Un grupo de investigadores de la Universidad de Ámsterdam estudiaron a 565 niños y 705 padres durante más de dos años para entender qué es lo que causa que los niños sean narcisistas. Fueron más allá de la suposición de que los smartphones y los constantes ‘premios sólo por participar’ hacen que sea más fácil que nunca crear una generación ensimismada. En cambio, se enfocaron en el tipo de padres que producen niños narcisistas, esos que "se sienten superiores a los demás, fantasean sobre el éxito personal y creen merecer un trato especial".

Descubrieron que los padres que idolatran a sus hijos y les enseñan que son "extraordinarios, especiales y únicos" los llevan a tener una visión exagerada sobre sí mismos. Al mismo tiempo, esos niños mostraron ser menos amables con los demás. Y a medida que crecen, también lo hace su arrogancia y amor propio. El problema es que el mundo no opina sobre ellos lo mismo que sus padres. Toma 22 niños "asombrosos", ponlos en un aula de clases y te encontrarás con 22 niños que no entienden por qué su maestro no los considera "asombrosos". Su inflada percepción de sí mismos los lleva a un camino de desilusión, ansiedad y sentimientos de inadecuación.

¡Eres tan talentoso!

Los padres que sobrevaloran a sus hijos les alaban incluso los logros más pequeños, creen que sus hijos merecen un trato especial y exageran sus logros.

Cuántas veces no nos pasa que miramos los dibujos de nuestros niños y decimos: "¡Wow!, ¡Increíble!". En los partidos de las ligas infantiles gritamos: "¡Eres genial!". He oído a padres decirles a sus hijos mientras estos juegan con Lego que "¡Nadie puede hacer lo que tú haces!". Y después de un recital de ballet, "¡Eres la mejor, una súper estrella!".

La autoestima no se construye en base a logros grandiosos.

Los niños que son alabados en exceso tienen una percepción inflada de sí mismos y les resulta fácil volverse arrogantes. Han aprendido a esperar piropos, exigen aprobación constante y les resulta difícil aceptar las críticas. Jeffrey Zaslow escribió para el Wall Street Journal un artículo titulado "La generación más alabada sale a trabajar". Él relata las dificultades que enfrentan los jefes y las parejas al vivir con personas que fueron "híper acariciadas" desde la infancia. Oímos sobre empresas que dan alabanza por medio de ‘mensajes de voz’, elogios por simplemente ir a trabajar, y grandes empresas que contratan consultores para enseñarles a los gerentes a alabar a los empleados. Zaslow agrega que, por culpa de esta generación —a quienes sus padres les enseñaron que son "talentosos"—, los jefes, profesores y parejas sienten la necesidad de alabar a los jóvenes para evitar verlos marchitarse bajo un “déficit de alabanza” al cual no están acostumbrados.

Algunos investigadores sugieren que estamos convirtiendo a nuestros hijos en "narcisistas adictos a la alabanza". Las alabanzas constantes o inapropiadas hacen que los adultos se sientan inseguros al no recibir los cumplidos constantes que los hacían sentir "especiales" durante su infancia. Un psicoterapeuta y abogado especializado en divorcios que es citado en el artículo agrega que "los jóvenes casados que fueron alabados, particularmente durante su infancia, necesitan alabanza tanto a su aspecto infantil como a su aspecto adulto". Vivir con personas que requieren que su ego sea elevado constantemente, puede hacer que la relación sea agotadora.

Y eso nos lleva a preguntarnos: ¿Cuál es la manera adecuada de ayudar a nuestros hijos a tener una buena autoestima?

La mejor estrategia para padres

Los investigadores dicen que el mejor camino para criar niños equilibrados es combinar calidez parental con realismo sobre las capacidades del niño. Esa es la manera de evitar que los niños sean narcisistas. Además, agregan que la mejor forma de prevenir el egocentrismo es darles a nuestros hijos una buena autoestima. Cuando se sienten aceptados por los demás bajo una luz positiva, sin necesidad de imponer su impresionante imagen sobre ellos, con el tiempo tienen menos sentimientos de ansiedad y depresión.

¿Qué es la verdadera autoestima? Podemos derivar una respuesta del Talmud, donde se pregunta por qué Dios creó a Adam, el primer hombre, solo. ¿Por qué no creó un mundo lleno de gente? Nuestros sabios nos enseñan que de aquí aprendemos que cada uno de nosotros debe verse a sí mismo y decir: "El mundo fue creado para mí". Todo individuo es vital y tiene una misión única que sólo él puede cumplir.

Saber que soy importante, que hago una diferencia, que tengo una marca espiritual importante que puede impactar el mundo, me hace sentir seguro y orgulloso de quien soy. No necesito que otros me digan constantemente lo "especial" o "asombroso" que soy. Mi respeto propio no debería depender nunca de las palabras de los demás ni de sus abundantes alabanzas. En lugar de eso, cada niño debería crecer entendiendo que hay un espíritu único en su interior. Si logro ayudar a mi hijo a descubrir esa singularidad, entonces le habré dado el regalo de la autoestima.

Para ayudar a nuestros hijos a captar este espíritu singular, debemos esforzarnos para generar una identidad positiva. La capacidad de reconocer que cada uno puede hacer un impacto en el mundo y en quienes lo habitan, le permitirá a nuestros hijos sentirse bien consigo mismos. Esto se convierte en la dimensión espiritual de la autoestima; guiar a nuestros hijos hacia revelar su valor real.

Cómo crear una imagen positiva de uno mismo

1. Enséñales a los niños el valor de sus acciones.

Podemos enseñarles a nuestros hijos que son únicos porque tienen la capacidad de hacer un impacto en los demás mediante su bondad y buenas acciones, dándoles un legado con el cual vivir. Nuestros hijos sentirán el orgullo que genera saber que el mundo es un lugar mejor porque ellos existen; eso es autoestima verdadera. Los talentos que recibieron no son un fin en sí mismos, sino que son medios a través de los cuales pueden afectar a las demás personas, incluso a los niños más pequeños. Esto les dará mucha fuerza y energía.

Presento aquí algunos ejemplos de formas en las cuales los niños pueden usar sus acciones para hacer un impacto en otros y sentirse bien sobre sí mismos: Una sonrisa puede iluminar un cuarto. La música mejora un ánimo decaído. Una llamada telefónica a la abuela despierta alegría. Una foto hace que alguien se sienta recordado. Una golosina compartida invita a la amistad. Una invitación para unirse a un juego de fútbol disipa la soledad. Las posibilidades de crear bondad en este mundo son infinitas.

2. Enfócate en los esfuerzos y en los logros

En lugar de alabar de forma excesiva, deberíamos enfocar nuestros esfuerzos en los logros reales. Demasiados padres agradecen o recompensan a sus hijos por tareas que era esperable que hicieran. Los niños quedan con la impresión de que merecen alabanza por poner el plato en la pileta, llevar su ropa sucia al lavadero o hacer su tarea. Al final, esos niños crecen creyendo que el mundo gira alrededor de ellos y que no necesitan esforzarse; que con sólo aparecer ya merecen elogios.

Darles a los niños amor, ser realista sobre sus capacidades y ayudarlos a descubrir su valor interior es el camino que forjamos como padres en nuestra lucha para criar niños exitosos. No alabando en demasía, sino apelando al espíritu singular que yace en sus almas.