijos cómo infundir el mundo con honor, bondad y dignidad para que crezcan y se conviertan en los buenos hombres que sabemos que deben ser.