La mayoría de los padres saben cuán importante es para sus niños pequeños ir a dormir temprano y no están dispuestos a permitirles quedarse levantados hasta la madrugada. Pero cuando enfrentan el desafío y las protestas noche tras noche, esto transforma el momento de ir a la cama en un instante de tensión incluso para los más firmes defensores de poner fin al día temprano.

La hora de ir a la cama es un momento difícil. Luego de un largo día jugando, los niños ya están listos para irse a dormir. Pero sólo porque estén listos no quiere decir que estén dispuestos a hacerlo. Entonces la hora de ir a dormir se convierte en un campo de batalla entre la madre y los pequeños.

¿Qué debe hacer el padre de un niño que se niega a ir a la cama?

Estos son los 3 mejores consejos para evitar los berrinches a la hora de ir a dormir.

Que haya un momento de relajación

“¡Tienes que cansarlos antes de acostarlos!”, me dijeron una y otra vez.

Si bien es importante que tu hijo esté suficientemente cansado antes de la hora de dormir (asegurando que esté despierto suficiente tiempo, de acuerdo con su edad), alborotarlos para “prepararlos” para irse a dormir puede ser contraproducente.

Si un niño la pasa bien jugando y saltando antes de ir a la cama, lo más probable es que no desee detenerse para dormir.

Recuerdo que cuando era pequeña la regla de mi madre era: no se sale de la casa después de cenar. Una vez que terminábamos de cenar podíamos jugar dentro de la casa, hacer las tareas escolares o ayudar con los quehaceres domésticos, pero era un momento para bajar las revoluciones.

Con un niño pequeño es mejor comenzar a calmarlo aproximadamente una hora antes de acostarlo. Si puedes, baja las luces (esto ayuda a que el cuerpo comience a producir melatonina) y alienta un juego calmo.

Entonces, unos 20 o 30 minutos antes de la hora de estar en la cama comienza con la rutina nocturna.

Construye una rutina consistente

Para los niños pequeños la vida es dura. Están en el proceso de aprender sobre su propia independencia, pero sus vidas están demasiado controladas por los adultos que los rodean. Imagina si tu jefe decidiera lo que tú debes comer y vestir, en dónde comprarás tus alimentos y tus prendas, y cuánto dinero puedes gastar cada mes. Algo así es la vida de tu pequeño.

Contar con una medida de predictibilidad los ayuda a sentir que tienen control, porque cuentan con la seguridad de saber qué viene después. No se trata tanto de lo que les dices sino simplemente que “eso es lo que hacemos”.

Implementar una rutina consistente a la hora de ir a la cama, con los mismos pasos en el mismo orden cada noche, le permite a tu hijo saber qué esperar.

Las representaciones visuales también ayudan cuando los niños son suficientemente grandes como para entender pero demasiado pequeños como para leer. (Cuando mis mellizos tenían 17 meses comenzaron a reconocer dibujos de gente que se lavaba los dientes. ¡No desestimes las capacidades de tu hijo!).

Armar una lista visual con todos los pasos de la rutina nocturna puede ayudar al niño a seguir su proceso y saber qué viene después. Puedes hacerlo participar en el proceso y permitirle colorear los dibujos. De esta forma lo ayudas a que la rutina también le “pertenezca”.

Un ejemplo de rutina nocturna para un niño pequeño puede ser algo así:

  • Bañarse/lavarse la cara y las manos

  • Cepillarse los dientes

  • Ponerse el pijama

  • Leer un libro

  • Cantar una canción

  • Decir el Shemá

  • Conversar sobre el día

  • Beso de buenas noches

Dar opciones pequeñas

Otra forma de permitirle a tu hijo sentir que tiene control es darle pequeñas opciones. La clave es: tú construyes la estructura y lo dejas rellenar los espacios.

En vez de dar instrucciones u órdenes, preséntalo como una opción.

En vez de decir: “¡Es hora de ir a la cama!”, conviértelo en una elección: “¿Quieres bañarte ahora o en dos minutos?”.

En vez de: “Ponte el pijama”, dile: “¿Prefieres el pijama rojo o el azul?” Y luego: “¿Quieres ponerte primero la camiseta o el pantalón?” “¿Quieres hacerlo solo o que te ayude?”.

Algunas veces tu pequeño protestará y dirá que quiere hacer algo que no está entre las opciones que le presentaste (por ejemplo: “¡no quiero ir a la cama!”) En ese caso, debes informarle con mucha tranquilidad: “Lo lamento, esa no era una de tus opciones”, y entonces repetir con calma sus opciones. Una vez más, se trata de construir una estructura, permitirle tomar pequeñas elecciones para llenar los espacios vacíos.

La hora de ir a dormir no debe ser una lucha cada noche. Puede (¡y debe!) ser un momento que tú y tu hijo disfruten juntos.