Miriam es la líder femenina destacado en las porciones de la Torá que se leyeron durante las últimas semanas. Ella guio a las mujeres durante el tiempo de la esclavitud en Egipto, tal como dice el Talmud: “En esa generación, tres líderes guiaron a Israel: Moshé, Aharón y Miriam” (Talmud, Taanit, 9a).

Imaginen la fuerza necesaria para aconsejar, alentar y conducir una sociedad en un momento en que las familias eran destruidas, se establecían duros decretos en su contra, se llevaban a los esposos a campos de trabajo, los bebés varones debían ser arrojados al Nilo... No sólo que Miriam cumplió ese rol, sino que parece que fue tan exitosa elevando el espíritu de las mujeres que cuando finalmente salieron de Egipto y cruzaron el Mar de los Juncos, “Miriam… tomó el tamboril en sus manos y todas las otras mujeres la siguieron con panderetas y danzas” (Éxodo, 15:20).

¿De dónde sacaron tamboriles Miriam y todas las mujeres en mitad del desierto? ¿Acaso es posible que unos días antes, en medio de toda la locura al salir de Egipto con sus familias, cuando ni siquiera tuvieron tiempo de esperar que leudara la masa, pensaran en empacar tamboriles por las dudas que ocurrieran algunos milagros que provocaran que tuviesen ganas de bailar y cantar alabanzas a Dios?

Cuando Miriam tenía sólo seis años, manifestó este increíble rasgo de optimismo y fe, al ver más allá de la oscuridad presente hacia un futuro más brillante. El Talmud nos dice:

Cuando Amram (el padre de Miriam y de Aharón, que era el mayor Sabio de esa generación) supo que el faraón arrojaría al Nilo a todos los hijos varones, dijo: “¡Vamos a esforzarnos en vano!”. Y se separó de su esposa. Todos los hombres siguieron su ejemplo. Su hija Miriam le dijo: “Padre, tu decreto es peor que el del faraón. Él sólo decretó contra los varones, tú decretaste contra varones y mujeres. Él decreto sólo en este mundo, tú decretaste en este mundo y en el Mundo Venidero. El faraón es malvado, tal vez su decreto no llegará a concretarse; pero tú eres recto, por lo que tu decreto sin duda se cumplirá”.

Amram escuchó a su hija y volvió a reunirse con su esposa. Todos los otros hombres siguieron su ejemplo y se volvieron a unir a sus esposas (Talmud, Sotá 12b).

¡Cuánto coraje y confianza en sí misma necesita una niña pequeña para enfrentarse a su padre en un momento de oscuridad y desesperación, cuando, dadas las circunstancias, él actúa de la única manera lógica! Miriam pudo ver la imagen completa, más allá de los hechos, más allá del aquí y ahora. A pesar de la oscuridad, ella vio que había un mundo de eternidad, que había un Dios que sin ninguna duda salvaría al pueblo judío. “¡Debes tener fe, papá! ¡Hay luz al final del túnel!”

Con ese entendimiento especial, ella encontró las palabras para convencer a su padre de su perspectiva. Si hubiera escogido la alternativa más sumisa, temerosa de enfrentar a la autoridad, esperando que todo se resolviera por sí mismo, ¿cuál hubiese sido el destino de la continuidad del pueblo judío?

La conexión con la luna nueva

La primera mitzvá que el pueblo judío recibió como nación es la mitzvá de celebrar y santificar la luna nueva. “Este mes será para ustedes el inicio de los meses; será para ustedes el primero de los meses del año” (Éxodo 12:2). Esta mitzvá también expresa la necesidad de ver más allá del aquí y ahora hacia un mañana más brillante. Cuando celebramos el primer día del mes, Rosh Jodesh, la luna apenas es visible.

La razón por la cual los judíos contamos de acuerdo con el calendario lunar es porque la luna a veces está completamente a oscuras y no vemos en ella ninguna luz. Pero incluso cuando está completamente a oscuras, siempre sabemos que muy pronto volverá a iluminar. Y especialmente es así cuando celebramos Rosh Jodesh” (Rebe de Slonim, Netivot Shalom, parashat Bo).

Es interesante que las mujeres tienen una conexión especial con Rosh Jodesh. Se acostumbra a evitar ciertas labores y a celebrar una mini festividad cada Rosh Jodesh, más de lo que celebran los hombres, como una recompensa por haberse negado a contribuir sus joyas para el infame proyecto del Becerro de Oro (Midrash Pirkei deRabí Eliezer, 45).

Cuando Moshé se demoró en bajar del Monte Sinaí después de 40 días, los hombres perdieron las esperanzas y de inmediato comenzaron a buscar la forma de crear un intermediario alternativo entre Dios y ellos mismos. Sin embargo las mujeres fueron capaces de mantenerse centradas en la imagen global y ver más allá de la desesperación del momento.

La conexión con Tu BiShvat

Y así llegamos a Tu BiShvat, la festividad de los árboles. El 15 de Shvat celebramos los frutos y los árboles en un momento en el que no se ven frutos ni flores. Los árboles están cubiertos de helada (y a menudo también de nieve), los días son cortos, las noches largas, reinan la oscuridad y la desesperanza. Sin embargo, si miramos más allá de la superficie, sabemos que dentro del árbol comienza a viajar la savia, preparando al árbol para el florecimiento que tendrá lugar en la primavera.

La festividad de los árboles la celebramos a través de este entendimiento de que habrá un crecimiento en el futuro, que ese potencial eventualmente llegará a concretarse.

Esto es lo que se llama biná, la capacidad especial de entendimiento que caracteriza a las mujeres.

Nosotras podemos ver más allá de los hechos y de la realidad superficial; podemos ver el potencial y esperar un futuro mejor. Adoptar un rol de liderazgo significa actuar siguiendo esta visión, afectar cambios en nuestras comunidades y en nuestra sociedad influyendo sobre las personas que nos rodean para que tengan las mismas esperanzas y optimismo, y nos ayuden a concretar ese potencial dormido que hay dentro de cada ser humano.